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Auxi Rueda

El armario de las ministras

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Jueves 7 de junio. Consejo de redacción de un gran periódico nacional. Alguien levanta la mano y propone un artículo revolucionario para el fin de semana. “Vamos a analizar la ropa de las nuevas”, anuncia emocionada. Todos aplauden. Una genialidad. Seguro que a nadie se le había ocurrido antes. Saben que han dado en el blanco. Saben que las ventas van a subir. Saben que le han dado a su público lo que quiere. Y lo saben porque están ante una noticia de gran calado informativo, de gran interés para la sociedad: el vestuario de las ministras del nuevo Gobierno. ¡Un bombazo en toda regla! Porque, ¿quién no quiere conocer si la titular de Defensa lleva un Gucci, o la Vicepresidenta es más de ‘outfits’ casuales?

 

Obviamente esto es pura imaginación, pero sería la única explicación plausible que se me ocurre para justificar que un medio centenario, con una gran reputación a sus espaldas, haya caído en el machismo más rancio y apolillado para vendernos a doble página un artículo a la par denigrante y vergonzoso para la profesión periodística. Que lo firme una mujer es la puntilla que le faltaba.

 

Del texto no se salva nada, ni siquiera la portada tan carca que le han dedicado. Pero entre todo despropósito, destaca el comentario más deleznable: el referido a la ministra de Trabajo y Migraciones, Magdalena Valerio. Ojo a las perlitas de la redactora: "Esta extremeña de buen físico, recriada en La Mancha, de ojos penetrantes y chasis de aquí te espero, ha sabido siempre sacarse partido. Ha superado una enfermedad con turbantes bien escogidos colocados con gusto, ha lucido el cabello corto con valentía, mostrando que es capaz de estar atractiva y femenina en cualquier circunstancia. Y sigue luciendo su maquillaje marcado y sus labios rojos".

 

No soy feminista ni tengo ganas de serlo. No me gustan los “-ismos” (me parecen un estigma social aún demasiado grande), pero tampoco me gustan las desigualdades ni las groserías. Y cosificar a las mujeres de la manera que ha hecho este periódico me parece tan lamentable que espero que sea digno de estudio y análisis en las Facultades de Comunicación.

 

¿De verdad era necesario? Entiendo que este tipo de artículos pueda tener cabida en revistas del colorín, que tengan su público (confieso que a mí no me interesa lo más mínimo). Pero en este caso concreto me chirrían tres cosas: que se haya publicado en un medio generalista, que utilice expresiones tan poco afortunadas como trasnochadas, y que se centre más en analizar el atractivo físico que en la valía personal y profesional.

 

Si hay una cosa que me molesta especialmente como mujer es cuando me tratan como si no supiera de algo (me ha pasado varias veces en el mecánico, por ejemplo), o cuando me hablan con una condescendencia absoluta. Señores, a ver si nos enteramos de una vez por todas: somos algo más que unos labios rojos y un chasis aceptable (o no). Somos personas. Personas que trabajan, que se lo curran, que somos válidas, y no precisamente por nuestro aspecto; o incluso a pesar de él. Con todo lo que se está luchando para que nos juzguen por nuestras capacidades y no por nuestros muslos, con lo que cuesta hacerse valer, que venga una doble página de un periódico a decirnos que tenemos que hacer concesiones al maquillaje para estar medianamente aceptables, no sé si es para gritar de frustración, de rabia o de pena.

 

Y me duele. Me duele porque es el trabajo de un medio con cierta relevancia. Me duele porque, como periodistas, tenemos una responsabilidad en formar las conciencias de nuestra audiencia y en contribuir a los cambios que la sociedad demanda. Haríamos tanto bien si remáramos en la dirección correcta … Pero es que no podemos decir de boquilla que se apoya “la causa de la mujer”, y luego venderla en un mercado de carne. ¿Qué causa es esa? Aquí la única causa es la del ser humano, en general, hombre y mujer, distintos pero iguales y complementarios. Mientras esta forma de pensar siga siendo el substrato del periodismo más rancio y decimonónico, en vez de contribuir al progreso social estamos desandando el camino ya recorrido. Algo huele a podrido, y no es la naftalina del armario de las ministras.

 

P.D. Cuando termino de escribir este artículo, me llega una nueva “joya” de otro periódico nacional, clasificando la belleza de las WAG´s (las novias y consortes de los futbolistas) de cara al Mundial. No aprendemos, no aprendemos…

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