El error técnico y moral de que las cifras de muertos por coronavirus no cuadren
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El error técnico y moral de que las cifras de muertos por coronavirus no cuadren

Las sonoras discrepancias entre las cifras oficiales tienen una justificación, pero ha faltado acierto y capacidad para explicarlo y la polémica deja, otra vez, malas sensaciones.

La gestión de la crisis sanitaria del coronavirus ha estado plagada de bandazos y giros, hasta el punto de convertirse en una sucesión de improvisaciones a la que ha seguido una colección de correcciones en un gigantesco ejercicio de prueba/error. Cierto es, y nadie lo niega, que todos somos absolutamente nuevos en cuanto a gestión de pandemias. Y que ha habido que aprender muchas cosas sobre la marcha, también a contar los muertos. Una lección en la que han vuelto a sobrar las decisiones poco meditadas.

 

La pandemia y su extraordinaria capacidad de matar nos ha demostrado que los métodos habituales requieren de su tiempo. Los registros civiles se han visto desbordados por la avalancha de muertos en pocos días, hasta colapsar sus correos electrónicos allá por comienzos de abril, cuando hospitales, morgues y residencias estaban pasando el golpe más duro. Muchas víctimas han sido enterradas o incineradas sin la certeza absoluta de la causa final de su muerte, Covid o no Covid, y ya será imposible incluirlos en una contabilidad histórica exacta. Y algo parecido pasó con las residencias, donde a día de hoy tampoco sabemos con certeza cuántas de las víctimas hay que apuntar en esta casilla. Lo único que parece 'controlado' son las muertes en hospitales. Insuficiente: a estas alturas parece que nunca podremos saber cuánto mató el coronavirus. Pero no es excusa para el desbarajuste que ha montado el Gobierno con los datos más sensibles: los de los muertos.

 

Explicaciones hay muchas, pero ninguna responde a la gran pregunta que se hace la opinión pública: ¿por qué no coinciden las cifras que ofrece el Ministerio y las que dan las comunidades, entre ellas Castilla y León? Que algo tan básico no concuerde no solo hace inútil cualquier justificación técnica, sino que además acaba sonando a ocultación y es aquí donde entra en juego el delicado asunto de los fallecidos.

 

El vicepresidente de la Junta, Francisco Igea, y la consejera de Sanidad, Verónica Casado, han sido muy gráficos en este asunto. La consejera fue la primera a comienzos de la semana pasada en llamar la atención sobre la falta de coherencia entre las cifras ministeriales y las de Castilla y León: lo que comunica el ministerio y lo que anuncia cada día la Junta no casan.

 

El baile es tremendo 'gracias' al último 'invento' de hacer dos cuentas diferentes, 24 últimas horas y última semana. Y a una revisión del histórico de lo comunicado hasta ahora. El caos de cifras 'canta'. Tanto, que un día el Gobierno central dice que no hay muertos en España cuando Castilla y León, por desgracia, todavía tiene que comunicar fallecimientos. ¿Cuál es el dato correcto? ¿Alguien miente?

 

Pues con la explicación técnica sobre la mesa, se diría que nadie, pero alguien no ha hecho las cosas bien. El Gobierno está centrado ahora en detectar nuevos casos para frenar una expansión y son esos datos los que se privilegian.  Por eso se dan cifras de confirmados con síntomas a una semana y a dos vista. 

 

Pero se siguen dando las de fallecidos y el estreno del sistema el 25 de mayo coincidió con la 'desaparición' de 2.000 fallecidos, en teoría, porque eran casos repetidos por comunicaciones erróneas. Es decir, que la lista se ha depurado. Al final, durante unos días ha habido discordancia entre lo que recogía el ministerio y lo que daban las comunidades, que tenían que habituarse a un sistema de conteo más complicado y a la revisión de lo enviado hasta ahora, y eso ha generado un importante caos. Esto es lo que está ocurriendo, pero no deja de ser un drama que todo un Gobierno no logre que cuadre algo tan importante.

 

Un drama técnico y político porque ni siquiera esto funciona correctamente en la gestión de la pandemia. Las cifras oficiales no casan, ni entre Gobierno y autonomías, que los recogen, ni con los que el INE o el MoMo han ofrecido también. La clave es que ninguna es definitiva. Podemos entender que con el nuevo sistema ha tenido que ajustarse y que se centre en los nuevos casos, pero ¿cómo es posible que algunos 'contadores' de muertos se hayan congelado durante días? ¿Por qué no se ha explicado bien que el dato que se da como cierto a los medios cada día es provisional y está ahora mismo en una profunda revisión y discusión? Si la cifra iba a tener desviaciones durante unos días, se tenía que haber hecho un gran esfuerzo por que se entendiera porque el asunto es tan delicado como decir que ayer Castilla y León no tuvo muertos a quienes han llorado pérdidas, como bien puntualizó el vicepresidente Igea.

 

Seguramente, la cifra de la discordia acabe cuadrando. Será, como ha ocurrido con las cifras de registro, cuando se validen los datos de los peores momentos. Y, seguro, entonces habrá coincidencia al menos parcial, porque va a ser muy difícil que acabemos sabiendo con exactitud cuánta muerte ha provocado esta crisis. Pero estas son las cifras que más 'duelen' y como con otras polémicas como la de la atención a los mayores, ha faltado sensibilidad y claridad. Ha faltado acierto a la hora de elegir el momento de cambiar de criterio de contabilidad, y el sistema. Ha faltado esfuerzo a la hora de explicar por qué un muerto en León no aparece en las cuentas de Madrid. Y ha faltado oportunidad para comunicarlo. Y eso deja un gran desasosiego.