Lasombradelcipres original

La Sombra del Ciprés

Asociación de Novelistas La Sombra del Ciprés
Blog en Tribuna de Ávila de la Asociación de Novelistas La Sombra del Ciprés

Práctica, trabajo y juego: Literatura Potencial

Oudipo detail

Una panda de locos e irreverentes reuniéndose una vez al mes, un grupo de fanáticos de la letras y los números. Francia, década de los 60. Se definían como “ratas que construyen ellas mismas un laberinto del cual se proponen salir”. Era el Taller de Literatura Potencial (Oulipo, por su siglas en francés: Ouvroir de Littérature Potentielle), fundado por el matemático François Le Lionnais y el escritor Raymond Queneau.

 

No es un movimiento literario, ni siquiera una escuela teórica o crítica, sino algo parecido a un grupo de investigación. El propio Queneau explicaba la Literatura Potencial como “la búsqueda de formas y estructuras nuevas que podrán ser utilizadas por los escritores como mejor les parezca”.

 

Lo curioso es que explotaban su carácter experimental a partir del principio de la restricción. Por ejemplo, a través de la literatura lipogramática (omisión sistemática de una o varias letras), como hizo Georges Peres al publicar su obra ‘La disparition', donde no aparece la letra "e", la más frecuente en el idioma francés. Para rizar el rizo sacó años después, a modo de contrapunto, ‘Les revenentes’, donde la única vocal utilizada era la “e”.

 

En este sentido, el escritor e historiador francés Marcel Bénabou hace referencia a la paradoja de la restricción lingüística. “En lugar de bloquear la imaginación, estas exigencias arbitrarias las despiertan, las estimulan”, asegura. Y, lo que quizás sea más importante, obliga al sistema del lenguaje “a salir de su funcionamiento rutinario”, a explorar “diversas potencialidades”.

 

No hablamos de algo propio del pasado; Oulipo sigue vive en la actualidad y tiene mucho mérito porque, como ellos mismo señalan, un año oulipiano equivale a un siglo normal. Desde el principio, el grupo inicial tuvo “cierto interés por abrirse, por extenderse”, afirma Bénabou, y son muchos los escritores que se han visto atraídos por esta filosofía, como Ítalo Calvino, Roberto Bolaño o Enrique Vila-Matas, entre muchos otros.

 

Pero no son los nombres propios los que dan vida a la Literatura Potencial, sino sus “restricciones”, por así llamarlas. Quizás sea más adecuado hablar de procedimientos de manipulación textual, como el denominado S+7. Consiste en partir de un texto base y reemplazar en él cada sustantivo (S) por el séptimo (+7) que se encuentre en el diccionario contando a partir de dicho sustantivo inicial. Hagan la prueba en casa y diviértanse. Los resultados son sorprendentes.

 

“En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme”, por ejemplo, pasaría a ser “En una luisa de la mandadería de cuya nominación no quiero acordarme”.

 

Otro de los procedimientos es la Literatura Definicional, que consiste en sustituir cada palabra con significado por su definición en el diccionario y repetir dicha operación varias veces. De esta forma, una frase de seis palabras puede originar un nuevo texto con casi 180 palabras:

 

El gato ha bebido la leche.

 

El mamífero carnívoro digitígrado doméstico ha tragado un liquido blanco, de sabor dulce producido por las hembras de los mamíferos.

 

Quien tiene tetas, come carne, camina sobre la extremidad de sus dedos y pertenece a la casa ha hecho descender por el gaznate al estómago un estado de la materia sin forma propia, del color de la leche, de impresión agradable al órgano del gusto y procurado por los animales del sexo femenino que tienen tetas.

 

 

Tres de estos juegos ya mencionados (el lipograma, el S+7 y la literatura definicional) aparecen en el libro ‘Ejercicios de estilo’ del propio Queneau. La obra es una extraña criatura literaria repleta de ingenio. Se trata de contar de noventa y nueve formas diferentes la misma historia, una historia insustancial que sucede en un autobús. Por ejemplo, utilizando onomatopeyas o versos alejandrinos o anagramas (transposición de las letras de una palabra) o simplemente convirtiendo el relato en una comedia de tres actos. Así, repito, hasta noventa y nueve veces.

 

Como las Variaciones Goldberg de Bach: un mismo tema principal con el que se juega alterando sus componentes para obtener nuevas creaciones. Construir una obra “por medio de variaciones que proliferan hasta el infinito en torno a un tema bastante nimio”, cuenta Queneau. Convertir lo banal en algo extraordinario.

 

El catedrático Antonio Fernández Ferrer afirma en la introducción que este libro cumple “un papel desmitificador del propio hecho literario”. Y cita a George Perec: “Preocupada únicamente por sus grandes mayúsculas (la Obra, el Estilo, la Inspiración, el Genio, la Creación, etc.), la historia literaria parece ignorar deliberadamente la escritura como práctica, como trabajo, como juego”.

 

“Partí de un incidente real y lo conté, primero doce veces de forma diferente; luego, un año más tarde, volví a hacer otras doce, y, finalmente, fueron noventa y nueve –dijo Queneau–. Se ha querido ver en ello una tentativa de demolición de la literatura, lo cual no era en absoluto mi intención. En todo caso mi intención era solo hacer unos ejercicios; el resultado es quizás desoxidar la literatura de sus diversas herrumbres, de sus costras”.

 

 

 

POR PABLO GARCINUÑO

Comentarios

geli.romero.1969@gmail.com 10/10/2018 08:18 #2
Extraordinario relato, admitamos que el juego es un buen pasatiempos.. Mejor que dejarse las pestañas en las redes sociales, sin olvidar la cantidad de léxico que puede llegarse a aprender.
José Antonio García de la Concepción 08/10/2018 14:37 #1
Bonito juego para las heladas noches de Ávila. Mi S+7 Bonito jugador para los helados nodulos de Ávila

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: