Cuando Curro Romero montaba en bicicleta

José María Jiménez Sastre. (Foto: @JoseMariaJimenezElChava)

En el 16º aniversario de su fallecimiento, recordamos la figura de uno de los mejores escaladores ciclistas del país, ‘Chava’ Jiménez

 

En un puente de la Constitución de hace dieciséis años nos dejaba José María Jiménez Sastre, ‘El Chava’. Un ciclista abulense único e irrepetible nacido en la localidad de El Barraco, tierra de grandes deportistas.  Han pasado algunos años desde que se fue, pero en la memoria de todos los amantes del deporte y concretamente del ciclismo siempre habrá un hueco para recordar a un corredor especial, uno de esos pocos ciclistas que daba espectáculo, que arriesgaba y que corría para el deleite de la gente que le apoyaba y le admiraba.

 

Hoy en día ese tipo de corredores dentro del mundo del ciclismo están desapareciendo. Hemos disfrutado y vibrado en la última década de profesionales españoles descomunales de la talla de Alberto Contador , Alejandro Valverde o "Purito" Rodríguez, pero ese tipo de ciclista imprevisible, anárquico, valiente y atrevido que se aleja de estrategias cada vez es menos frecuente en el pelotón.

 

De todos ellos podemos decir que son líderes en sus respectivos equipos, en cambio ‘Chava’ Jiménez nunca fue el líder del equipo Banesto. Siempre fue un ciclista currante y a la sombra de campeonísimos como Miguel Indurain o Abraham Olano. Algo que a él no le importaba porque sabía que el aficionado le quería, le respetaba y le admiraba.

 

Sus grandes gestas, casi siempre en etapas de montaña como gran escalador que era, propiciaban que los aficionados españoles se reunieran en los bares para tomar café y comentar las etapas de las grandes citas ciclistas (Tour de Francia y Vuelta a España). Una costumbre que desgraciadamente ya se ha perdido. Tenía tanta importancia saber si "Chava" iba a atacar aquella tarde, que lo que hiciera el líder de la prueba en la general pasaba casi desapercibido. La gente se reunía sólo para verle a él.

 

Decepcionó en el Tour, quizá un poco por desinterés pero la Vuelta a España era su torneo fetiche. Era la cita que tenía marcada en rojo en el calendario y donde él se sentía más cómodo. Sobre todo en las etapas donde había un puerto de montaña, pues su gran facilidad para escalar siempre ha sido su gran virtud. Nueve etapas ganó Jiménez en la Vuelta y hasta en 4 ocasiones fue el rey de la montaña. La primera de ellas, y la única que no conquistó en alto, fue en el año 1997 en la localidad segoviana de Los Ángeles de San Rafael, donde Jesús Gil le enfundó una camiseta del Atlético de Madrid en una mítica imagen que ya forma parte de la historia.

 

En ese mismo año donde se proclamó campeón de España de ciclismo en ruta. Luego ganó cuatro en 1998 quedando tercero en el podio. En 1999 tuvo el privilegio de ser el primer corredor que se alzó con la victoria en la cima del terrible Angliru asturiano, y se llevó otras tres en 2001, las últimas de su vida: la Cruz de la Demanda, Pal y la cronoescalada a Ordino.

 

Precisamente fue aquella subida al Angliru su gesta más espectacular. Sucedió en una tarde de domingo de hace 17 años, cuando el atrevido corredor barraqueño a falta de 1 kilómetro dio caza y arrebató la cima del puerto al corredor ruso del equipo Mapei ,Pavel Tonkov, ante una climatología muy adversa. El frio y la lluvia hicieron acto de presencia, con lo que el asfalto de la carretera no estaba en las mejores condiciones, sino más bien resbaladizo.

 

José María Jiménez Sastre, artista sin igual de la bicicleta, se empeñó en estrenar el palmarés del ya famoso puerto asturiano, pero por encima de todo se encargó de enamorar aún más los corazones de una gran legión de seguidores en un deporte tan sacrificado como lo es el ciclismo. 

 

Sin embargo no toda la afición española estaba con él, como todo gran genio tenía sus admiradores y sus detractores que se acusaban de poca ambición y cabeza. Apodado el ‘Curro Romero’ de la bicicleta, nos acostumbraba a grandes gestas y también a ‘petardazos’. Quizá fue esa falta de ambición lo que le privó de haber ganado algún torneo grande, dadas las fabulosas cualidades físicas que atesoraba. Algo que a él nunca le preocupó porque disfrutó de este deporte de la misma manera que concebía la vida.

 

Del Chava Jiménez siempre nos quedarán sus gestas y su carisma, algo poco común en los ciclistas de hoy en día, en un deporte cada vez más sujeto por las estrategias de equipo y porque cada vez se arriesga menos en las etapas, como si el deporte del ciclismo fuera una mera partida de ajedrez.

 

Un 6 de diciembre de 2003, uno de los ciclistas más carismáticos de los últimos tiempos fallecía a los 32 años en la clínica San Miguel de Madrid, donde se recuperaba de una depresión. Pero siempre nos quedará el recuerdo de aquellas tardes de gestas y espectáculo de un ciclista humilde, cercano y valiente. Porque el Chava corre siempre.