Carta de un "humilde" sanitario abulense: Salvemos nuestros pueblos

Prueba en laboratorio. (Foto: Archivo).

Carta llegada a la redacción de Tribuna Ávila en la que un veterinario se hace eco de la difícil situación de atención sanitaria en la que se encuentran los pueblos de la provincia abulense.

Ante las indicaciones impartidas por la Gerencia Provincial de Salud de Ávila a las Autoridades locales de nuestros municipios, basada en la instrucción remitida por la Consejería  de Sanidad para establecer las normas de organización aplicables a los Centros de Salud y que hacen referencia, entre otras cosas, a la supresión de las consultas y resto de actividades tanto a demanda como programadas, valoración telefónica de los pacientes que precisen atención y resolución no presencial, evitar desplazamientos al Centro de Salud salvo que sea de extrema urgencia y previo contacto del afectado con dicho centro, el contacto telefónico con un 900 para decirles si tienes fiebre o síntomas de insuficiencia respiratoria, y en referencia al COVID-19 “hacer un seguimiento telefónico del estado de este paciente, no realizándose valoración presencial salvo casos de empeoramiento de su estado clínico”, he de manifestar mi total desacuerdo y rechazo a tal Instrucción, porque este tipo de normalidad no debiera aplicarse de forma genérica a toda la población, dadas las características específicas que reúnen la inmensa mayoría de los habitantes de nuestros pueblos, esos lugares que alguien ha bautizado como “la España vaciada” y ahora, “la España abandonada”.

 

Estos pueblos reúnen una serie de condiciones idóneas para haberse librado de los efectos perniciosos de este nuevo virus: escasa población, espacio suficiente para  relacionarse por megafonía, aire puro, sol brillante en los días despejados, en definitiva, un ambiente propicio para evitar contagios y que el virus pudiera hacer una aparición explosiva en este medio. Hasta que alguien, en su insano juicio, dispone el cierre de todas las actividades presenciales en colegios, institutos y universidades en la Comunidad de Madrid, sin acompañar de una medida fundamental como era el cierre de esta Comunidad, con el objeto de impedir que miles de ciudadanos salieran en desbandada hacia las playas y pueblecitos, como si de unas vacaciones anticipadas se tratara. Gravísimo error. Muchos de ellos se han trasladado a estos lugares en un estado indefinido de salud, y algunos, no sabemos cuántos, siendo portadores del virus o lo que es más grave, estando enfermos sospechosos de dicha enfermedad.

 

Me consta el enfado de los habitantes de estos medios ante la actitud insolidaria e insolente que ha caracterizado este movimiento y el peligro que ha supuesto el romper ese ambiente de casi inmunidad ecológica. Nuestros políticos manejan todas las estadísticas habidas y por haber, y saben exactamente cuáles son las características que definen este medio rural: baja población y muy envejecida, grupos etarios incluso por sexos, y sanitariamente cuáles son las patologías más frecuentes relacionadas con esas edades: muchos pacientes con arritmias dependientes diariamente de anticoagulantes como el famoso Sintrom, insuficiencias cardiacas, hipertensión o diabetes u otro número importante de procesos degenerativos. Horror que este coronavirus se fije especialmente en esta población para hacer sus estragos y más horror de casualidades: cuando más necesitan de la permanente vigilancia de nuestro Sistema de Salud, les cierran los consultorios y les dicen lo siguiente: hágase un autodiagnóstico, valore si es preciso o no contactar telefónicamente con esos números, tómese el antitérmico y cuando empeore su estado clínico y tenga dificultad respiratoria, además de descompensación severa de otras patologías previas, es decir, valore usted mismo si le ha subido la glucemia, si se le ha disparado la tensión, si su corazón está a punto de fibrilar, si su nivel de saturación de oxigeno es mayor o menor del 90%, si su grado de confusión es menor o igual a 1, y sobre todo, antes de perder el conocimiento VALORE si es mejor llamar a la compañía de decesos.

