Carta abierta de David Sierra: Decepción
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Carta abierta de David Sierra: Decepción

David Sierra.

Defiende el trabajo político de VOX.

Hoy 22 de octubre del año 2.020 ya no estoy en primera línea de la política abulense. Jamás fue interés personal mío estar en tal situación, estar dando la cara por un partido político; pero mi vocación de servicio a España me obligó a ello. La falta de batalla de ideas, la falta de valores y la falta de dignidad al representar a los ciudadanos abulenses y españoles, hizo que diera ese paso al frente, el de ser la voz desde año 2.014 hasta el 2.016 de Vox, ese partido estigmatizado por todos. Llegaría a presentarme candidato a la alcaldía de Ávila por estas siglas, las de Ortega Lara, las de la dignidad, la memoria y la justicia. No es mi intención ahondar en aquellos años de la traición permanente del Partido Popular a las víctimas de la izquierda abertzale. Pero hoy es un día para hacerlo.

 

Una tarde primaveral del año 2.016 recibí una llamada del señor Pablo Casado, diputado por la circunscripción de Ávila. En la misma me decía que quería reunirse con un representante de Vox en Ávila y que Santiago Abascal le había dado mi número de teléfono y le recomendó que hablara conmigo.

 

Evidentemente, la preocupación por la situación clientelar de Ávila y la educación me hicieron aceptar dicha reunión.

 

Estábamos en campaña electoral para las elecciones generales del verano de 2.016, y el candidato del Partido Popular quiso hacer ver que era un hombre de consenso y de acercamiento a posturas políticas con partidos constitucionalistas, democráticos, defensores de la unidad de España, o como queremos llamarlos. La cuestión es que después de una reunión con los representantes de UPyD en Ávila, decidió reunirse con la representación de Vox en la capital castellana y esa representación en aquel entonces era yo, aunque el partido no se presentara a esas elecciones.

 

No quiero entrar en temas personales y no lo haré, solo decir que esa tarde de primavera en Ávila me sentí bien, me hizo ver que en aspectos fundamentales opinábamos lo mismo, o muy parecido. En la unidad de España, en valores y principios, como la defensa de la vida, de las instituciones españolas, de la lucha contra el terrorismo, de la independencia de poderes, etc… Lo vi tan convencido que pensé que al PP le quedaba un ápice de credibilidad si algún día Pablo Casado lograba ser Presidente del Partido Popular.

 

Unas semanas más tarde, en el aniversario del asesinato a cámara lenta del concejal de Ermua, Miguel Ángel Blanco, decidimos realizarle un homenaje en Ávila. Invité a Casado y a Abascal, y los dos se juntaron en la plaza del Mercado Chico para homenajear a Miguel Ángel y a todas las víctimas del terrorismo. Trato cordial y amable entre ellos, entre los invitados y entre el resto de partidos abulenses que acudieron al homenaje. Parecían incluso amigos, aunque con diferencias de posturas en muchos aspectos.

 

Casado llegó a la presidencia nacional del partido popular con mucho esfuerzo y un discurso que volvía a crear ilusión entre las filas de un partido casi amortizado. Savia nueva, azote de la corrupción, defensor de valores perdidos…

 

La expulsión de la primera fila de Cayetana Álvarez de Toledo ya nos anticipó que quedaban restos de “rajoyismo”, “sorayismo”…

 

Pero lo de hoy, el ataque personal a Santiago Abascal desde la Tribuna de Oradores del Congreso de los Diputados, las mentiras diciendo que solo ellos han logrado parar a los separatistas ante el golpe de estado secesionista, los vítores de sus diputados cuanto más socialista era su discurso, o las alabanzas a su discurso de los enemigos de España…¡Qué tristeza, qué decepción!

 

Siento decirlo, pero también aquel día que coincidíamos Pablo Casado, Regina Otaola y yo, (también estaba Santiago Abascal por allí), en un acto solemne en Madrid, ya dije que el Partido Popular estaba atado a mucho poder fáctico y no iba a estar lo libre que desearían muchos votantes del espectro “centroderechista”; hoy se confirma. Mi decepción llega con la exposición de Pablo Casado en la Tribuna de Oradores del Congreso esta mañana, un verdadero ataque a muchos votantes de PP, y una clara inclinación al extremo centro, que deja a Vox solo en la lucha democrática contra el “gobierno frankenstein”.

 

Ahora bien, decir también que Pablo Casado con ese discurso cañero contra Abascal, más propio de Adriana Lastra que del líder del PP, un mentira tras de otra, una falta de respeto a los dirigentes de Vox o un giro tan drástico en sus posturas, con un voto positivo a la moción, le hubiera ido mejor electoralmente que con el “no”. Nos habría evitado vivir el “suicidio político” de Casado en directo.

 

Mi apuesta por Vox la hice en 2.014, cuando nació, y a día de hoy mi apuesta sigue en pie y con más convicción que nunca.