El inadmisible síndrome del Congreso intoxica las Cortes
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El inadmisible síndrome del Congreso intoxica las Cortes

La procuradora socialista Ana Sánchez, saliendo del hemiciclo de las Cortes de Castilla y León. Foto: Ical

Ya no hay duda: la moción de censura sigue tensando la actualidad política de Castilla y León y los ánimos de quienes la protagonizan. Y lo que es peor, amenaza con hacerlo durante lo que queda de legislatura porque parece que la crispación está aquí para quedarse y esa es una noticia nefasta para gobierno, procuradores, partidos y, lo que más importa, los sufridos ciudadanos. Fallida en cuanto a resultados, nadie puede negar que ha la cuestión ha enrarecido el ambiente político e institucional, veremos hasta qué punto.

 

La realidad es que la legislatura nació áspera en Castilla y León, pero nunca pensamos que fuera a llegar a tanto. El PSOE no encajó bien ganar las elecciones y no gobernar, eso es un hecho, aunque se contaba con que las aguas acabaran volviendo a su cauce. No obstante, había que contar con la influencia del revuelto panorama político nacional que ha acabado por trasladarse a la comunidad para desgracia de todos los implicados. La capacidad de las sedes nacionales para intoxicarlo todo con el síndrome del Congreso ha llegado a las Cortes.

 

De ello la citada moción de censura es el ejemplo más claro. El movimiento, enmarcado dentro de una estrategia nacional fallida, se ha llevado por delante la mayoría parlamentaria regional, amenaza la estabilidad de la tarea de gobierno y ha dejado mermadas al máximo las reservas de decencia de la política en nuestro territorio, arrasado como está en cierto prestigio o consideración que los políticos tuvieron una vez entre la sociedad. Un sólo movimiento ha servido para confirmar que, aquí también, la política se empeña en ir por sus propios derroteros a riesgo de confirmar que, aparentemente, lo que pasa en el mundo real importa poco.

 

El circo del último pleno de Cortes es la viva imagen de lo que es la política actual y la confirmación de que lo que vemos desde hace años en el Congreso se puede producir también en el pleno regional: nunca un debate del hemiciclo regional se ha parecido tanto a los que vemos en Madrid con diputados que patalean, se insultan, cortan las intervenciones y se encastillan en la dialéctica del 'y tú más' y las odiosas tácticas de partido.

 

Lo que ocurrió en la última sesión de pleno es inadmisible, sin más. Todos los que tuvieron algún papel en lo ocurrido deberían estar avergonzados y reconsiderar seriamente sus actos. Se equivocó la consejera de Sanidad, Verónica Casado, porque un responsable político no puede recomendar antidepresivos a parlamentarios de otro signo, pero en su caso mucho menos como médico. La bronca permanente en la que se han instalado muchos parlamentarios socialistas no es excusa:  nos negamos a pensar que lo peor de la política nos pueda arrebatar a la mejor médico del mundo.

 

Tampoco acertó Ana Sánchez. La zamorana es vehemente, pero de ahí a la desconsideración hay mucho trecho, ella ha misma ha demostrado durante años que conoce la diferencia, y lo que hizo con el presidente de la cámara la deja en muy mal lugar. No hay crispación que lo justifique, tampoco la salida en bloque de todo un grupo parlamentario. Es hora de que todos reflexionen sobre lo ocurrido porque la tendencia es preocupante y amenaza con hundir (todavía más) en el fango