 

Esto es muy serio. Posiblemente estas personas deberían considerarse en el nivel de neumonía grave antes que desarrollen el síndrome de distrès respiratorio agudo. Estamos hablando de nuestros mayores, de nuestros seres queridos, esa población que ahora más que nunca necesitan de todos nosotros y sobre todo y por encima de todo, no tienen porqué pagar los platos rotos de la incompetencia política, que deberá tipificarse dentro del código penal cuando esto acabe, al no haberse anticipado al panorama que se nos venía encima hace días. Tiempo habrá de hacerse estas valoraciones. Ahora es momento de unirnos en esta cuarentena y de apelar a la unión y el apoyo de todos nuestros alcaldes, del Presidente de la Diputación, de nuestras Organizaciones Profesionales Agrarias, de todos los que amamos esta bendita vida rural, de todos los compañeros Veterinarios y Farmacéuticos, y sobre todo, a nuestros compañeros Médicos, Enfermeros y demás personal que están al frente de la enfermedad dando lo mejor de sí mismos.

 

No se puede dejar este documento colgado en la puerta de los consultorios, encabezado por un estimado alcalde y terminando con un ruego de colaboración ante esta difícil situación. Por una sencilla razón: si este cochino virus aparece por nuestros pueblos, tiene el terreno abonado para hacer de las suyas, dadas las características generales de cómo se manifiesta esta enfermedad. ¿Cómo se le puede decir a una persona diabética, hipertensa, con inmunidad deprimida, trasplantado o con alguna cardiopatía, que si tiene fiebre o tos o disnea, este tranquilo en su casa y se tome un antitérmico? Váyanse a tomar por ese sitio, y perdonen por no hacer mención educada de la parte conocida. Esos seres humanos, que lo han dado todo a lo largo de su vida para tener un descanso tranquilo en los lugares donde tienen sus raíces, se merecen otra cosa. Se merecen que de inmediato  se trasladen a sus domicilios el equipo médico pertinente con las medidas de protección pertinentes y se haga una valoración inmediata de su situación, y si es preciso, se efectúen las pruebas diagnósticas necesarias para coronavirus. De inmediato.

 

¿Acaso tienen menos derecho a esa prueba que los ilustres Señores de Galapagar y de la Moncloa, que ellos y ellas del Consejo de ellos y ellas? ¿Las mujeres de nuestros pueblos tienen menos derechos que ellas por no ser de cuota? ¿Los hombres de nuestros pueblos tienen menos derechos porque han necesitado más años de trabajo para recibir una pensión que los que se sientan en el hemiciclo del Congreso o la sauna del Senado? Pruebas y pruebas, dice la Organización Mundial de la Salud. Estamos hartos de las buenas palabras de esos expertos, que más parece están al servicio de los medios televisivos y políticos que al servicio de los ciudadanos. Referente a la indicación del test diagnóstico, a parte lógicamente de efectuarse al personal sanitario y sociosanitario, establece que “se podrá considerar la realización en personas especialmente vulnerables que presenten un cuadro clínico  de Insuficiencia Respiratoria Aguda, independientemente de su gravedad. El personal político debe haberse considerado a sí mismo como servicio esencial.

 

Les voy a poner un ejemplo de lo que fueron capaces de hacer los habitantes de esos pueblos. Hace muchos años, en pleno invierno y con una nevada copiosa, en un pueblo de la Sierra de Gredos, Navacepeda de Tormes, un Land Rover y un grupo de hombres encabezado por el médico del pueblo, salieron al encuentro de una ambulancia procedente de El Barco de Ávila que venía detrás de un quitanieves a recoger a un paciente de San Bartolomé de Tormes afectado de una apendicitis. Abrieron la carretera con palas y la doble tracción del vehículo, hasta el cruce de la carretera. El paciente bajaba a hombros de otro grupo de gente, arropado con mantas. ¿Saben que camilla usaban? Una escalera de palo.

 

No es momento, como señalé anteriormente, de exigir responsabilidades políticas a quienes están gestionando esta crítica situación, tanto en el Estado como en la Comunidad. Que nadie lo olvide. Vamos a salir juntos de esto los españoles, y todos unidos deberemos salir de la durísima segunda etapa que se avecina en lo económico, gestionados por los mismos de la etapa sanitaria. Nuestra Diputación, nuestras Organizaciones Profesionales Agrarias, nuestros Alcaldes y todos a una debemos exigir el mayor desvelo y dedicación posible hacia la gente de nuestros pueblos. Que no se sientan solos y que tengan la completa seguridad que todos los medios sanitarios necesarios están a su disposición. 

 

CATALINO CASILLAS NIETO

VETERINARIO

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