El jeroglífico perverso de la factura energética
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El jeroglífico perverso de la factura energética

Una torreta eléctrica y el embalse de Ricobayo, vacío.

El suministro energético es un producto de primera necesidad y un sector estratégico y es totalmente imprescindible que España cuente con un mercado energético claro, lógico, entendible por todos.

Vaciar un embalse en pleno verano y que la factura de la luz suba como la espuma. Esta es la situación casi propia de los Hermanos Marx que se ha vivido en las últimas semanas, en la que hay muchas cosas que no cuadran. La imagen de Ricobayo con un hilo de agua y las gráficas imparables del precio de la luz son el culmen del enorme problema que tiene España con su gestión energética, una cuestión estratégica en la que, sin embargo, todo parece ser ajeno a la lógica.

 

Lo ocurrido en pleno verano de 2021 con la producción y precios de la energía refuerza la sensación de que no existe forma de explicar ni parcialmente cómo funciona el proceso energético, y eso es peligroso. Un país como España, sus ciudadanos, sus consumidores, sus empresas y negocios, no pueden permitirse que un asunto tan importante se comporte de manera tan misteriosa, tan aparentemente ininteligible, tan fuera de nuestro control. Y no podemos permitirlo porque nos sale muy caro a final de mes.

 

A base de telediario ya somos conscientes de que la energía, un asunto vital, está por las nubes, ahora falta saber por qué. Hace tiempo que nos dimos cuenta que casi nadie entiende el recibo de la luz que llega cada mes, a pesar de que es uno de los principales costes de los hogares. Pero es que el funcionamiento del mercado y el sector energético es otro jeroglífico perverso en el que ahora nos iniciamos y que, como la factura mensual, nadie parece estar en condiciones de explicar.

 

Tras varios récords consecutivos de cotiazación, la factura media de la luz amenaza con llegar en agosto a los 100 euros, una barbaridad. El precio del gas ha arrastrado a las demás por el funcionamiento del llamado 'pool', el mercado al que empresas productoras y distribuidoras acuden para 'comprar' energía, con un detalle: en España unas y otras son fundamentalmente las mismas porque cuatro compañías controlan la producción y también son dominantes en la facturación a los consumidores. Cosas del primer elemento que no cuadra: una reforma energética que tenía que haber reforzado la competencia, y los bajos precios, y que no lo ha hecho.

 

Tampoco cuadra que la subida repentina de precios de la energía golpee antes y con más fuerza a los titulares de la tarifa más básica, la que tienen 10 millones de usuarios, supuestamente protegida de estos vaivenes... pero que está tan expuesta o más que el resto, a los que también llegará la subida.

 

Tampoco se entiende muy bien que dejar casi sin agua un pantano de 1.145 hm³ con el objetivo declarado de frenar el aumento de los precios energéticos no haya servido para frenar una escalada de la factura que amenaza con salirse de la tabla. Alguien tendrá que explicar por qué producir energía con centrales hidroeléctricas y con el apoyo de las renovables y otras energías baratas se ha notado tan poco (o no se nota más). Una clave, que también tiene que ver con las reglas que se marcaron en el mercado energético: todas las energías que van al mercado se pagan al mismo precio que la más cara. Resultado, beneficios por generar a precio de gas turbinando el agua de los embalses, un proceso de muy bajo coste. Que además se cobren derechos por no contaminar y eso encarezca también el recibo es otro misterio.

 

En este punto, volvemos a Castilla y León, rica en producción energética limpia. Resulta difícil entender que hacer funcionar esas centrales de la cuenca del Duero sea perfectamente posible a partir de concesiones con décadas de antigüedad (algunas caducadas o a punto) y muy ajenas, por ser contratos antediluvianos, a los conceptos de daño ambiental que manejamos ahora. Imposible entender, a pie de territorio, que una potencia en generación eléctrica como es Zamora reciba a cambio un embalse vacío que no deja margen a los usos lúdicos y turísticos que generan una riqueza importante.

 

En la relación entre el ciudadanos y la gestión energética hay muchas cosas que no cuadran. Y no es cuestión de señalar culpables, porque las empresas eléctricas también reclaman un escenario mucho más claro que el actual. El suministro energético es un producto de primera necesidad y un sector estratégico y es totalmente imprescindible que España cuente con un mercado energético claro, lógico, entendible por todos y que permita sacar todo el partido al potencial que tenemos, en el que exista la competencia real, que proteja a los consumidores y que mire un poco más al servicio y un poco menos a los beneficios. No es tan difícil: vuelve a faltar, una vez más, la voluntad política adecuada.