El histórico líder de la banda de rock urbano Asfalto cumple 50 años sobre los escenarios, ahora ya en solitario, y reflexiona sobre la evolución del rock y el consumo de música en la actualidad
Julio Castejón: "Antes envolvíamos nuestra vida en música. Hoy ha pasado a ser casi un ruido de fondo"
El histórico líder de la banda de rock urbano Asfalto cumple 50 años sobre los escenarios, ahora ya en solitario, y reflexiona sobre la evolución del rock y el consumo de música en la actualidad
Música con significado, con trascendencia. Música con denuncia social, música como reflejo de la realidad. No era fácil allá por 1972, en una España aún en dictadura, hacer música con significado y conciencia y, más aún, si estaba envuelta en ese estilo "ruidoso" e irreverente importado de los USA. Hacer rock en este país en los 70-80 era tan arriesgado y rebelde como necesario. Así lo recuerda Julio Castejón (Madrid, 1951), líder de la histórica banda Asfalto desde 1974 hasta su disolución en 2023, quien recuerda, en esta entrevista concedida a TRIBUNA, los buenos y malos momentos de una trayectoria de medio siglo; reflexiona sobre las distintas formas de vivir y sentir la música entre las distintas generaciones, y señala la importancia de incluir a las mujeres en las narrativas y, en especial, en el rock, un género que confía pueda volver a enganchar a los jóvenes, si el algoritmo se lo permite.
PREGUNTA: Aunque disuelto en 2023, Asfalto sigue vivo no solo en la memoria de muchos amantes de la música, sino también desde un punto de vista más pragmático a través de ese Asfalto Fan Day, que viene a ser un concierto anual de como de recuerdo. El último el pasado 31 de enero. ¿Es difícil cortar el cordón con 50 años de vida y recuerdos?
RESPUESTA: Es, fundamentalmente, por aprecio a los seguidores del grupo que llevan muchísimos años. Lo que yo me he propuesto es que la memoria del grupo no se diluya. No se trata de ganar más adeptos, aunque lamentablemente haya muchísima gente que no nos conoce y no sabe de nuestra trayectoria, si no preservarlo. No por ningún interés comercial sino por un interés emocional y por estar en contacto con los seguidores del grupo y que ello me permita hacer, de vez en cuando, algunos conciertos como Julio Castejón y, una vez al año, uno en el que solo toco canciones de Asfalto.
P: Temas como 'Días de escuela' o 'Rocinante' son ya patrimonio emocional del país. ¿Qué siente al ver que se han convertido en himnos atemporales?
R: Pues perdiendo el sentido de la propiedad. Esas canciones ya no son nuestras, son de la gente. Hay muchas así, no solamente 'Días de escuela', etc. Es cierto que esas llegaron en un momento socialmente muy brillante como fueron los años de la Transición y la llegada de la libertad. Pero es cierto que llega un momento en que te subes al escenario y tengo que decir a la gente: "Vamos a hacer dos cosas, una parte os va a emocionar a vosotros mucho y, la otra, me va a emocionar a mí". Y, entonces, intercalo canciones de cualquiera de mis discos en solitario, que tengo siete desde el año 2000, y a veces toco también canciones de Asfalto que no son de las más populares pero que para mí son muy bellas o que significan algo que me causa emoción.
P: En ese sentido, realmente Asfalto nunca fue una banda de un solo éxito. Se pueden permitir variar más en el repertorio.
R: Siempre me gusta cambiar, porque cuando tú tienes un setlist que se repite, llega un momento en que mecanizas todo. Yo mismo, cuando estoy interpretando un clásico de estos y veo que corro ese riesgo, lo que hago es que cambio los arreglos. Siempre le buscas otro aliciente para que tú tengas que estar pendiente. También cuando, incluso, estás muy mecanizado en la ejecución, trato de observar a la gente y que su emoción me llegue a mí. Así, en ese momento tú pasas a formar parte de su fiesta, de su emoción, de lo que ellos están sintiendo.
P: No es fácil cumplir medio siglo sobre los escenarios. En alguna ocasión ha comentado que Asfalto casi muere de inanición. ¿Cómo se sobrevive en la música sin haberse salido nunca de la escena underground?
