El 'libro de instrucciones' de la Navidad: lo que no debemos olvidar
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El 'libro de instrucciones' de la Navidad: lo que no debemos olvidar

Castilla y León necesita unas reglas claras, comunes a toda España, para saber qué nos estamos jugando y cómo debemos comportarnos en las fiestas que se avecinan.

La semana que arranca este lunes va a ser decisiva en el devenir de la pandemia del coronavirus en Castilla y León y en toda España. El gobierno de la Junta inicia sus reuniones con los sanitarios y con los sectores afectados por el cierre de hostelería, centros comerciales e instalaciones deportivas, contactos que no se auguran sencillos por lo ocurrido en las últimas semanas. La comunidad afronta una nueva semana de restricciones a la actividad con un ojo puesto en la economía y otro en la evolución de los contagios y de la presión hospitalaria, a la baja los primeros pero críticos los segundos por la alta ocupación global. Pero si por algo se espera esta semana es por una cosa: por las medidas para la Navidad.

 

El miércoles está previsto que las comunidades, también Castilla y León, se vean las caras con el Ministerio de Sanidad para fijar un catálogo común de medidas para celebrar las fiestas navideñas. Estas 'reglas' deben marcar cómo, cuándo y qué se puede hacer en estas celebraciones en materia de desplazamientos, horarios y participación en las reuniones familiares, sociales y laborales propias de la época. Está claro que no serán como todos los años y que hay que despedirse de las grandes aglomeraciones festivas, de los actos con multitud de participantes y de todo aquello que suponga descontrol. Pero lo importante es que las reglas sean lo más iguales que sea posible para todo el territorio nacional, y parece que así será.

 

Hasta ahora, hemos asistido a múltiples maneras de afrontar la desescalada, el verano, la movilidad, la hostelería y la actividad, y así nos ha ido: el mapa de los contagios y las muertes de la segunda ola es un laberinto que ha costado entender (ahí está la variedad de confinamientos con territorios totalmente cerrados y otros totalmente abiertos) y del que lo peor es que nos va a costar salir. Ha llegado la hora de las medidas claras y homogéneas, por ejemplo, como las de la educación: no es casualidad que esta actividad se haya guiado por un 'libro' muy parecido en todas partes y esté blindada de contagios.

 

La receta del éxito parte de la coordinación estatal para fijar unas pautas, sigue con el diálogo, con el trabajo del sector implicado y termina con la responsabilidad de todos los actuantes, de familias y alumnos a docentes. Esta es la línea a seguir, la de las medidas comunes (mejor sin son bien pensadas), consensuadas y asumidas con responsabilidad. Lo conseguido con las aulas se puede repetir en otros sectores, pero para eso hace falta un buen punto de partida.

 

De momento, parece que el 'libro de instrucciones' de la Navidad (y del puente de diciembre) va a ser el mismo para todos, aunque haya quien ha querido adelantarse. Esa unidad de acción es imprescindible para unas celebraciones que, como el virus, no saben de fronteras autonómicas y que llevan a muchos de un lado al otro del país: si no se afronta con reglas claras y sensatas, mal vamos, porque va a ser imposible cumplirlas. Y eso no nos lo podemos permitir. Así que el libro tiene que ser el mejor posible.

 

La clave para conseguir unas reglas eficaces debe ser la unidad de criterio, y por eso es preciso no olvidarnos de nada ni de nadie, de la salud a la economía. Nos estamos jugando la vida (propia y ajena), lo queramos asumir o no, y por eso debemos ejercer la responsabilidad: hay que respetar las medidas de seguridad, higiene y distancia con rigor por mucho que nos pese. Y habrá que respetarlas sean las que sean, y todo apunta a que serán estrictas hasta el punto de que esta será una Navidad que no lo parecerá.

 

Si se nos olvida respetar las reglas de las fiestas de diciembre, es probable que el virus nos devuelva el favor con una tercera ola de contagios: puede que en ella esté nuestro padre o nuestro abuelo. Si se nos olvida respetar aforos habrá más cierre de hostelería: puede que acabemos hundiendo a ese restaurante al que fuimos a celebrar nuestra comida o cena de Navidad. Si se nos olvida comportarnos acabaremos en un Hospital, donde nuestros héroes de la primera ola (y de la segunda) están al límite: puede que muchos terminen infectados o derrotados física y mentalmente por nuestra irreponsabilidad. Así que estas navidades hay que pensarlas muy bien: si no lo hacemos por nosotros, que lo hagamos por los que lo van a sufrir.