Cien días de infierno y un verano en libertad vigilada como oportunidad
Cyl dots mini

Cien días de infierno y un verano en libertad vigilada como oportunidad

Anuncio de Castilla y León en la Puerta del Sol de Madrid.

El turismo seguro, tranquilo y de confianza es la especialidad de Castilla y León, y pese a las limitaciones puede ser su fuerte este verano para dejar atrás un estado de alarma dañino para la comunidad.

Castilla y León despierta hoy en su primer lunes de nueva normalidad. Han tenido que pasar 100 días de travesía del desierto para llegar a una situación que no deja de ser provisional, pero que se prolongará por tiempo indefinido y a la que nos tendremos que amoldar. Las normas están ya marcadas con la orden de medidas aprobada por la Junta y que consagran que la prudencia ha sido y seguirá siendo la guía de sus actuaciones. La conclusión es que límite de aforos, distancia social y mascarillas serán la norma permanente y que más nos vale acostumbrarnos.

 

En este periplo desde el confinamiento más absoluto a la libertad vigilada, la comunidad ha sufrido un golpe histórico. Castilla y León ha sido una de las más afectadas por los efectos de la crisis sanitaria y lo ha pagado muy caro en vidas. La enfermedad se ha llevado, según el cálculo provisional, más de 2.000 vidas en hospitales y ha contagiado a más de 75.000 personas. Lo peor es que ha arrasado en las residencias de mayores, con más de 5.000 muertos. Y esto es solo el principio porque los datos de los registros civiles acabarán dando una cifra final de mortalidad que, con toda probabilidad, será aterradora.

 

Sin duda, este es el efecto más dramático de lo que hemos vivido, pero no el único. El sector primario ha demostrado su fortaleza con un comportamiento encomiable de agricultores y ganaderos, pero solo el apoyo de la Junta les ha respaldado, y la PAC que se avecina preocupa. El tejido de pymes ha notado el cerrojazo en forma de miles de ERTEs y negocios al borde del abismo. La industria más potente de la comunidad, la automoción, ha estado semanas con fábricas y concesionarios cerrados y ahora se pregunta si el plan del gobierno será suficiente para reflotar fabricación y compra. Y luego está el turismo.

 

El ocio, la restauración y la cultura, los sectores que monetizan el turismo que recibimos, han soportado estoicamente y todavía se van a tener que armar de paciencia. Son los principales damnificados de las permanentes normas de distancia e higiene, que limitan y limitarán todavía un tiempo sus aforos, sus barras e incluso sus terrazas, es decir, su cifra de negocio. Cerrados a cal y canto han acumulado pérdidas sin poder hacer nada, como el comercio, y ahora se ven constreñidos por normas que lo único que quieren es frenar el virus. Eso estrecha su margen económico y lo van a sufrir también este verano, pero quizás la situación esconde una oportunidad. Como ha comentado Igea, tras el "infierno" vivido, nos merecemos un descanso y eso puede ser el oxígeno que necesita el turismo.

 

Para el sector, la temporada de verano es siempre importante, y ahora es una tabla de salvación igual que para la comunidad. Y lo puede ser incluso con los actuales límites. Castilla y León debe vender este verano seguridad, confianza y tranquilidad, y no debe resultarle difícil: son las señas de identidad de su marca turística. ¿Qué mejor momento para vender ese turismo sin aglomeraciones del que somos primera potencia?

 

Ese turismo de calidad y tranquilo es su bandera y lo va a seguir siendo. Es incluso el leit motiv de la gigantesca lona con la que Castilla y León le dice a los madrileños, "ven". Ven porque aquí siguen la buena gastronomía, la naturaleza (sin límite de aforo), el patrimonio y la cultura, siempre los has tenido aquí y aquí van a estar. Experiencias idóneas para respetar la distancia, aunque sea a base de aforos limitados y convivir con los geles hidroalcohólicos. En este verano de libertad vigilada hay una oportunidad de consolidarse como el mejor turismo seguro. Hay que aprovecharlo.