La Sombra del Ciprés

Blog en Tribuna de Ávila de la Asociación de Novelistas La Sombra del Ciprés

Escribir: ideas, lugares, útiles y manías

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Todos los que somos apasionados de este asunto de juntar palabras tenemos aventuras similares cuando navegamos por el mar de la literatura. El punto de partida es la idea. Por norma general aparece fugazmente en nuestro pensamiento. Y hay que atraparla rápidamente. De lo contrario se evapora cual pompa de jabón. Esto puede parecer sencillo, pero no lo es. Las musas, esas señoritas que se supone que ayudan a crear, son bastante casquivanas y traviesas. Te despiertan a las tres de la mañana y susurran en tu oído la solución que estás buscando para continuar la historia que estás escribiendo. Y tú, medio dormido, palpas la mesilla de noche intentando encontrar la llave de la lamparilla y no tirar el vaso de agua. Luego te levantas y te esfuerzas es escribir esa idea en el primer papel que pillas. Pero no queda ahí la cosa. Las señoritas musas, además de lo mencionado más arriba, son cotillas e indiscretas. Te pueden susurrar ideas en cuando estás en el baño, con tu pareja, friendo en la cocina o dando de comer a los pequeños de la casa. Entonces, inevitablemente, casi todos salimos corriendo en busca de lápiz y papel, proteste quien proteste. Me ha pasado en muchas ocasiones levantarme de una mesa, en una celebración, y buscar un camarero que me pueda conseguir un trozo de papel y un boli. O en el cine: tuve que salir de la sala un momento y anotar la idea (también las películas estimulan la creatividad). Pero cuando más me visitan las musas es cuando estoy limpiando la casa o en el baño. Así que suelo tener a mano una libreta y un bolígrafo (llevo otro juego igual en el bolso). Y si se me olvida la libreta busco una servilleta de papel, la orilla de un periódico, el billete de bus o el tique de la compra. Cualquier cosa me vale con tal de no dejar escapar la idea.

 

Luego, con todos nuestros papelitos inspirados por las musas, buscamos un sitio “para poner en orden nuestras ideas”. Eso es lo que decimos a la familia. La realidad es que tenemos que volver a leer todos esos papelitos escritos apresuradamente (a veces no entendemos ni nuestra propia letra). Cada escritor tiene sus lugares. A unos les gusta los cafés llenos de gente (como la autora de Harry Potter). Otros precisan silencio (yo soy de estos). También los hay que gustan escribir en un entorno natural o lo más cercano a ello. A otros les encanta escribir en casa y habilitan un espacio o un despacho. Los hay capaces de escribir en medio de un concierto de rock. A veces las circunstancias empujan y escribimos a ratos sueltos y a deshoras. No hay lugares adecuados para escribir. Cada escritor tiene su lugar especial, ese donde conecta con todo su ser y desde el cual escribe con el mayor gozo. Mi dos primeros libros están escritos en parte en los jardines de Ávila y en parte en la cafetería de La Flor de Castilla (Plaza de Santa Teresa). En este lugar, a primera hora y en compañía de un café hay el suficiente sosiego para concentrarme en escribir. El viaje de ida y vuelta a esta cafetería me servía para observar la vida. Habitualmente al llegar a la parada del bus en la Plaza de Santa Ana, se me ocurría algo más y sentada bajo la marquesina continuaba escribiendo otro poco.

 

Ya he comentado que siempre llevo una libreta pequeña y un bolígrafo. Suelo arrancar mi escritura en un cuaderno (soy de la vieja escuela). Aunque me guste mucho escribir la “masa madre” de mis historias en papel se que tengo que acostumbrarme al ordenador. Los árboles se merecen mi mayor respeto. Entre los útiles que todos los escritores actuales manejamos sigue estando la máquina de escribir. Hay personas que arrancan sus escritos en sus viejas y queridas Olivetti y luego ellos u otra persona lo pasan al soporte digital. Utilizamos papel para imprimir nuestros manuscritos y poder realizar el deposito legal con que proteger (al menos en parte) nuestras creaciones. La tinta sigue estando presente en las impresoras y el lapicero y la goma de borrar siguen siendo imprescindibles en la corrección de los borradores. Actualmente los I-Pad tienen la opción de añadirles un teclado flexible o si son un poco grandes se puede escribir directamente en ellos. Ahora mismo yo estoy escribiendo este artículo directamente en el ordenador. Es mi particular reto.

 

Y por fin llegamos a las manías. A algunos escritores les vale cualquier cosa que sirva para escribir. Otros prefieren un determinado bolígrafo o estilográfica. Sobre todo, para firmar libros en las presentaciones. La ropa o los complementos también tienen su parte en este asunto: unos pendientes que dan buena suerte, un sombrero, un caracol-pin, una corbata con estampado de pez o un ukelele que caracterizan al autor/a…

 

¿Y tú? ¿Dónde escribes? ¿Cómo cazas las musas? ¿Cuál es tu instrumento de escritura preferido? ¿Cuál es el objeto que te trae buena suerte? No me lo cuentes… sigue escribiendo, sigue disfrutando de este maravilloso don que es tejer palabras.

 

Maribel Cid Miranda

Comentarios

Moisés 13/07/2020 10:36 #1
Buenos días. Muy bueno, Maribel. Lo mío, ya sabes, se esconde debajo del sombrero (para ocultar mis neuras) pero creo conocer a la del café, la del ukelele, el de la corbata de pez y a otros muchos maniáticos. Mis ideas germinan caminando por la montaña y se lo cuento a la grabadora de mi teléfono, cual loco solitario, desvariando entre la naturaleza. Enhorabuena.

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