Historias de una becaria feliz
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Historias de una becaria feliz

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En estos días en que el calor empieza a apretar, observo con nostalgia y algo de envidia la llegada de los chicos de prácticas a los medios de comunicación. Los becarios, como hemos llamado toda la vida, aunque ahora haya a quien no le guste la denominación por las connotaciones negativas que algunos se hayan empeñado en otorgarle.

 

Y sí, he dicho envidia porque recuerdo con mucho cariño aquellos años en los que tuve la suerte de aprender tanto. Creo que la mejor decisión que he tomado en mi vida es sacrificar aquellos cuatro veranos de mi carrera universitaria para cambiar la playa por el calor informativo de Ávila. Y a coste cero. Porque sí, yo fui de aquellas becarias que no recibían más que la honra del conocimiento. Para mí, el mejor sueldo posible.

 

Comencé mis prácticas en la desaparecida Radio España el verano del año 2000. Allí confiaron tanto en mí que pronto me encargaron entrar en antena durante el magazine local, para más tarde sustituir a la locutora al frente del mismo durante sus vacaciones. Me recorrí (radiofónicamente) todos los pueblos de la provincia de fiesta en fiesta, entrevisté a un imberbe Iker Casillas que empezaba a llamar la atención en el Madrid del recién elegido presidente Florentino Pérez, y viví cientos de experiencias que disfrutaba cada día.

 

De ahí, a la COPE. Al año siguiente recalé en la nueva emisora de la ciudad. Mi primer encargo: presentarme en el pleno del ayuntamiento, donde mi querido Álvaro Mateos había dejado un cacharro que no había visto en mi vida: el minidisk. Junto a él, anotaciones y dioramas que explicaban al detalle qué botones debía pulsar para grabar y hacer cortes de sonido (notas que aún conservo con cariño). Entonces comprendí que no sólo debía aprender a actuar delante del micrófono, sino que era importante también la parte técnica. Grandes clases de grabación tuve con Manolo en la mesa de sonido, aunque creo que tendré que refrescarlas en breve ...

 

De la radio azul me llevo cientos de historias. No en vano, fueron tres años de prácticas estivales e invernales (sí, también empecé a colaborar durante las vacaciones de Navidad). Viví reportajes insólitos de caravanas de mujeres en los pueblos de la provincia. Sufrí por tener un verano tan plano que tuve que abrir un informativo dando la noticia de la falta de ventiladores en las tiendas de la ciudad por una ola de calor (ojo, que llamé uno a uno a todos los establecimientos para comprobarlo). Disfruté con entrevistas a conocidos cantantes a las tres de la mañana en sus camerinos, tras haber actuado para las fiestas de verano. Aprendí que no se debe correr para llegar a tiempo al boletín informativo, porque la falta de resuello me impedía locutar en condiciones. Fui feliz, y lo sigo siendo, porque he tenido la suerte de seguir en contacto directo con esos micrófonos que tanto me enseñaron, que tanto me ofrecieron.

 

Por eso, siempre que tengo la oportunidad de hablar con un estudiante de periodismo, mi discurso es el mismo: busca unas buenas prácticas. Prácticas con futuro, de las que curten al futuro plumilla. Que le implican de verdad, donde se le deje opinar y se le enseñe sin desdén ni prepotencia. Donde se le haga partícipe del día a día y se le concedan progresivamente responsabilidades. Donde pueda respirar la rutina informativa, dejarse hechizar por el embrujo del periodismo real. Donde pueda experimentar, por vez primera, la adrenalina corriendo por sus venas cuando entra en una emisión nacional. Sensaciones que se recordarán toda la vida.

 

Siento un profundo agradecimiento infinito hacia todos cuantos me enseñaron algo en aquellos años: Carlos de Miguel (mi primer director), Ana Agustín, Soto, el propio Álvaro; Isidro, Alejando o Javier Visiers (mis otros directores); Reyes, Manolo, Silvia,… Grandes amigos. No tenían por qué hacerlo, por qué molestarse conmigo o los demás becarios, porque realmente estábamos de paso. Pero estas personas que invierten su tiempo en ti son las que te dan ese primer brochazo de tu vida profesional. El talento, las calificaciones, la teoría, todo eso no vale nada comparado con el esfuerzo y la entrega. Eso lo aprendí siendo becaria.

 

P.D. Sí, esa de la foto soy yo, en mi primer verano en COPE, con apenas veinte añitos. Cómo hemos cambiado …

Comentarios

Auxi Rueda 28/06/2018 23:59 #2
¡Por supuesto que me acuerdo de Radio Veritas! Allí entré con 14 años, pero no precisamente para hacer prácticas, sino para algo más relajado, como un hobby. Efectivamente fue mi primer contacto con el micrófono, pero no puedo considerarlo parte de mi etapa como becaria porque fue anterior a ésta.
Radio Veritas 28/06/2018 05:19 #1
Te olvidas de tus programas en Radio Veritas, la emisora de la parroquia de Santo Tomás. ¿Allí no aprendiste nada?

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