La era del desarrollo

Desarrollo detail

Desde el momento en el que una empresa se plantee siquiera subsistir, debe hacer obvio que serán sus empleados los que dictarán el camino hacia el éxito o hacia el fracaso.

No muchos años atrás la ética de empresa, en lo que a dirección se refiere, dictaba que la rentabilidad de un empleado en la empresa pasaba por una asunción "inequívoca" de ordenes y responsabilidades llegadas desde sus superiores y, en caso de fiasco, sería la mala ejecución del empleado la que abocó al fracaso la operación. Es la llamada "Era industrial". La era industrial marcó una época en la que la jerarquía seguía un patrón evolutivo en la toma de decisiones, es decir, tanto eres en la empresa, tanto mandas. Aún sin extinguir, éste modelo obsoleto de dirección resta importancia a las capacidades del empleado y centra toda su atención en un modelo autocrático, rígido y excesivamente ortodoxo de conducta. Sencillamente los empleados son tratados como simples operarios y se les toma como personas indolentes, sin autonomía ni iniciativa.

El peligro del liderazgo en la era industrial fue la intención de consecución de un objetivo claro y en detrimento del equipo: trazar una línea divisoria entre mandatarios y operarios. Donde los empleados eran meras máquinas de trabajo. Un viejo proverbio advierte lo siguiente: "Cuanto más pienses que tus empleados son tontos, más posibilidades tendrás de conseguirlo." Y no. No es que las personas pierdan su inteligencia en el proceso. Es que se vuelven apáticas, desconfiadas, rehuyen del trabajo y de las responsabilidades. La sensación de inutilidad hace que las personas no se comprometan con su trabajo. No existe nada peor que una persona que se sienta desligada de los objetivos de su empresa. La diferencia de lo que realmente ocurre es notoria.

 

Stephen R. Covey dijo: "Quien valora el ingenio, la capacidad de aprendizaje, innovación, adaptación y la contribución única de los empleados, cuenta con la mejor de todas las armas de progreso. Aún estando en situaciones límite."

 

Para guiar y aprovechar el enorme poder que otorga una posición alta se debe tener un carácter adecuado. Cada vez más se considera la idea de que el poder no corrompe, sino que potencia la decencia o la indecencia de cada individuo.

 

Se debe ser humilde e inteligente para saber delegar las tareas complicadas a aquellas personas más capacitadas de nuestro equipo. Eso es lo que hacen los buenos líderes y las empresas de éxito. Los líderes fijan los objetivos y el equipo cómo alcanzarlos. La actual "Era del conocimiento" tiene una marcada confianza en las personas, donde el empleado asume su propio compromiso y se convierte en su "propio" jefe. Se invierte menos tiempo en controlar a las personas porque estas son capaces de autodirigirse. Este paradigma de liderazgo permite así desplegar todo el potencial creativo y recursivo de cada persona.

En las sociedades post-industriales ya no se respeta a los demás por el cargo que desempeñan si no por el ejemplo que dan a los demás. Con el liderazgo actual ocurre lo mismo. Es por eso que es tan peligroso el "micromanagement" o microgestión. Si un jefe solo confía en si mismo difícilmente conseguirá que le sigan. Se necesita valor para ser humilde. Para abandonar trincheras y extender la confianza a quien la merece.

 

Las nuevas organizaciones cada vez más otorgan ese valor necesario y huyen del poder jerárquico para sumir a la empresa en un "círculo de capacidades", donde a todo el mundo no solo se le sube al autobús, si no que además se le sienta en el asiento adecuado. Los continuos cambios a los que se ven expuestas las organizaciones exigen de los líderes y de su equipo su mejor versión, y es a través de una confianza genuina como se consigue que todos asuman su parte de responsabilidad y trabajen en la misma dirección. 

Sin duda la confianza se erige como una de las grandes triunfadoras a la hora de desarrollar con éxito un equipo de trabajo. Y es ahí donde la nueva era del conocimiento se desmarca. Donde antes se ocultaba ahora hay transparencia. Donde antes se culpaba ahora hay asunción de responsabilidades y donde antes se mandaba ahora se escucha, se confía y se implementan las aportaciones de aquellos que saben lo que hay que hacer, independientemente del nivel en la jerarquía.

 

No cabe duda de la diferencia entre las eras industrial y del conocimiento o las denominadas empresas X e Y (Douglas McGregor,1960). Cada vez más organizaciones se suman a esta metodología de liderazgo. Lo que hace falta ahora es el personal adecuado para implementarla y para ello hay que asumir todos los rasgos de la misma y procurar ponerlos en práctica. Como ya dije antes, el ejemplo que ejerce el líder sobre los demás es fundamental y si el nuevo modelo de conducta no es correcta y genuinamente interiorizado se pagarán las consecuencias en términos de confianza y por ende, de resultados.

Comentarios

Teresa 22/01/2018 14:38 #1
Me quedo con tres ideas fundamentales que resumen todo el articulo: " En la obsoleta era industrial, los empleados eran meras maquinas de trabajo ( nada peor para una persona que el sentirse desligada de los objetivos de su empresa. El poder no corrompe, potencia la decencia o indecencia de cada individuo. Se necesita valor para extender la confianza a quien la merece. Yo añadiría: Se necesita más valor para retirar la confianza a quien no la merece.... Válido para todos los ámbitos de la vida.TODOS.!!!!!!

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