Conferencia de presidentes: el momento de que sea útil
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Conferencia de presidentes: el momento de que sea útil

Presidentes autonómicos en una conferencia sectorial. Foto: EP

La cumbre de presidentes tiene que ser un instrumento operativo y de máxima cooperación. La ocasión lo requiere: fondos europeos, recuperación, despoblación o vacunas están sobre la mesa.

La Conferencia de Presidentes se presenta como una oportunidad única para que la clase política actual demuestre que es capaz de hacer las cosas con responsabilidad, pero hay muchas probabilidades de que los ciudadanos nos llevemos una nueva decepción, otra más, con unos dirigentes que, en general, cada vez parecen más incapaces de abandonar el partidismo y gobernar sin sesgos. La experiencia de la pandemia del Covid hace albergar pocas esperanzas de que un órgano en el que las autonomías y la administración central deberían entenderse y coordinarse sirva para lo que se se puede esperar del mismo. El motivo es simple: no se ha hecho ni durante la terrible crisis que nos azota desde hace año y medio.

 

La ocasión, sin duda, lo merece. La sede de la cita, Salamanca, tiene amplia experiencia en este tipo de reuniones multilaterales y, por desgracia, son pocas las que sirven para sacar cosas en claro, pero es que el momento es crucial. Otras cumbres similares se resuelven con declaraciones institucionales, proyecciones a futuro sobre líneas estratégicas que no no suele tener su traducción en proyectos reales. Es lo habitual en encuentros, especialmente los bilaterales, y entre estados. Que estas reuniones se queden en fotos y parabines es lo habitual, y hasta lo disculpamos. Pero esta cita es, debe ser, diferente: necesitamos que funcione.

 

Ya hemos visto en la gestión de la pandemia que las administraciones regionales y la central no están ni precisamente bien avenidas, ni mucho menos bien coordinadas. Tras unos primeros meses de lealtad y unidad, impulsados por una situación terrible y totalmente desconocida, se pasó a la habitual guerra de guerrillas. Gobierno y comunidades han jugado a reclamar lo que no tenían y a rechazarse mutuamente, buscándose las vueltas en vez de cooperar. Rara vez se ha trabajado de manera conjunta, y no ha durado mucho. Ya ni sorprende, pero todo esto no sería un problema si cumpliesen con su máxima obligación: mirar por el interés de los ciudadanos.

 

La convocatoria de esta conferencia de presidentes ha seguido la misma línea y, hoy por hoy, no podemos esperar mucho de ella. Puede que nunca haya sido un dechado de eficacia, pero es que la situación no tiene precedente histórico y no hay excusa: da igual si ha sido una reunión sin contenido durante años porque nunca habíamos necesitado tanto entendernos. A pesar de ello, se ha convocado con un escueto mail y sin orden del día, como han denunciado varias comunidades, y el Gobierno se ha apresurado a elaborar una lista de asuntos. Insuficiente, porque este tipo de reuniones precisan de encuentros preparativos previos, equipos de trabajo y documentos avanzados, es decir, trabajo. Sólo así son operativas.

 

Veremos con qué documentación llega el Gobierno a la mesa del convento de San Esteban de Salamanca el próximo viernes, pero temas hay más que de sobra. El reparto de los fondos europeos, las palancas para la recuperación, las política contra la despoblación o el impulso a la estrategia de vacunas están sobre la mesa. Y por si fuera poco no va a faltar el tema con mayúsculas de estas ocasiones, la reforma de la financiación. De todo ello hay que hablar, y por ser en Salamanca y Castilla y León, de un asunto más: un plan de promoción de España como destino de formación en nuestro idioma. Son las cuestiones por las que hay que trabajar, sin descanso y sin justificación posible; por descontado que sobran los tacticismos y las cuitas de colores políticos. Es el momento de que la Conferencia de Presidentes sea útil: España no se puede permitir otra cosa.