César Antona, docente de la UCAV, recomienda no tocar la cara con las manos con conductas alternativas

Manos a la cara.

Una de sus propuestas es aplicarse crema en las yemas de los dedos para interrumpir este comportamiento.

Actualmente vivimos un periodo de incertidumbre causado por la pandemia que nos afecta y con la que tendremos que convivir durante un tiempo. El virus se ha mostrado muy contagioso y son aceptables las tres pautas principales para limitarlo: distancia social, mascarillas e higiene, fundamentalmente la referida a lavarnos las manos con agua y jabón.

 

En este contexto, César Antona, doctor y profesor del Grado en Psicología de la Universidad Católica de Ávila, ha querido reflexionar sobre una conducta que puede estar involucrada en el contagio: el hecho de llevar las manos a los ojos, boca o nariz, es decir, a la cara en general.

 

Se trata de conductas con un marcado componente automático, es decir, que la mayoría de las veces las hacemos sin ser especialmente conscientes de las mismas. Cualquier ayuda para reducir estas conductas puede ser útil para cuidarnos a nosotros mismos y también para cuidar a los demás, ha señalado Antona.

 

En palabras del profesor del Grado en Psicología, la conducta de llevarnos las manos a la cara o a alguna de sus partes puede ser difícil de manejar en determinadas circunstancias. Por ello, afirma que una forma de combatirla o de reducir este impulso está en el hecho de utilizar alguna conducta “sustitutiva”, aunque esto dependerá de cada persona y de cada circunstancia.

 

Como ejemplo expone que “si nos encontramos en casa, trabajando con nuestro ordenador o leyendo, es posible que nos llevemos las manos a alguna parte de la cara. En esta situación, solemos estar solos -y contamos con cierta privacidad-, tenemos las manos limpias y estamos sentados, con lo que las manos pueden tener cierta libertad de movimientos -la topografía de la respuesta se presta a que nos llevemos las manos a la cara-.

 

Según César Antona, una posible opción para reducir estas conductas podría ser la de aplicar crema hidratante en las manos y de forma particular en la zona de las uñas, de manera que las yemas de los dedos tengan menos crema para poder seguir sosteniendo un libro o tecleando sobre nuestro teclado. Así, al llevar inconscientemente los dedos a la cara, "el contacto de la crema con cualquier zona de la misma tenderá a interrumpir la conducta".

 

“Si aplicamos crema de forma periódica, podrá reducir el impulso y la conducta en frecuencia y duración. Podría convertirse en un nuevo hábito para minimizar tocar estas partes del cuerpo en estos tiempos de pandemia. Si es tu caso, pruébalo. Puede merecer la pena; por ti y también por los demás”, recomienda Antona.