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Auxi Rueda

“LA” conversación

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Por más que haya smartphones y tablets. Por más que conversemos habitualmente por whatsapp. Por más que la tecnología sea quien rige nuestra forma de interrelacionarnos con los demás, hay un tipo de comunicación que debe seguir apostando por el contacto interpersonal, cálido y humano: las conversaciones con nuestros hijos.

 

Este verano he tenido “LA” conversación con mi princesa mayor. Llevaba tiempo dándole vueltas a la cabeza a este asunto. Sabía que tenía que llegar ese momento, que quería llevar de forma personal e íntima con ella. Cada vez la veo más grande y menos niña, y me preocupaba que llegaran los cambios antes de haber hablado con ella, o que descubriera sola este paso hacia la vida adulta sin haber tenido información previa, ni apoyo familiar.

 

¿Por qué en verano? Pues quizá por nostalgia. Cuando yo tenía diez años, en una playa francesa, mi madre me invitó a dar un paseo por la orilla, en la que, a la manera de entonces, me comentó cómo iba a ser el paso hacia la pubertad. Tal vez ese sentimentalismo me llevó a intentar recrear el mismo escenario, siguiendo los mismos pases que tomaron conmigo hace 27 años.

 

Así que esperé a las vacaciones, cogí a mi futura adolescente y me la llevé a pasear por la playa. Mentiría si dijera que no estaba nerviosa. No es fácil hablar de sexo con una niña, ni contarle qué es la regla o para qué sirven los tampones. Pero hay veces que los padres debemos tragar esos nervios para demostrar a nuestros hijos que no hay temas de los que no puedan hablar con nosotros. Porque ahí es donde se genera la verdadera confianza.

 

“LA” conversación asusta, porque nuestra generación no estaba acostumbrada a hablar de estos temas. Eran tabú para una sociedad que apenas comenzaba a despertar de su letargo. Ahora, en un ambiente de hiperinformación, creo que este tipo de charlas madre/padre-hijos son cruciales para asegurarnos de que somos nosotros los verdaderos ‘influencers’ en la educación de nuestros vástagos. Antes de que se asusten por cambios que no conocen, antes de que encuentren información sesgada o descontextualizada, antes de delegar en un tercero, es preciso que cojamos el toro por los cuernos y llevemos a cabo nuestra principal tarea como padres: educar, según nuestros propios valores personales, nuestras propias creencias.

 

Y ahí estuvimos, casi tres cuartos de hora caminando entre castillos de niños y señores jugando a las palas. Y, entre dato y dato, miradas, preguntas, confesiones. Cero sonrojos. Cero incomodidades. Y mucha, mucha libertad. Cuando acabamos el recorrido en la otra punta de la cala, me interesé por saber si tenía alguna duda o le preocupaba algo. Y me aseguré de recalcarle que siempre iba a poder contar con sus padres para todo en la vida. En ese momento, se detuvo: me miró a los ojos y me abrazó. No hizo falta decir una sola palabra más.

 

Y ese instante me llegó al alma. Porque hubo una conexión real entre nosotras, una sensación muy difícil de explicar. Fue entonces cuando supe que habíamos abierto una puerta, un camino hacia una relación especial entre nosotras. Y eso, siento decirlo, no se consigue con tecnología, sino con la comunicación más efectiva que puede llegar a existir: el amor.

Comentarios

Patricia 20/09/2018 14:02 #2
Me sorprende enormemente que consideres que el sexo, o la menstruación, son tabúes para una generación nacida en los años 80. En la de nuestros padres desde luego, en la nuestra, los que ahora estamos en la treintena, desde luego que no.
Viejoven 19/09/2018 18:51 #1
¡Pero qué historias más dulces se inventa usted! ¡Todo es de color de rosa en sus mundos de yupi!

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