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La Sombra del Ciprés

Blog en Tribuna de Ávila de la Asociación de Novelistas La Sombra del Ciprés

Renovada Lectura

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Podría escribir sobre la actualidad que nos toca vivir en estos momentos. También podría decidirme en escribir una mini historia imaginaria en un mundo de fantasía. Podría hacerlo. Pero estoy tan harto de palabrería, mentiras, excesos y me pesa tanto el silencio de los muertos, que prefiero hablar de libros, pues de una u otra manera han viajado hasta  mis manos. Unos hace mucho y otros más recientes. Todos han dejado huellas impresas en la piel y en mí cabeza.  Desde luego, no son los únicos.

 

Si queréis acompañarme iniciamos el viaje.                         

 

Hermann Hesse, Obras completas de 1972.

 

Éste libro me ha acompañado por todo el país hasta mi asentamiento en la ciudad de Ávila en 2012. La introspección de Hesse le llevó a escribir el idílico poema Horas en el jardín. Un extenso poema que habla de retiro y aprendizaje en el cuidado y cultivo del huerto y su jardín. Me cautivó tanto la lectura, ya desde los primeros versos, que ha sido, y es, compañero al que recurro con frecuencia.  

 

En este volumen está escrita su obra poética y Cartas. Dos espacios literarios de su trabajo como escritor.           

 

Quienes hemos vivido el género epistolar lo hacíamos como la única forma posible de comunicación, y convencidos de que las cartas  suponían el cordón umbilical que nos acercaba a las personas que dejábamos atrás durante un tiempo más o menos alargado.

 

Por eso, a pesar del formulismo inicial terminaban siendo íntimas y personales.

 

Dado que las tecnologías han desplazado las cartas epistolares hasta casi hacerlas desaparecer, me detendré en CARTAS

 

El epistolario que Hermann Hesse comienza en 1927 y termina en el año 1950.            

 

Durante esos años se carteó con muchas personas de la época. Leerlas hoy puede ser un ejercicio interesante y enriquecedor.

 

Era una hermosa forma de comunicación, no hay duda, y muy usual hasta bien entrada la mitad del siglo XX.

 

Gao Xingjian, La montaña del Alma, editada en España en el año 2001

 

El encuentro fortuito de dos desconocidos en un tren  es lo que le motiva para iniciar esa búsqueda (puede que de sí mismo) en la inmensidad del país que lo vio nacer. Un falso diagnostico le condenaba a morir.  Ese es el detonante que le empuja. Como un turista más.

 

“Con la mochila a cuestas y una bolsa en la mano, paseas la mirada por el aparcamiento sembrado de envoltorios de polos y de deshechos de caña de azúcar”

 

És el inicio de este viaje en el que los personajes van apareciendo con lentitud. Poco a poco conoceremos a ella, tú, él…  Él parte de Francia, su país adoptivo.

 

Biografía y ficción se unen y emprenden el sendero  al encuentro de Lingshan. La montaña sagrada. A medida que se adentra en el país  va entablando conversaciones con personajes muy singulares. Él, va tomando buena nota de las vicisitudes que anota con meticulosidad en su cuaderno, donde vive y viven los personajes y cuantas leyendas, cantos y poesía le cuentan con quienes se detiene para hablar.  El erotismo aparece al encontrarse con ella, otra caminante que tiene grandes problemas emocionales y con la que durante un tiempo caminan juntos.  El viaje se convierte en una relación extraña e intensa. 

 

“Ella me condujo al piso del Centro Cultural, a la habitación de huéspedes en lo alto de la escalera. Dejé allí mi mochila, y ella me informó que su habitación se encontraba al final del pasillo. Me invitaba a ir a pasar un rato con ella”

 

Él viaja hacia su interior intentando encontrar sus posibilidades como narrador de historias. Cuando ella se marcha todo parece un cuento. Ha sido como un sueño.

 

 “Todos habéis venido,

seis veces habéis corrido en un día,

seis leguas habéis recorrido cada vez,

repartid el arroz en los infiernos

y habréis cumplido vuestra tarea.”

 

 

Los géneros se unen y abrazan en la polifonía de los personajes, de sus singularidades y sus miedos.  El resultado es una excelente pintura.

 

Isabel Mellado, El perro que comía silencio 2011

 

 

Isabel Mellado vive a caballo entre España y Alemania donde dice haber redescubierto la fuerza del idioma materno y la escritura.                                                                                                                                                                           

 

El perro que comía silencio es una casa encantada donde se respira y aspira ternura, sueños rotos, horizontes difuminados, soledad y vida. Los diferentes relatos  conforman un singular edificio de mágicos ladrillos hasta formar una casa de palabras no exenta de cierta ironía y humor comedido. Un libro sensorial y a la vez sensual, voluptuoso y en algún momento se muestra sinceramente duro.                                                                                               

 

El libro es una suite de novelesco vestuario que a hurtadillas se mira en el espejo.   

 

Tal vez cansado de mirar y mirarse decide ir de rebajas busca de un abrazo.                      

 

Pero... ¡Oh decepción!  Después de cuatro horas se da cuenta que ha sido un tiempo tirado a la basura. En demasía, para descubrir que ha sido uno y lo contrario.                                    

 

En ese momento aparece el cinco con aspecto de gato para convertirse en el amante perfecto y a quien Zorba, mira de reojo. Suena eternidad, despierta del largo sopor de siglos con desaliento, hastiada de lisonjas, melancólica sueña una caricia furtiva. Siente lástima. ¡Tantos siglos esperando para nada!

 

El perro que comía silencio se transforma  en un libro coral cantando la epopeya de héroes anónimos con una hermosa música.

 

Adrián Curiel Rivera, DÍA FRANCO México2016                                                         

 

Bienvenido, Día franco, por la sutileza con la cual miras y describes aspectos decisivos de la sociedad contemporánea. Bienvenida la mirada que la cotidianeidad poco a poco nos escamotea. Bienvenidos los perros. Bienvenidos por la sagacidad y discreción con la que acompañan, de forma singular y mesurada, a los personajes en el devenir de cada historia.                           

 

Contar es la clave, sin duda, y Adrián Curiel Rivera ha puesto las palabras a trabajar para los lectores. Las historias se mueven, no todas, en un estatus social alto marcado por los deseos paternos, los perros y los propios fantasmas personales. Todos parecen haber llegado a un acuerdo tácito para abandonar el camino marcado por otros. Este libro, es una fábrica de tiempo que hace vivir al lector situaciones, que por cotidianas, pasan sin voz ni forma a nuestro lado. Cada una de las historias permite soñar y ver, ya que cada uno de los relatos es un multiplicador de vida.

 

Con el título escogido para agrupar las cinco historias-relatos que conforman este breve pero intenso libro de alto y singular alcance, se hacen visibles las vicisitudes de un tiempo que como sus personajes, no camina, sino que corre desbocado hacia el futuro. Para ello, Adrián Curiel Rivera emplea un léxico rico y atractivo visto desde este otro lado del océano. Aviva el lenguaje incluyendo en el texto vocablos dormidos que en Día Franco recobran vida. Es descriptivo. Arrastrará a los lectores por senderos de pasiones enfrentadas, y, de la mano, lo llevará hasta el final que se prolonga, aún, más allá.

 

Xenaro Ovin Odarrut

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