El valor de la disciplina

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Muchas personas no quieren resolver sus problemas, solo quieren que alguien escuche sus interminables quejas.

Cómo empleamos nuestro tiempo puede determinar lo lejos que podemos llegar en la vida. ¿Por qué? Porque cada segundo que no empleamos en ella es tiempo que desechamos para crecer en ella.

 

Si no establecemos una proactividad inminente se hace fácil alejarnos de las metas que nos propusimos en los momentos en los que fue fácil sentirnos motivados. Este es uno de mis ejemplos favoritos de frustración. La ilusión de un nuevo mañana suele acabarse tan rápido llega el día y nos tenemos que poner a trabajar.

 

Una de las principales formas de cambiar nuestras vidas es ser conscientes de la importancia de envolver de prioridades todo nuestros actos, tanto los que nos dedicamos a nosotros mismos como los que dedicamos a los demás. Y es que rara vez nos damos cuenta del tiempo que perdemos en relaciones que no nos aportan ni un ápice de bienestar. Nos hemos asentado en una larga inconsciencia social que nos lleva a tener interacciones interminables sin sentido con nuestro entorno, en un intento de mantener el pacto social propio de una persona educadamente aceptada. Mantenemos hilos de conversación con personas a las que apenas conocemos o realizamos actividades que no soportamos para encajar en determinados grupos o con determinadas personas, en lugar de centrarnos en nuestros verdaderos deseos.

 

Cuando los seres humanos quieren cambiar algo, por lo común muestran un elevado desprecio a la utilización de su tiempo. Así, por ejemplo, activamos todas nuestras alertas sobre la importancia de conseguir un resultado concreto como puede ser realizar actividad física, pero no estimamos ni el tiempo que le vamos a dedicar ni el sacrificio que debemos realizar. Únicamente pensamos en que sea lo que sea que vayamos a hacer, no esforzarnos en exceso. Esta modalidad de conducta es propia de alguien que desea cambiar algo pero no se hace cargo de la responsabilidad que implica, desechando semanas o incluso meses realizando actividades provenientes de las excusas, sin llegar a gastar apenas aliento en su propósito original. Apenas, si es que alguna vez lo hacemos, tenemos atisbo del tiempo de vida que perdemos.

 

"Yo escribo solamente cuando la inspiración viene. Afortunadamente, viene todas las mañanas a las nueve en punto". William Faulkner

 

La vida tiene muchas trampas que nos alejan de nuestros propósitos. La diferencia entre la gente de éxito y los "don nadie" del mundo proviene de un atributo que rara vez llegamos a dominar en toda nuestra vida: DISCIPLINA. La disciplina es lo que separa la intención de la consecución. Transforma cualquier deseo de logro en posibilidad de conquista. No basta con ser apasionado, cuando la motivación desaparece y no hay nada que evidencie progreso, es la disciplina la que mantiene vivo el sueño.

 

La disciplina entendida como motor de satisfacción solo está al alcance de quienes se atreven a experimentarla. Estas personas conocen bien el valor de perseguir de forma permanente sus aspiraciones en la vida y se muestran dispuestas a seguir caminando bajo cualquier condición. Los enemigos de la disciplina son bien conocidos para algunos, razón por la que limitan sus posibilidades de éxito de forma drástica. La procrastinación, el pesimismo, las creencias limitantes, pueden arrollar todas nuestras motivaciones si no se lo impedimos en el instante en el que nos empiezan a frenar. Y es que si queremos multiplicar nuestras opciones de logro debemos mantenernos en el juego, aun si solo recibimos rechazos, aun si dudamos de lo que hacemos, aun si se repiten los golpes que amenazan nuestra capacidad de compromiso. Una vez dejemos de demandar nuestra mejor versión, solo nos queda asumir el fracaso.

 

Cuando alguien se equivoca puede lamentarse y abandonar o continuar y aprender. Ese es el valor de la disciplina.

