Castilla y León: acertar con las medidas para no lamentar confinamientos

Los ciudadanos debemos cumplir con las restricciones, por estrictas que parezcan, y la Junta está obligada a una firmeza máxima en las medidas y esmerarse para que no haya duda de que las difíciles decisiones que se toman son adecuadas y necesarias, y ante todo eficaces.

Castilla y León se enfrenta a un momento crucial en su estrategia para frenar el avance de los contagios por Covid y lo que supone la imparable pandemia en términos de protección de la salud y de paralización económica. No queda otra que frenar al virus lo antes posible si no queremos que la pesadilla del pasado marzo se repita, ampliada en meses y daños. Y para conseguir detener el crecimiento de la enfermedad es imprescindible recurrir a la máxima firmeza.

 

Parte de esa firmeza son las medidas más drásticas e impopulares. No es fácil volver a confinar íscar y Pedrajas, limitar la vida social a decenas de miles de habitantes en Valladolid y Salamanca o decretar un confinamiento en Pesquera, pero tomar decisiones, y hacerlo con anticipación, es imprescindible. Ya hemos visto lo que ha pasado en Madrid: actuar tarde supone un riesgo sanitario y restricciones para un millón de personas, algo imperdonable. Así que bienvenida la contundencia a tiempo. Con todo, la Junta debe esforzarse para que no quede ninguna duda de que las medidas son necesarias, y han surgido en los últimos días. 

 

Hace quince días, la Junta decretaba importantes restricciones sociales en Salamanca y Valladolid. Por entonces aquellas medidas eran las más tajantes que se aprobaban en grandes ciudades de España: ningún otro municipio del tamaño de estas capitales tenía restricciones semejantes. La limitación de reuniones, aforos y hostelería era obligada para frenar la ola que había crecido durante agosto, y aunque se recibió con reticencias, fue ratificada y dos semanas después ha habido que prorrogarlas. Su efecto ha tardado, aunque no se contaba con la indisciplina de los cuarentenados, así que toca asegurarse de la eficacia de la decisión.

 

También ha sido problemática la orden para confinar Pesquera, rechazado por el TSJCyL. Veremos en qué acaba, pero la Junta no puede permitirse el lujo de que un juzgado tache de poco completo el informe epidemiológico que justifica las medidas. De niguna manera, y menos cuando el rigor sanitario ha sido la guía que ha llevado por delante la administración regional durante toda la crisis.

 

Si no es cuidadosa con las decisiones, la Junta puede ver cómo se desmorona todo lo conseguido, y bastantes problemas hay ya. Con los nuevos casos disparados y la comunidad entre las más afectadas de Europa por esta segunda ola, van a hacer falta más decisiones difíciles. En Valladolid y Salamanca ha habido que prorrogar medidas y reforzarlas con presencia policial, ya veremos hasta cuándo. Ha habido que repetir confinamientos y cerrar aulas, y habrá más de lo uno y de lo otro. Ahora hay que controlar a los que se saltan el aislamiento. Y mejorar la situación de Atención Primaria, mantener los hospitales despejados, asegurarse de que hay reactivos para hacer a tiempo los test....

 

Y, ¿los confinamientos? Por ahora no habrá más vueltas de tuerca, la Junta y sus expertos descartan cerrar ciudades, pero no municipios más pequeños, los denominados confinamientos selectivos. El cierre fue la medida más eficaz en el peor momento, también la más dañina, un difícil equilibrio. Recurrir a confinamientos es algo que tenemos que lamentar. De nuevo, mejor medir y anticiparse que pasarse por actuar tarde, pero la comunidad no debe renunciar a exigir con firmeza a los ciudadanos que cumplan con sus obligaciones: mascarilla, distancia, higiene y no saltarse las cuarentenas. Puede que sea doloroso, pero es fundamental.