Conectándonos a los demás
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Conectándonos a los demás

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No son pocas las ocasiones en las que nos alertan sobre los peligros de un mal uso de las redes sociales y las nuevas tecnologías en general. Uno de ellos es la desconexión que pueden propiciar con quienes tenemos más cerca. Físicamente estamos con  ellos, pero nuestra atención está en otro lado. Supongo que no te será extraña la estampa de una familia sentada en el sofá de su casa sin dirigirse la mirada los unos a los otros, pues están pendientes cada uno de su propio dispositivo digital.

 

Hay gente que se vuelve adicta a ellas, no puede dejar pasar mucho tiempo sin estar revisando sus redes sociales. Y si por alguna razón no puede hacerlo, se siente ansiosa y estresada.

 

Efectivamente, esta situación es cada vez más frecuente y nos lleva a criar una generación de niños y jóvenes aislados de su realidad más cercana, perdiéndose las ventajas de una conversación cara a cara, un trato directo y personal. Es triste que estemos más enterados de lo que les pasa a otras personas porque lo pusieron en Facebook y no sabemos lo que les pasa a los que viven o trabajan con nosotros.

 

Sin embargo, en las nuevas tecnologías veo también una posibilidad de darle la vuelta a este problema y convertirlo en toda una oportunidad. Del aislamiento a la conexión real. Porque ese es el cometido con el que nacieron las redes sociales en un principio: crear una red global de contactos de personas con intereses similares. Desgraciadamente, el contexto se ha desvirtualizado en exceso.

 

Twitter ha supuesto para mí todo un descubrimiento en este sentido. Ya comenté hace unos días que quizá haya quien lo utilice para desahogarse. Sí, la mayoría. Lo sé. Pero la red del pajarito azul no es un diván sin más al que contar tus penas. Cuando escribes, cuando comentas, cuando entras en una conversación, empiezas a tejer una relación con esos otros tuiteros que interactúan contigo. Y es fascinante ver cómo se van construyendo historias comunes entre personas dispares.

 

En los últimos meses, he podido conocer gente con la que, de otra forma, estoy segura que no habría coincidido nunca. Tenemos trabajos distintos, no compartimos los mismos ambientes, no nos cruzamos por los mismos lugares. Incluso tenemos ideas muy diferentes en determinados temas. Y, sin embargo, hemos conectado a la perfección por algún interés común, por pequeño que éste pueda parecer. De la esfera virtual hemos pasado al contacto real, hemos tendido un puente y nos hemos acercado al terreno de la amistad. Y créeme: es fascinante.

 

Claro, esto supone un peligro añadido, que es no saber quién está al otro lado. ¿Me estará engañando? ¿Irá con malas intenciones? Para superar esa barrera de los miedos, siempre hay que echar mano del sentido común y contrarrestar con otra serie de preguntas: ¿está compartiendo su nombre y apellidos de forma real?, ¿conoces el entorno donde se mueve?, ¿el contenido que comparte está libre de sospechas?, ¿tiene contactos comunes contigo a quienes puedas preguntar? Ahí, y sólo ahí, es cuando podemos dar el paso  hacia la desdigitalización de una persona.

 

Algo que, por otra parte, nos ponen muy fácil algunos eventos. Tuitquedadas, acciones tipo ‘meet and beer’, mesas redondas o conferencias … ¿Recordáis el ‘Social Media Day’ de Ávila? Lugares “seguros” donde contactar con aquellos con quienes conversamos en la Red y poder por fin ponerles caras. Y que, de alguna manera, ya forman parte de nuestro día a día, pues los hemos incorporado en nuestras conversaciones, aunque éstas se realicen con un ordenador o un móvil de por medio-

 

Se trata, por tanto, de volver a la raíz de las redes sociales, para que nos proporcionen ese punto de interacción al que siempre aspira el ser humano. Porque no es posible que en plena era de la comunicación, nos dejemos llevar por la soledad y el individualismo: vayamos al encuentro de los demás.

Comentarios

Inesita Valiente 12/09/2018 17:03 #1
A mi me ha pasado justamente lo contrario. Conocía gente que pensaba que era de una manera y resulta que se ampara en el anonimato para faltar al respeto a gente que no comparte sus mismas ideas. La falsedad de las redes sociales es muy grande

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