Pa fuera lo malo … de las redes sociales
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Pa fuera lo malo … de las redes sociales

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Decíamos ayer …

Siempre he querido empezar uno de ms escritos con la célebre frase que Fray Luis de León pronunció en la Universidad de Salamanca. Prácticamente  es cierto. Porque siento  como si el parón veraniego nunca hubiera existido. En estos tiempos de hiperconexión, ni el descanso te deja desconectar  del todo de la realidad.

 

Sin embargo, un poco de distancia y silencio sirven para reordenar ideas, reflexionar y replantearte actitudes. Son acciones más que necesarias, que el ritmo vertiginoso de la rutina laboral y familiar te impiden hacer más a menudo.

 

Una de esas reflexiones en las que me he sumergido este verano es analizar  el tono que están adquiriendo las redes sociales. Un tono gris, negruzco, que empaña los 280 caracteres de cualquiera, y arrastra como si de una implacable corriente marina se tratara.  Vertedero de emociones, diván de frustraciones. Hasta Melendi y Alejandro Sanz cantan la realidad de Twitter como medio de desahogo.  Desahogo de lo malo, y olvido de lo bueno. A veces, cinco minutos conectado bastan para deprimirte, para cabrearte, para indignarte. A veces, cinco minutos bastan para querer cerrar fuerte la tapa del portátil y entretenerte con algo menos crispante.

 

Muchas veces hablamos de que las redes son reflejo de la sociedad, que se muestra tal cual es, sin cortapisa alguna. Me niego a pensar que estemos tan podridos como posteamos. Sí, es cierto: la vida es inmensamente complicada. Pero también tiene muchísimas bondades, que hacen de cada momento algo único y especial. Saber ver estos detalles es lo que no nos empuja directamente a asaltar en masa las boticas en busca de Prozac.

 

Siendo consciente de que bastantes cosas malas tiene ya de por sí la vida de cada uno, no me gusta regodearme en mi miseria personal. Prefiero compartir lo que me hace feliz, aunque sean pequeños chispazos de felicidad. Y me encantaría que estas redes, que nos conectan a unos con otros, fueran un espacio de armonía. Que construyan y no destruyan. Un lugar donde reencontrarme con la esperanza, con las posibilidades, con algo que me impulse y no me frene. Me encanta publicar en positivo, mostrar la belleza que me rodea: desde el cielo azul de mi Ávila querida, hasta la tranquila armonía de un caracol agarrado a un tallo.

 

Por ello, me irrita soberanamente cuando se alzan voces contra ese positivismo.  Como si Twitter o Facebook hubieran desterrado la bondad, y sólo pudiera tener cabida la denuncia de lo malo, las quejas, las protestas. Personas o personajillos que están pendientes de cada detalle que escribes para buscarle las vueltas y llevarlo a su terreno. Y te llaman utópica, se ríen de tus publicaciones con bastante poca gracia, o cosas peores. Sólo porque no sigues esa corriente negra que lo impregna todo. Quizá tenga complejo de salmón, pero pienso continuar por ese camino contrario.

 

Sí, es cierto que los periodistas tenemos que alzar la voz contra las injusticias,  visibilizar determinadas situaciones para que se corrijan. Un deber tácito que, por otro lado, no implica que el 95 % del contenido que publique en redes tenga ese tufillo pestilente, ese regusto amargo.  No y mil veces no: lo malo, sólo lo malo, no nos hace avanzar, por mucho que haya quien se empeñe.

 

El hecho de que haya tomado la decisión de compartir contenido eminentemente positivo no implica que esté ciega, que no sepa ver la realidad que me rodea. Soy plenamente consciente de ella, consciente de las carencias de nuestra sociedad, de nuestra ciudad, de nuestro país. Y lo que me parezca rematadamente mal, seguiré denunciándolo como hasta ahora. Pero, junto a ello, prefiero otro tono en general. Simplemente intento dar ese punto amable, que si se sumara a otros muchos más, conseguiría revertir la tendencia. Y ver la vida con optimismo, con ganas, teniendo esperanza en la bondad del ser humano.

 

Sueño con ese momento. Con el día en que me conecte y no me entren ganas de desconectarme a los dos minutos. Que no me frustre porque haya quien viva para frustrar a los demás. Que se respete por encima de todo. Y que no pisoteen mis ganas de felicidad, que de eso ya se encarga solita la vida cuando se le antoja.