R: Pues yo tengo dudas de cuál es el mecanismo. Creo que va por dos lados: uno es la perseverancia y otro la obstinación. Es decir, a veces uno continúa porque es un obstinado. El mercado te está diciendo: "Vete, que no interesas a la generalidad". Por otra parte, dices: "Voy a cambiar las cosas", y, entonces, eres perseverante. También es cierto que a todos nos ha venido el bajón muchas veces y he pensado: "A lo mejor es que tengo que hacer otra cosa, plantear un proyecto nuevo". Pero la realidad es que igual escucho un disco que hice hace 30 años y digo: "Caramba, pero sí que está precioso lo que hicimos aquí. La gente tiene que conocer esto". Justo el año después de la pandemia, me dieron un reconocimiento, que también se lo dieron a Luz Casal. En ese acto también le daban un premio a Carlos del Amor, un periodista que siempre toca temas culturales. Entonces, tuve que dar un discurso dije: "Perdonad, que os tengo que hablar de una banda desconocida, pero que a mí me parece que es muy interesante. Se llama Asfalto". Y Carlos del Amor me dice: "¿Pero qué dices, tío? Si yo te conozco a ti de siempre". Y le digo: "Sí, claro, pero tú no me vas a llevar nunca un programa de los que tú haces, porque no soy popular". Y cuando tú no eres popular, obviamente tienes menos posibilidades de mercado.
Además, no es lo mismo ser un solista que estar en un grupo que lo que entra hay que dividirlo entre cinco o seis. Sobre el año 81 u 82, nos habíamos metido hasta el cuello para llevar un equipo de luces potente, que aquí prácticamente no lo llevaba nadie. Resulta que vamos a tocar a un sitio y cuando llegamos, me dice el técnico: "Tío no podemos poner las luces aquí porque hay un enchufe normal y corriente y nosotros consumimos 40.000 vatios". Entonces, viene por ahí el empresario y dice: "Vamos a ver, ahí se ha enchufado María Jiménez, Juan Pardo… Cobran el triple o el cuádruple que vosotros y les ha sido suficiente". Es decir, que estábamos completamente viviendo en un sueño.

P: Entonces, ¿envejecer en el rock es un privilegio o una forma de resistencia?
R: Hay algo que te sostiene en esto porque te emociona lo que haces y no encuentras nada que te haga más feliz. Yo siempre he dicho que mi 'yo deseado' y mi 'yo real' se alinean cuando estoy encima del escenario. Renunciar a eso es francamente difícil. Es cierto que, en paralelo, tuve que montar una productora y un pequeño sello discográfico para buscarme los garbanzos por otro lado. Algunos compañeros que no tenían la fuerza o la energía que yo le ponía, pues saltaban del barco.
P: Sigue componiendo y sacando discos, como su último trabajo 'Desde la periferia', con mucho mensaje social, como siempre en tus letras. ¿Se puede seguir haciendo denuncia social en medio de la cultura de la cancelación?
R: Hace tiempo que pienso que mi reino no es de este mundo. Es decir, hay otra generación que tiene otros propósitos, tiene otra manera de entender la vida y yo creo que quizás no van a percibir determinados sentimientos a través de una canción, porque no ese es el vehículo para ellos. No se puede generalizar, hay gente joven que también tiene afán por adquirir conocimiento y cultura y está abierta a este tipo de expresiones, pero no es la mayoría. Cuando a mí me tocó ser joven, teníamos unos momentos de intimidad en los que, en la soledad de nuestro cuarto, escuchamos una canción y nuestra mente imaginaba, volaba… Hoy la mayoría de la gente joven, y no tan joven, se duerme después de mandar el último whatsapp y se levanta con el primero. Nunca están del todo solos para entrar en temas reflexivos. Entonces, esas emociones que viajan en las canciones, a veces, se caen y no llegan a conectar con otra gente.
P: En medio de este contexto que señalaba, ¿cree que el rock y la escena underground son necesarios ahora en este proceso de retroceso político en el que nos encontramos?
