Allegados, no imprudentes
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Allegados, no imprudentes

Un repartidor, en la Plaza Mayor de Salamanca. Foto: Ical

La Junta intenta aclarar los límites a las inminentes reuniones navideñas para prevenir una tercera ola que golpee a los que más prudentes han sido, pero la clave somos nosotros mismos

Castilla y León ya tiene sus propias normas para las Navidades diferentes de este año. Tras asumir las reglas y recomendaciones de la estrategia estatal que había pedido, procede ahora a adaptarlas a su gusto y necesidades. Lo hará este jueves de manera oficial, aunque ya sabemos que no habrá barra libre para moverse, si por eso se entendía poder viajar cuando quisiéramos y a cualquier destino, algo imposible en esta Navidad.

 

La temida movilidad va a estar muy condicionada con un calendario muy concreto y tres ventanas en las que se permitirán los viajes para reunirse. Fuera de las fechas establecidas, la comunidad estará cerrada para salir o entrar durante toda la Navidad. Las normas complican un poco el ya amplio manual de instrucciones para viajar en Navidad, pero coinciden con fechas clave aunque exigen poner de nuestra parte, pero siempre hay quien no las entiende porque no asume el espíritu de la norma.

 

Ahí es donde se encuadra el debate sobre el término "allegado". La Junta está trabajando ya en definir a qué da derecho porque lo otro, la diatriba semántica sobre lo que es y no es un ser "allegado", no tiene razón de ser y menos en la 'patria' del idioma. Todos sabemos que la lista de relaciones que entran en esa definición incluye familias más o menos lejanas, pero lo que hay que precisar no son los grados de parentesco o consanguinidad, sino el nivel de sentido común que estamos dispuestos a aplicar.

 

En eso se basan las normas con las que España y Castilla y León se han dotado para esta Navidad. Seguro que no son perfectas, que tienen sus puntos incomprensibles o difíciles de aplicar, aunque en realidad son solo una llamada a la prudencia, a no viajar en exceso (y llevarnos el virus otra vez de allá para acá), a no reunirnos en exceso. Solo a los más irresponsables les parecerán una invitación a buscar los 'puntos ciegos' de la norma.

 

Importa poco hasta qué grado de proximidad estamos dispuestos a llegar, lo realmente clave es el nivel de responsabilidad que queremos asumir o lo imprudentes que queremos ser. Nadie debería tener que decirnos, a estas alturas, con miles de muertos y muchos enfermos todavía en los hospitales, que no es el año para grandes reuniones de empresas o amigos; que tampoco es el año de reuniones familiares sin límite de participantes o temporal. Nos apetecen mucho, seguro, pero tiempo habrá que el mundo no se acaba.

 

Tampoco nos va a prohibir nadie recibir al hermano o al hijo que viene de lejos o muy lejos o a ese matrimonio amigo que no va a recibir a los suyos. Lo único prohibido es no usar la cabeza. Lo único que no nos podemos permitir es ser imprudentes: una reunión demasiado concurrida o con más de dos núcleos reunidos, con allegados 'legales' o no, es una llamada a la tercera ola y sus consecuencias.