El reinado de Instagram
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El reinado de Instagram

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Un fondo bonito, un filtro curioso, un hashtag adecuado. Cada día una foto, cada instante un recuerdo. Últimamente paso mucho más tiempo en Instagram que en cualquier otra red social. Mirando publicaciones de conocidos, compartiendo mis vivencias, interactuando con contenido etiquetado de mi interés. Y creo que no soy la única que ha cambiado de preferencias en este sentido: Facebook me aburre, Twitter se me queda corto. Pero aquí … creo que tengo lo que necesito. Instagram está de moda.

 

Sin duda es la red social del momento, con un nivel de crecimiento muy por encima de sus “hermanas mayores” Twitter o Facebook. En este momento ya cuenta con más de 1.000 millones de usuarios  y 400 millones de personas que utilizan sus Stories (publicaciones de contenido efímero) a diario. Y la previsión es que estas cifras vayan a la estratosfera en los próximos años, pues hay quien pronostica que en 2021 triplicará en usuarios a Twitter, al menos en España.

 

¿Dónde está la clave de ese interés? Nos hemos dado cuenta que a través de la imagen se pueden contar muchas cosas. El impacto visual que provoca la una fotografía en nuestra retina es mucho más potente que cualquier eslogan pegadizo, o incluso mejor que cualquier blog bien elaborado. Algo que observamos principalmente en las nuevas generaciones, que se mueven como peces en el agua en el terreno de la estética visual.

 

En Instagram todo lo cuentas a través de la imagen. Olvídate de estados complicados de leer, quejas al aire en muros compartidos, o largos hilos donde argumentes tu malestar por cualquier tema que te afecte. Los usuarios de aquí necesitan contenido visual, una estética tendente a la belleza, y fundamentalmente con un tono optimista.

 

Precisamente por ello no hay que olvidar que a veces Instagram nos muestra una percepción distorsionada de la realidad, en la que no caben fallos estéticos, en la que la vida parece siempre vista desde un prisma de color donde todos son felices, y donde parecen haberse disipado los problemas. Buscamos la mejor imagen, el mejor encuadre, la mejor luz. Hay quienes pasan horas para sacar la foto perfecta, esa que nos proporcione nuestra dosis diaria de likes. Tenemos la necesidad de dar a conocer al mundo lo felices que somos, lo bien que lo pasamos y lo sanos que nos hemos vuelto, que nos encanta ir al gimnasio y tomar smoothies. Y entonces triunfan formas de posar como el “Barbie feet”, pasamos todos nuestros primeros planos por un filtro Valencia, o usamos hashtags tan edulcorados que podríamos provocar un colapso en un diabético. Somos la generación del postureo.

 

Tampoco le echemos toda la culpa a Instagram, que no deja de ser una herramienta. En cierto sentido, funciona exactamente igual que funcionamos todos en la vida real. Siempre tendemos a proyectar lo mejor de nosotros mismos, ya sea como forma de autoafirmación, de buscar la aprobación de los demás o, simplemente, por el placer de exhibirse. El problema llega cuando queremos aparentar ser algo diferente a lo que somos. Y no es un problema menor. Si afecta a los adultos, imagínate lo que puede llegar a influir en un joven o adolescente que aún no tiene del todo formada una clara personalidad.

 

Pero, centrándonos en el tema del boom de esta red social, si hay algo que la hace realmente atractiva es su capacidad de reinventarse e innovar. Casi de forma constante, ofrece al usuario nuevas posibilidades para compartir contenido y consumirlo de muy diversas formas. Y todo con un objetivo claro: que pasemos cada vez más tiempo en esta aplicación. De las fotos estáticas pasamos pronto a los populares Stories, y de ahí a la más reciente incorporación: IGTV, la plataforma de vídeo que pretende llegar a competir con el mismísimo Youtube. Las posibilidades de interacción son casi infinitas.

 

Y eso lo saben bien las empresas, o al menos buena parte de ellas. Esta plataforma puede ser una gran herramienta de marketing para cualquier negocio si éste se plantea coherentemente una buena estrategia online. A los consumidores cada día les importa más lo que piensen y recomienden sus conocidos. Y como una imagen vale más de mil palabras, las redes sociales cada día conquistan más usuarios. Instagram puede ser una buena plataforma para hacer branding y atraer clientes a un negocio determinado. Y es que el contenido netamente visual es el que mayor penetración y atractivo tiene en el mercado. Asimismo, a través de las imágenes se puede crear un vínculo emocional con los clientes, mayor incluso que el que se obtiene con un simple texto. Si a esto le sumamos la nueva funcionalidad para empresas en la que se pueden etiquetar productos en las fotos y el usuario pueda comprar directamente aquello que le ha conquistado de una imagen, la jugada empresarial es redonda.

 

Lo que está claro es que en un mundo plenamente social y eminentemente visual, Instagram se pone la corona para reinar asaltando nuestras retinas. Así que … ¡cámara y acción! Listos para compartir.

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