El momento más inadecuado para los juegos políticos de sillas
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El momento más inadecuado para los juegos políticos de sillas

Alfonso Fernández Mañueco y Luis Tudanca. Fotos: Ical

Las fricciones por los procesos internos de los partidos tensan la vida política y alimentan el enfrentamiento en un momento delicado. 

Este 2021 es año de elecciones internas en los principales partidos en Castilla y León, el proceso en el que aquellos que tienen algo que decir en los resortes del poder institucional dirimen sus cuitas de puertas adentro en una primera ronda, más encarnizada si cabe, de lo que serán los procesos electorales. Todos los implicados se juegan mucho, hay nervios, se nota y nadie lo niega. Sería inútil porque la presión orgánica ya ha desbordado y está a la vista de todos. El juego político de sillas está en marcha y no podría ser más inoportuno.

 

El ruido en torno a PP, PSOE y Ciudadanos, principales actores políticos de Castilla y León, se ha incrementado en los últimos días como prueba evidente de lo que estamos hablando. Por si la moción de censura de los socialistas y el 'ruido de sables' en torno al PP de Fernández Mañueco no fueran suficientes, también ha entrado en juego Ciudadanos que tendrá que soportar presiones y hacer equilibrios con su posición en el Gobierno regional y su futuro electoral a medio plazo.

 

Lo primero, la moción de censura que el PSOE ha anunciado, y para la que recaba apoyos. Es perfectamente lícita. Si los socialistas creen que la gestión del bipartito regional no es la correcta, deben ir adelante y presentarla. Y serán los nervios o discrepancias negadas una y otra vez, pero las recientes decisiones del Ejecutivo regional sobre la pandemia han alimentado la moción.

 

Esta vía es una opción ulterior a la de simple oposición pero su uso debe hacerse también con responsabilidad: no puede ser un vacuo castillo de fuegos artificiales, no son tiempos para ello. No ahora, en plena pandemia, y eso parece que Luis Tudanca lo tienen claro, que esperará al momento propicio. Cuando llegue, estará obligado a presentarla a riesgo de confirmar lo que le recriminan sus detractores, que era un recurso para reforzarse de cara a procesos internos que le afectan, porque el burgalés tiene que renovar pronto su liderazgo regional, aunque no parece en cuestión.

 

Por ahora, las cuentas no le cuadran para esta moción de censura, al menos, no a tenor de las manifestaciones de Cs. Su presidenta, Inés Arrimadas, ni se lo plantea, pero hábilmente ha anunciado una visita a Castilla y León para hablar con las dos caras del gobierno regional, Mañueco e Igea, claramente institucional la primera y más ¿de cortesía? la segunda. ¿Momento de renegociar condiciones? No parece que Arrimadas se plantee dejar caer un gobierno (no le sobra poder institucional), por descontado Igea tampoco... Su afinidad es reducida, pero parece que su interés compartido por gobernar aquí y ahora es mayor que el interés por las intrigas. Mientras tanto, los partidarios de la moción de censura intentan descubir si existen o no fisuras en ese doble alma gobierno/grupo político con la que navega Cs en Castilla y León: con tres de doce, basta.

 

El PP también está inmerso en un proceso congresual que llega en un momento especialmente delicado de su particular travesía del desierto. Las derrotas alimentan las dudas sobre los liderazgos y, como era previsible, el desastroso resultado en Cataluña, comunidad de la que prácticamente ha desaparecido y donde se ha visto atropellado por Vox, ha tenido ese efecto. No es casualidad que las dudas sobre Pablo Casado hayan reaparecido tras este nuevo suspenso electoral, de hecho, era lo previsible.

 

En ese proceso de encontrarse a sí mismo, los fracasos en las urnas crean inquietud y dudas porque de cómo marchen las cosas en Génova acaba dependiendo en buena medida el destino de cada territorio: un partido fuerte a nivel nacional facilita mucho las cosas a la hora de lograr poder local. El problema de Casado es que carece de la fortaleza que sí dan las victorias y por eso su posición al frente de los 'populares' está cuestionada de manera permanente: no es que le quieran mover la silla, es que no está bien sentado en ella y descabalgarle no sólo es una tentación, sino una opción... porque se puede caer cualquier día.

 

Este es el contexto en el que se pueden enmarcar los escarceos internos. En el caso de Alfonso Fernández Mañueco, parece que, si no moverle la silla, si hay quien está dispuesto a intentar que no le sea tan cómoda a nivel orgánico. El salmantino es indiscutible en el PP de la Comunidad, lidera uno de los aparatos con más fuelle electoral, gobierna Castilla y León y se asoma sin complejos a las 'ventanas' que le dan proyección nacional. Para Génova puede ser desde una amenaza (aunque sea larvada) a un serio competidor así que, ¿qué menos que tentar sus fuerzas y contenerlas, por lo que pueda ocurrir? Parece que el objetivo es limitar su poder orgánico forzándole a sacrificar algunos de sus peones: ya se intentó... sin éxito, por cierto.

 

El problema de unos y otros es que las diferentes visiones del liderazgo, del proyecto y de lo que tienen que ser los partidos hegemónicos, los llamados partidos de gobierno, sobrevuelan en esta media parte de la legislatura. Los devenires de su vida interna, lógicos en toda organización, se trasladan irremediablemente al ámbito de las instituciones donde gobiernan, con la amenaza de la inestabilidad como más temible consecuencia. A ninguna de todas las facciones y sentimientos parece importarle demasiado que la gestión pública se vea salpicada en un momento especialmente delicado. Y eso acaba dejando, una vez más, la sensación de que para los partidos hay pocas cosas más importantes que ellos mismos.