Carta abierta a los partidos políticos con representación en el Ayuntamiento de la capital abulense
50 años después, es momento de mirar hacia los barrios anexionados de Ávila
Carta abierta a los partidos políticos con representación en el Ayuntamiento de la capital abulense
La Asociación de Vecinos El Dolmen de Bernuy Salinero ha escrito una carta abierta a los partidos políticos con respresentación en el Ayunatmiento de Ávila titulada '50 años después: es momento de mirar hacia los barrios anexionados':
"Estimados representantes de los grupos políticos del Ayuntamiento de Ávila:
En febrero del próximo año se cumplirán cincuenta años desde que Bernuy Salinero dejó de ser un municipio independiente para integrarse en la ciudad de Ávila.
Aquella decisión se tomó con una finalidad lógica y comprensible para la época. Un pequeño municipio, gravemente afectado por la despoblación, difícilmente podía sostener por sí solo los servicios públicos que demandaban sus vecinos. La integración prometía precisamente lo contrario: garantizar el acceso a unos servicios municipales dignos, asegurar el mantenimiento de las infraestructuras y ofrecer un futuro estable para un pueblo que veía cómo cada año disminuía su población.
Cinco décadas después, creemos que ha llegado el momento de hacer balance. Y el balance, desgraciadamente, es preocupante.
Los vecinos de Bernuy Salinero tenemos la sensación de vivir en un territorio olvidado. No hablamos de grandes inversiones ni de proyectos millonarios. Hablamos de cuestiones básicas que cualquier ciudadano espera recibir de su administración: calles iluminadas, mantenimiento periódico, limpieza, zonas verdes cuidadas, parques infantiles seguros, mobiliario urbano en condiciones o una respuesta ágil ante las incidencias cotidianas. No contamos ni tan siquiera con servicios tan básicos como el transporte y lo que es peor, ni tan siquiera de transporte escolar que garantice el adecuado acceso de nuestros menores a sus escuelas.
Es cierto que, de forma puntual, se realizan algunas actuaciones o inversiones en edificios y terrenos municipales. Sin embargo, demasiadas veces estas intervenciones parecen responder más a una inauguración que a un verdadero plan de mantenimiento. Las fotografías permanecen; el mantenimiento desaparece.
Existe una situación especialmente representativa de esta realidad: En la plaza del barrio tenemos un edificio municipal acondicionado como bar, un espacio que podría convertirse en el verdadero punto de encuentro social de Bernuy Salinero. Un lugar donde los vecinos pudieran reunirse, especialmente durante los meses de verano, fortaleciendo la convivencia y ayudando a combatir uno de los mayores problemas del medio rural: la soledad y la pérdida de vida comunitaria.
Sin embargo, ese espacio permanece sin un modelo viable de utilización. Cada año solicitamos que, al menos durante las festividades de nuestro pequeño barrio, nos permitan darle uso gestionando la propia Asociación mediante sus miembros voluntarios y la sensación que recibimos es que lo estamos mendigando, sin recibir respuesta durante semanas y generando la total inseguridad de los medios con los que podremos contar para la celebración de las fiestas.
La Asociación de Vecinos ha planteado alternativas que permitan darle vida, entendiendo que durante el invierno difícilmente podrá mantenerse una actividad económica constante, pero que durante la época estival podría convertirse en un elemento fundamental para la cohesión social del barrio y que realice una verdadera labor de socialización y punto de encuentro. Hasta ahora no ha sido posible encontrar una solución.
Pero el problema de Bernuy Salinero va mucho más allá del mantenimiento de unas calles o del uso de un edificio municipal.
Existe un problema estructural que afecta a todos los barrios anexionados, no solo a Bernuy Salinero.
Paradójicamente, compartimos los problemas de la España vaciada, pero no podemos acceder a muchas de las medidas destinadas precisamente a combatirla.
Tenemos una población muy reducida, envejecida y dispersa.
Disponemos de pocos servicios.
Resulta difícil atraer nuevos vecinos.
