Castilla y León: estabilidad o elecciones, una lección de coherencia
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Castilla y León: estabilidad o elecciones, una lección de coherencia

Mañueco e Igea se dirigen a la rueda de prensa para hacer un balance del ecuador de la legislatura

La política de la comunidad tiene que ser coherente con lo predicado, dejar a un lado tensiones y centrarse en la reactivación: unas elecciones no son el mejor escenario para conseguirlo.

Bajan las aguas revueltas en el gobierno regional. Algunos dirían incluso que el bipartito de PP y Cs hace aguas. La culpa, de la sanidad, una de las cuestiones más sensibles para una población como la de la comunidad, envejecida, dispersa, delicada y tradicional, que quiere médico en el pueblo y lo necesita.

 

Tras 458 días de cierre, los consultorios locales, el frente donde está la primera línea de la atención sanitaria rural, vuelven a la normalidad. Será este martes, todavía con cita previa, pero ya con opción de consulta cara a cara. Adiós al teléfono para una clientela que quiere el contacto directo con el médico. Es una vuelta a la situación anterior, pero diferente.

 

El prolongado cierre ha hecho mella donde más le duele a la clase política, en la opinión pública. La idea de que Castilla y León mantenía cerrada la sanidad rural a la espera de una oportunidad para cambiarla de arriba abajo ha calado y ha generado un gran rechazo. El denominado plan Aliste no gusta y se ha instalado un gran recelo hacia un cambio similar que alcance a todo el territorio. La prestación sanitaria esté en un momento crucial y son imprescindibles cambios que la garanticen por encima de un sistema que, como está, presenta grandes debilidades e inconvenientes.

 

El gobierno regional, primero de conveniencia y luego bien avenido, ha navegado aparentemente unido y cohesionado hasta lo extraordinario. Y con la misma rapidez que llegó el buen entendimiento se ha desatado la tormenta

 

La situación ha acabado por hacer mella en la integridad del gobierno regional. Un bipartito es terreno abonado para las discrepancias, pero PP y Cs se las han apañado bien... Hasta ahora. Año y medio de pandemia es una situación anómala por completo y ha acabado por acelerar el desgaste propio de toda convivencia. El gobierno regional, primero de conveniencia y luego bien avenido, ha navegado aparentemente unido y cohesionado hasta lo extraordinario: hace no tanto Igea y Mañueco hacían balance conjunto de dos años de legislatura. Y con la misma rapidez que llegó y se mantuvo el buen entendimiento, se ha desatado la tormenta.

 

El inicio declarado es la votación de la primera sesión de Cortes del curso político, una bomba parlamentaria, una declaración de intenciones en toda regla. Con los códigos de la cultura parlamentaria, lo más lejos que puede llegar un bipartito antes de romper: el siguiente nivel es ese, sin más. PP y Cs están al límite de la ruptura con lo que eso significa. Pero esto no empezó el lunes pasado. 

 

El ejecutivo regional está más desgastado de lo que aparenta y es normal, y la coyuntura política puede hacer el resto. Ambos partidos se deben a sus intereses, que corren paralelos a la obligación de gobierno, y eso ha acabado pesando. Los populares trabajan cada día mirando a Moncloa mientras los naranjas no saben si pasarán de la próxima cita electoral. Sus objetivos no pueden ser más dispares, casi enfrentados, y ambos los tienen que perseguir desde ya en la cuesta abajo de la legislatura. Las puyas que desde hace unos días van y vienen lo evidencian y son el resultado de esa tensión. 

 

Los vientos susurran, todavía en voz queda, "adelanto electoral", palabras mayores. ¿Qué va a pasar? Por ahora, los protagonistas lo descartan, unos por activa y otros por vía interpuesta. "No está en el ánimo", dicen (que no es negarlo ni confirmarlo, sino todo lo contrario). Pero en marzo el PSOE podrá volver a formular una moción de censura para poner a prueba a dos rivales ahora socios y entre los que la tensión no baja. Todo podría acabar patas arriba en un momento muy inoportuno.

 

Hasta que entre en juego la matemática electoral, hay tiempo para la coherencia. Cuando el terremoto de las mociones sacudió Castilla y León, PP y Cs sacaron a relucir la estabilidad como gran valor. La responsabilidad era seguir adelante, mantener los gobiernos y ser sólidos en un momento de zozobra. Los mismos argumentos tienen que ser válidos ahora. La política tiene que ser coherente con lo que predicó entonces y elegir sensatez en vez de elecciones ya. Los socios de gobierno deben dejar a un lado tiranteces y centrarse en lo que importa: unas elecciones no son el mejore escenario para conseguirlo. Los ciudadanos piden centrarse en salir del bache e impulsar una reactivación sólida. Todo lo demás debe sobrar.