R: Yo me imagino que el día que esta sociedad sienta que ha metido la pata votando a quienes van a votar, pues entonces empezará, quizás, a tomar otra dimensión de cómo es su vida. A lo mejor, a partir de ahí, surjan movimientos críticos donde realmente pues se dé acogida a un sentimiento corporativo que hoy día no existe.
Mis hermanos mayores, por ejemplo, tuvieron un mayo del 68 para salir a la calle y desear que la imaginación llegara al poder. Y protestábamos ante la guerra de Vietnam y luego protestábamos ante la falta de libertad y ante un montón de cosas porque veníamos de un sistema que nos oprimía. Después, hemos pasado a la vida light y "bailando, bailando, la coctelera agitando"… Ahora, el agua caliente sale justo de un lado de la palanca de la ducha. Si tuvieras que calentar los barreños, te darías cuenta de que es un lujo, por ponerme en los extremos. Para mí, el rock es como la música clásica del tiempo que me ha tocado vivir, porque rock hay mucho: hay rock and roll, hay rock duro, hay más punky, más progresivo, más policromado… Es una música muy rica para poder para poder expresarte. Yo no sé cuál es el futuro, pero, ahora mismo, la gente joven que se mueve para ir a un concierto de rock, tiene otros propósitos.
P: Claro, en otras épocas, los niños escuchaban la música que llevaban sus padres en el coche, por ejemplo. ¿Cree que se ha perdido la manera de traspasar la cultura de generación en generación?
R: Lo que es cierto es que antes envolvíamos nuestra vida en música. Hoy día la música ha pasado a ser casi un ruido de fondo mientras hago otras cosas. Antes, se compraban discos, se ponía la radio y se buscaba ese DJ que más te molaba… La música ocupaba otro lugar en nuestras vidas que es el que ocupa hoy. Yo, hay veces, cuando veo a algún joven que va con los cascos, pienso: "¡Anda, algo estará oyendo!": Pero me daría miedo decirle: "¿Me dejas escuchar lo que estás escuchando?". Son otros tiempos y yo me alegro de haber nacido cuando he nacido.
P: Ha comentado alguna vez que el rock nunca interesó a las mujeres por esa pose cargada de testosterona de muchos rockeros. En un contexto en el que las mujeres han alzado por fin la voz en las calles, ¿cree que pueden ser precisamente las mujeres las que puedan tener la clave para revivir el rock en nuestro país?
R: Bueno, a mí me gustaría pensar eso. Ojalá, yo me acuerdo que hace ya muchos años me decía Jorge García Banegas, que era un compañero del grupo: "Julio, no tenemos futuro". Digo: "Tío, si hemos hecho un discazo". Y decía: "No tenemos futuro, porque no están viniendo las mujeres". Y es verdad que algo de eso nos pasaba. Si tocaban al lado de nosotros Los Pecos, estaban todas las mujeres allí. Siempre he entrado a analizarlo, quizás sí sea por esa postura de cierto talante machista en cuanto a las expresiones del rock. Pero, por ejemplo, en el caso mío y en el caso de Asfalto, te puedo enumerar un montón de canciones que piensan solo en las mujeres. A mí el universo femenino me interesa mucho. Soy un feminista a ultranza. Eso lo tengo clarísimo. Yo tengo una canción que está escrita en el disco del año 2017 a propósito de la violencia de género.
La historia de 'La otra María', escrita en 1979, es una chica de los años 60 viviendo en una dictadura donde no había libertad, que sale de un pueblo y termina en las calles de San Francisco buscando esa felicidad y esa libertad que no tenía aquí. Y en ese plan, yo me identifico mucho con el problema de la violencia de género en el sentido de que hay que empoderar a la mujer. Si te levanta la mano una vez, se acabó. Nunca más.
P: Cuando algún día no pueda subir al escenario, ¿qué le gustaría que quedara de usted?
R: Bueno, yo no me lo he planteado porque en realidad sí, a todos nos gustaría trascender en algo, ¿no? Yo creo que mi legado son fundamentalmente mis hijos. Y mis amigos, haberlos conservado toda la vida. Y también el legado es mi obra artística, la música que he hecho, los discos que tengo, como casi 30 álbumes publicados. Y ahí está expresada mi vida, mis sentimientos, mi visión del cosmos.
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