Los negocios encuentran enormes dificultades para mantenerse.
La actividad económica es limitada.
La despoblación continúa avanzando.
…
Sin embargo, administrativamente pertenecemos a una capital de provincia. Eso significa que, a efectos de muchas convocatorias de ayudas autonómicas, estatales o europeas destinadas al medio rural y a la lucha contra la despoblación, dejamos de ser considerados un núcleo rural necesitado de apoyo.
En la práctica, sufrimos las consecuencias de la despoblación, pero no podemos beneficiarnos de muchas de las herramientas creadas precisamente para combatirla. Vivimos en una especie de limbo administrativo. No somos ciudad. Pero tampoco se nos considera pueblo.
Y esa realidad necesita una respuesta política.
Después de cincuenta años tampoco existe una regulación municipal específica que contemple las características propias de los barrios anexionados.
Seguimos sometidos exactamente a la misma normativa administrativa, urbanística y burocrática que cualquier barrio del centro de Ávila. Lo que puede resultar razonable para una ciudad de decenas de miles de habitantes pierde completamente el sentido cuando se aplica a núcleos con apenas unas pocas decenas de residentes permanentes. Los barrios anexionados tienen necesidades diferentes. Tienen problemas diferentes. Y, por tanto, necesitan soluciones diferentes.
No pedimos privilegios.
No pedimos un trato preferente. Pedimos que se reconozca una realidad evidente. Pedimos que se gobierne teniendo en cuenta que los barrios anexionados no pueden medirse con el mismo criterio que los barrios urbanos. Pedimos una ordenanza específica que regule su funcionamiento. Pedimos un plan municipal estable para su conservación y mantenimiento. Pedimos mecanismos que faciliten el uso social de los edificios municipales.
Pedimos que el Ayuntamiento lidere, junto con otras administraciones, la búsqueda de fórmulas para que estos núcleos puedan acceder a programas contra la despoblación. Pedimos que exista una planificación a largo plazo y no únicamente actuaciones aisladas.
Pedimos que se cuente con nosotros, con los vecinos de los barrios anexionados, siempre dispuestos a aportar. Muchas veces no necesitamos dinero, solo permiso. Amamos nuestras calles, nuestro barrio (al que nos gusta llamar pueblo) y por ello estamos dispuestos a poner nuestro trabajo voluntariamente, acondicionar terrenos para poderlos disfrutar y darles un uso.
Sobre todo, pedimos que los barrios anexionados dejen de ser invisibles.
Esta carta no pretende señalar culpables. Durante estos cincuenta años han gobernado distintas corporaciones municipales y diferentes sensibilidades políticas. Creemos sinceramente que el problema trasciende a cualquier partido. Es un problema de modelo.
Por ello queremos dirigirnos a todos los grupos políticos por igual.
Les pedimos que aprovechen el cincuenta aniversario de la integración de Bernuy Salinero para abrir un debate serio sobre el futuro de todos los barrios anexionados de Ávila.
Que este aniversario no sea únicamente una fecha para recordar el pasado, sino el comienzo de una nueva etapa. Una etapa en la que los barrios anexionados dejen de ser considerados únicamente una prolongación administrativa de la ciudad y pasen a ser entendidos como lo que realmente son: pequeños núcleos rurales con identidad propia, con enormes dificultades derivadas de la despoblación y con necesidades que requieren soluciones específicas.
El futuro de Bernuy Salinero, así como de otros barrios anexionados, no depende únicamente de sus vecinos. También depende de la voluntad política de reconocer una realidad que lleva demasiado tiempo esperando respuesta.
Con respeto, con espíritu constructivo y con la esperanza de que este llamamiento sea escuchado, solicitamos a todos los representantes políticos del Ayuntamiento de Ávila que trabajen conjuntamente para elaborar un verdadero plan de futuro para los barrios anexionados.
Porque cincuenta años deberían ser tiempo suficiente para cumplir la promesa que motivó aquella integración".
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