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La Sombra del Ciprés

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La caja de las letras de nuestro cerebro

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Un día cualquiera de los tiempos actuales te puedes plantear la siguiente pregunta: ¿Leemos lo suficiente? Mi respuesta es que no.

 

Otra pregunta: ¿se conoce por parte del lector o de futuros lectores la repercusión tan grandiosa que supone la lectura para nuestro cerebro? No.

 

Hace aproximadamente quince días me encontraba tomando un café en un restaurante y escuché como una madre le decía a su hijo: “No has comprendido para nada lo que el texto te ha querido decir” (se refería a una nota que el profesor le había indicado en un trabajo de lectura y comprensión de textos). Este hecho me hizo reflexionar sobre las dos preguntas que he puesto en el enunciado. Creo que leemos muy poco haciendo un flaco favor a nuestro cerebro sin saber los enormes beneficios que esto supone.

 

La lectura es un hábito de comunicación que permite desarrollar los pensamientos cognitivos e interactivos de cualquier lector. Leer permite construir un universo enorme, contribuyendo a enriquecer nuevos conocimientos. Además se estimula su imaginación y su función cerebral enriqueciendo su vocabulario.

 

La modernidad, las nuevas tecnologías, los medios electrónicos te invitan a cualquier cosa menos a la lectura y eso, a mi juicio, es un paso hacia atrás. Recientemente he leído que profesores de bachillerato se quejaban que hay un gran número de alumnos que no saben leer correctamente, no comprenden su contenido. Datos  que en el año 2016 certificaba la OCDE, en el que España estaba 12 puntos por debajo en comprensión de lectura.

 

Días antes de ferias importantes, como la Feria del Libro en Madrid (Parque El Retiro) a finales de mayo-principios de junio de cada año, los medios de comunicación te muestran entrevistas a personas que te dicen la cantidad de libros que leen al año. En líneas generales se lee poco, muy poco.

 

La lectura tiene unos beneficios enormes que no deberíamos dejar de analizar por el bien personal de cada lector. Calma el estrés y la ansiedad (que dicho sea de paso cada vez más aparece en los jóvenes). Si tu vocabulario se enriquece tendrás mejor rendimiento escolar aumentando tu autoestima. El leer te permite pensar, analizar, mejorando tus aspectos cognitivos. En resumen, la lectura alimenta tu cerebro, tu disco duro, tu centralita de vida.

 

El cerebro,  nuestro disco duro, viene con el sistema operativo, pero necesita programas para funcionar. Dicho de otro modo, no está cableado para leer. Al nacer, no cuenta con áreas o circuitos neuronales específicamente dedicados a la lectura. Cuando aprendemos a leer conseguimos alterar la arquitectura cerebral generando nuevas conexiones en áreas cerebrales que hasta ese momento estaban “out”.

 

¿Qué supone esto? La respuesta es contundente en palabras del investigador Michael Skeide (investigador en el Instituto de cognición humana y ciencias del cerebro en Leipzig –Alemania-). Cuanto más tiempo pasen sincronizadas las señales entre las dos regiones del cerebro, mejores serán las capacidades de lectura.

 

En la India, cuya tasa de analfabetismo supera el 39 % se hizo un estudio con 30 mujeres (la mayoría sin conocer una sola palabra escrita de su lengua materna). Al cabo de seis meses de lectura el nivel de estas mujeres fue comparable al de un niño de primer grado. El cerebro resulta ser increíblemente flexible. Sólo necesita que le alimentemos.

 

Stanilas Dehaene (neuro-cientista cognitivo francés), explicaba que ya se sabía que la corteza visual central, situada en la parte posterior del cerebro, contiene diversas regiones especializadas que se activan cuando reconocemos objetos, caras o lugares. En los humanos, estas regiones se modifican por aprendizaje musical, de las matemáticas o de la lectura. Así podemos decir que cuando aprendemos a leer se forma una región que se llama “la caja de las letras”.

 

El cerebro utiliza un complejo entramado de circuitos para leer, ubicados en el hemisferio izquierdo. El proceso de lectura comienza en el lóbulo occipital, área encargada de reconocer los estímulos visuales (caras, formas, etc). Allí se dan los primeros cambios neuronales. Desde este lugar la información llega a un área “la caja de las letras”, dónde se concentra el conocimiento de las letras aprendidas. Dehaene continuaba su exposición diciendo que, de este punto, de las letras aprendidas, el estímulo viaja a, cuando menos, dos redes neuronales: una que va al significado de la palabra, y otra a la pronunciación y a la articulación. Leer no es únicamente un proceso visual como se creyera en algún momento, es por lo tanto, también un proceso auditivo. Quevedo tenía razón. Literalmente, “escuchamos con los ojos a los muertos”.

 

Esto supone un enorme incremento de nuestra capacidad cognitiva. Leer alimenta esta zona, va generando información, conocimiento continuo. Y una cosa muy importante es que debemos tener claro que no tiene límite de capacidad. Tener en nuestras manos el móvil de última generación no te supone hoy por hoy tener capacidad infinita de almacenamiento de datos. La caja de las letras es ilimitado. El cerebro te invita a que le alimentes, que le llenes su inmenso estomago dónde cabe todo. Este a cambio, te ofrece enormes beneficios con toda la información recibida ofreciéndote capacidad de pensar, de aumentar tu autoestima, de tener conocimientos suficientes para mejorar en tu día a día, de enriquecer tu vocabulario. En definitiva que leer,  sobre todo en etapa escolar, es abrir las puertas al nuevo universo.

 

Aprovechemos la enorme elasticidad y plasticidad que tiene el cerebro, nuestro disco duro. No perdamos el tren de la vida y busquemos algún hueco en nuestro día a día para leer. Disfrutemos de cada lectura, de cada palabra nueva conocida. ¿Os acordáis cuando vuestros hijos experimentaban una alegría inmensa al conseguir descifrar una palabra nueva? Este es solo un ejemplo de la enorme plasticidad que tiene nuestro cerebro.

 

POR ANTONIO GARCÍA MARTÍN

 

Comentarios

geli.romero.1969@gmail.com 06/11/2018 03:43 #3
Excelente relato, a la par que cierto. Leer enriquece nuestro lenguaje, nuestras expresiones y sobretodo nos ayuda a tener conversaciones interesantes. Alimentemos nuestra ignorancia con una buena ración de lectura diaria.
José Antonio García de la Concepción 05/11/2018 20:26 #2
Muy buen artículo. Lee y el cerebro lo agradecerá
Nacho 44 05/11/2018 17:10 #1
Trataremos de alimentar la caja de las letras con una dieta variada de libros..

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