Comentarios

Guillermo Buenadicha 05/09/2018 15:32 #1
En primer lugar, Auxi, enhorabuena como siempre por tus artículos, que muestran que la carrera de periodismo y seguramente la práctica de la misma y la lectura garantizan la capacidad de escribir clara y ordenadamente, y de transmitir pensamientos de una forma estructurada y a la vez elegante. Permíteme la osadía de un comentario a tu artículo; lejos de mí el intentar ser un "personaje o personajillo pendiente de cada detalle que escribes para buscarle las vueltas y llevarlo a mi terreno", llamarte utópica o intentar llevar los temas a mi terreno. Pero espero que entiendas que desde el momento en que publicas algo, y máxime en este foro de Tribuna que permite comentarlo, su apostillado "va de soi". Y puesto que viertes una opinión o criterio, y no un dogma o un enunciado científico, estoy convencido de que entiendes sin problemas que existan opiniones alternativas. En primer lugar, me permito indicarte lo curioso que me parece el defender en un artículo el positivismo para en él al mismo tiempo indicar que te irrita soberanamente cuando se alzan voces contra el mismo. Expresar que algo te irrita soberanamente es negativista, creo. Un artículo para protestar contra los que critican que critiques que se proteste es un concepto alambicado al menos para mis cortas entendederas. Es lo que la gente hace cuando en Twitter o Facebook indica lo malo de lo que ve o percibe. Por otro lado, dices también que "lo que me parezca rematadamente mal, seguiré denunciándolo como hasta ahora". Es decir, admites un margen para la denuncia y no para la loa, pero parece ligado (ese margen) a "lo que te parezca rematadamente mal". Comprenderás que hay gente (entre la que me incluyo) para la que haya cosas que consideren rematadamente mal y que tu no compartas, o que por contra, consideren que tus denuncias a lo que tu consideras rematadamente mal debieran de sustraerse de las redes en aras de un espíritu más conciliador en las mismas. Sé a buen seguro que eres consciente de esto, y de que eso es lo que conforma la naturaleza humana, y gracias a Dios la variedad de pensamiento en una sociedad plural. Por otro lado, sí es cierto que hay timelines (ya me gustaría a mí encontrar un castellanismo para eso) de gente que tan solo están poblados de rencores, desgracias y críticas, quizás reflejo de un carácter poco afortunado o castigado por la vida y circunstancias. Afortunadamente son las menos. Pero hay otros (humildemente pongo el mío a tu disposición) donde se entreveran alabanzas, críticas, vídeos de gatitos, y sobre todo mucha ironía y juerga, que uno postea tal y como es. Es decir, no creo y no comparto en absoluto tu tesis de que exista "una corriente negra que lo impera todo", no es lo que yo percibo. Cuando entro en Twitter (no uso FB) normalmente acabo riendo, aprendiendo, o iniciando banales y siempre entretenidos intercambios de naderías sin mayores pretensiones. Intento no hacer tajantes afirmaciones, ni creerme las que lea como tales. Además, si una ventaja tienen las redes sociales es que uno elige a quién seguir. Si una cuenta no es de mi agrado, la quito de mis seguidas, y aquí paz y después gloria. No es mi práctica habitual, ya que me interesa también conocer los puntos de vista de gente con la que pudiera no sintonizar, pero lo que vengo a decir es que Twitter no es de una o de otra forma, sino de la forma que cada uno elegimos que sea. Si optas por solo seguir a @gatitosmimosos y @fotosdeamaneceres ten por seguro que tu vida no se agobiará en absoluto. Si solo sigues a @AwardsDarwin tu fe en que la raza humana llegue a perpetuarse una generación más será demolida en un soplo. Si sigues a @KRLS el país en el que vives te parecerá ajeno, sin duda. Y así todo. Finalmente, respeto profundamente y defiendo como decía Churchill el que cada uno elija sobre lo que publica o deja de publicar. Respeto igualmente, pero no comparto ni defiendo cuando esa elección, que debiera ser algo personal, se vende como "la mejor" frente a otras opciones, cuando la selección propia se convierte en movimiento social, cuando algo se defiende como verdad y bondad frente a otras elecciones de vida. Sabes de mi dedicación y amor por mi ciudad, llevo años (perdón si así lo digo, pero bastantes más que tú) hablando de ella y sobre ella en redes y artículos, y promocionándola entre mis conocidos. Y precisamente por ello, por mi amor por ella, no puedo callar frente a lo que considero erróneo o mejorable, ni quiero aceptar que el mero optimismo y buenismo vaya per sé a sacarla de sus innegables problemas. Pero fíjate que es opinión personal, y aunque con mi actitud defienda el "antiabulensismo-pro-abulense", no hago de esto bandera o lazo que vender al resto de los internautas (término que asombrosamente ya es viejuno...). Y si en algún momento haga comentarios sobre propuestas o colectivos, ten a buen seguro que serán siempre desde un tono y sentimiento amigable y quizás humorístico, pero nunca desde lo destructivo y ofensivo. Un muy cordial y respetuoso saludo, y que alcances esa felicidad a la que aspiras.

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