¿Cuál es el dolor que más duele? Así lo percibe el cuerpo

En general el dolor, y especialmente el dolor agudo, está en la naturaleza para informarnos o prevenirnos de un peligro. Ese peligro puede ser externo, como una quemadura, un golpe, una agresión, o puede ser el resultado de un daño producido por una enfermedad o por la ingesta de sustancias en mal estado, entre otros aspectos.

La pregunta que muchas veces nos hacemos es si tendremos más dolor del que ya hemos padecido. Conocer cuál es el dolor que más duele no es fácil puesto que éste siempre es subjetivo, por lo que las clasificaciones de mayor a menor doloroso son muy relativas.

 

Su prevalencia es tal, que es la primera causa de consulta y de acceso al sistema sanitario. En general el dolor, y especialmente el dolor agudo, está en la naturaleza para informarnos o prevenirnos de un peligro. Ese peligro puede ser externo, como una quemadura, un golpe, una agresión, o puede ser el resultado de un daño producido por una enfermedad (cáncer, infección, por ejemplo), o por la ingesta de sustancias en mal estado, entre otros aspectos.

 

"Sólo cada uno de nosotros somos capaces de juzgar el grado de afectación que nos produce un dolor: El dolor es subjetivo", afirma en una entrevista con Infosalus el doctor Alfonso Carregal, miembro de la junta directiva de la Sociedad Española del Dolor y del grupo de trabajo de Dolor Oncológico.

 

En ese sentido, el especialista indica la interpretación del dolor "en su forma más compleja y refinada" se produce en las estructuras cerebrales más desarrolladas del ser humano: la corteza sensitiva, estructuras cerebrales relacionadas con las emociones (sistema límbico), con la memoria y con la planificación y expectativas.

 

"El proceso de señalización comienza en el lugar de la lesión, pero la interpretación y cómo lo experimentamos y lo que hacemos o dejamos de hacer por causa del dolor, viene determinado por la aportación conjunta de todas esas estructuras que he mencionado. Por ello, el dolor es subjetivo.

 

El hecho de que pueda dejar memoria en nuestro cerebro explica que nos pueda doler una pierna, aun cuando ésta ya no exista físicamente (dolor en miembro fantasma). Nuestro cerebro tiene la facultad, según las circunstancias, de poder magnificar una sensación de dolor o de llegar a hacerlo desaparecer (golpes en la práctica deportiva, heridas en un combate, por ejemplo)", indica el doctor Carregal.

 

UNO DE CADA SEIS ESPAÑOLES TIENE DOLOR CRÓNICO

 

 A su juicio, habría que diferenciar entre dolores agudos y dolores crónicos. Según precisa el especialista del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo el dolor agudo es aquel que todos experimentamos de forma habitual cuando algo nos causa daño y sirve para avisarnos y protegernos de algún peligro. Suele ser proporcional al daño. Responde bien a los medicamentos y suele resolverse en poco tiempo.

 

"Ejemplos serían una quemadura al cocinar o una patada al realizar una actividad deportiva. Aquellos que podrían indicar enfermedad serían los cólicos de riñón, un dolor de cabeza,  un dolor en el pecho por enfermedad del corazón o pulmón, entre otros. Dentro de los dolores agudos quizás los más famosos por su intensidad serían los cólicos de riñón, el del parto, las hernias discales, algunos dolores de dientes, ciertas fracturas, o las cefaleas, por ejemplo", añade.

 

Mientras, señala que el dolor crónico "es harina de otro costal" y suele desconcertar a muchos pacientes y a muchos médicos que no saben o no están acostumbrados a su manejo e interpretación. Se estima que uno de cada seis españoles lo padecen. Por definición es una enfermedad en sí misma, subraya, y ya no indica necesariamente un daño o una lesión para el paciente.

 

"No suele identificarse en el momento de la exploración una causa clara actual para ese dolor, responde mal a los tratamientos, y además produce impacto negativo sobre la psicología y calidad de vida del paciente. Puede doler una parte que ya no se tiene, como una pierna amputada (dolor en miembro fantasma)", explica el especialista en dolor.

 

POR QUÉ NO SE PUEDE CUANTIFICAR EL DOLOR

 

Finalmente, el doctor Carregal hace hincapié en que la dificultad de expresar la intensidad del dolor radica en diferentes aspectos:

 

1. Es subjetivo y solo la persona que lo padece sabe lo que le puede llegar a afectar. No existe ninguna máquina o prueba objetiva que permita medir el dolor. Expresar el grado de dolor puede ser tan fácil o difícil como expresar el grado de amor, odio, felicidad, etc.

 

2. Depende del nivel cultural de una persona y de su capacidad expresiva. Incluso en personas con buen nivel cultural y buena capacidad de comunicación, es frecuente oír decir: "Es que mi dolor es tan raro que no se si me explico bien o me entiende".

 

3. Depende del nivel de estrés emocional y físico, de tal forma que una persona en un momento de "debilidad" pueda desmoronarse por un dolor que normalmente no le afecta en exceso y en otras ocasiones, si se encuentra "más fuerte", puede soportar mejor ese mismo dolor o quizás otro más intenso.

 

4. El contexto cultural puede presionar: si dicen "el dolor del parto hay que aceptarlo" esta presión hace que mucha gente no pueda o no quiera verbalizar su vivencia.