 

Tratar de que todo salga bien a cada momento es como hacer puenting sin sujeciones. Antes o después descubriremos el error. No podemos pretender sentirnos alentados por el progreso a cada instante, porque habrá momentos en los que vamos a retroceder. Mientras hay personas que se lamentan de haber perdido el tiempo otras en cambio entenderán el valor del esfuerzo invertido, recogerán las lecciones llegarán a la meta. Esa es la magia de la disciplina. Es no desperdiciar ni un segundo en nada que no signifique crecimiento. Es invertir todo cuanto tenemos en aquellos que a su vez darán lo mejor de sí para vernos triunfar. Es crear todo un círculo de impulso y apartar lo que nos sea tóxico y letal.

 

Cuando seamos conscientes de que invertir en todo lo que no sirva para avanzar en nuestro camino no es perder el tiempo, sino la vida, daremos a la disciplina un nuevo significado. Entonces las disciplina se convertirá, sin lugar a equivocarse, en una de las claves de nuestro éxito.

 

Si crees que madrugar para ir al trabajo o acudir un par de veces a la semana al gimnasio es sacrificio y hambre de logro, prueba a echar un vistazo a la vida de cualquier atleta olímpico. Puede que descubras que no has estado haciendo lo sufuciente para alcanzar tus metas.

 

 

Comentarios

Roberto Serna 11/01/2019 21:56 #6
Un día Ana, me tienes que enseñar esa agenda. A ver si la llenamos de frases constructivas. Pequeñas lecciones. Sí! La toxicidad social es amplia y por lo general llevada hasta la extenuación por personas que camuflan su malestar emocional. Entonces si son buenos en ello, pasan desapercibidos, pero te destrozan a ti también como no te des cuenta. Podríamos dedicarle un artículo a todo esto, con vuestros comentarios me dais muy buenas ideas.
Ana 09/01/2019 21:18 #5
Otra buena frase para mi agenda: " Muchas personas no quieren resolver sus problemas, sólo manifestar sus interminables quejas". No puedo estar más de acuerdo. Creo que en otro de tus artículos mencionadas, Roberto, a las personas "tóxicas"; verdad que tiene relación ? Sólo con un poquito de sentido común, y otro poquito de atención y disciplina, llegaremos a conocer y diferenciar perfectamente a los que tenemos alrededor, y lo que es más importante aún, a conocernos a nosotros mismos. Y luego, diferenciar perfectamente, quien nos hace grandes como personas, y quien no.
Roberto Serna 08/01/2019 23:05 #4
Igualmente Gonzalo, feliz año! Estarás de acuerdo cuando digo que la disciplina separa a quienes son de quienes parecen. Sin disciplina no somos nada, no hay duda. Para mi también forma parte de las tareas primarias de toda persona en desarrollo. Un placer Gonzalo!
Roberto Serna 08/01/2019 23:02 #3
Jose Antonio de eso trata todo, y al hacerlo así, empezar a avanzar bao cualquier circunstancia. La vida suele complicarse para quienes esperan al momento oportuno. Un placer tenerte como lector!
Gonzalo José 07/01/2019 17:19 #2
Muy buenas tardes Roberto, y feliz Año Nuevo. Hoy nos hablas del valor de la disciplina. Ahí es nada. Todos los buenos principios que a lo largo de las semanas citas en tus artículos, son importantes para nuestro caminar como personas, pero el de la disciplina , para mi es el primero. Sin disciplina no somos nada; bamos dejando en el camino muchos proyectos y no sólo eso, sino que, sin disciplina, tampoco llegamos a realizarnos como personas.
José Antonio García de la Concepción 07/01/2019 10:42 #1
Citas a William Faulkner sobre la constancia en escribir y que lo hace a una determinada hora del día. Yo diría que la inspiración llega a cualquier hora del día, simplemente hay que anotar en una libreta o en el teléfono móvil aquello que es interesante y luego a una determinada hora del día generar el texto. Para eso hay que ser constante y disciplinado. Gracias por compartir tus reflexiones.

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