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Asociación de Novelistas La Sombra del Ciprés
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Biblioterapia, la cura a través de la lectura

Libro detail

Siempre he creído que un libro tiene vida propia, que te transmite sensaciones que vas descubriendo en cada palabra, en cada línea. En palabras de André Mourois, seudónimo del novelista francés Emile Herzog, “la lectura de un buen libro es un diálogo incesante en el que el libro habla y el alma contesta”.

Cada lector acude a los libros por distintos motivos; unos por consuelo, otros por entretenimiento, para obtener información, para reírnos, en definitiva para tantas emociones como nuestro cerebro puede experimentar.

Cuando comienzas a leer un libro, te metes de lleno en la historia, en la cual cada página te invita a conocer al personaje, a vivir, sentir, a odiarle, a amarle. El lector está sentado en un confortable sillón pero realmente, tus sentidos, tus pensamientos, están en otro sitio ya que estás viajando a otro mundo que el autor te ha ofrecido. Por eso, nunca leer es una pérdida de tiempo, sino una manera increíble de vivir experiencias y emociones que en tu vida diaria jamás las vivirías.

Miles de libros cada día están ahí para ayudar a cada lector a sumergirse en ese mundo que cada uno elige y dependiendo de nuestras necesidades buscamos un camino u otro.

Existe el término biblioterapia, el cual resulta difícil hallar una única definición. Etimológicamente alude a algo así como “la cura a través de la lectura”. Ya los antiguos griegos sostenían que la literatura era psicológica y espiritualmente importante. Solían tener un cartel sobre las puertas de la biblioteca que describen como un “lugar de curación del alma”. Esta técnica se puso muy de moda sobre todo en la II Guerra Mundial cuando los soldados estadounidenses disponían de mucho tiempo libre para leer mientras se recuperaban de sus heridas de guerra.

Han pasado decenas de años desde este hecho y en todo este tiempo el libro ha estado presente en cualquier lugar, en situaciones alegres, dramáticas, extremas. Cada día millones de personas acuden a sus quehaceres diarios (trabajo, universidad, colegios, etc.) en transporte público dónde no puede faltar su inseparable compañero. Ese “amigo” que te abre su mundo, en el cual el lector disfruta y se impregna de toda su experiencia.

Pero también hay muchos lugares y situaciones que tener un libro es el bálsamo necesario para continuar mejorando. De la misma forma que los soldados estadounidenses mejoraban muchísimo con la lectura de libros en la II Guerra Mundial, hoy en día biblioterapia se utiliza en los hospitales para mejorar la salud de los pacientes.

Por motivos personales llevo muchos años teniendo como mi segunda casa la habitación, los pasillos, las salas de espera de los hospitales infantiles. Allí siempre están presentes equipos de voluntarios que te están ofreciendo día a día un libro para que ese niño cambie su rictus al empaparse de la lectura de su personaje favorito.

El niño y el libro forman una sinergia tan fuerte que te das cuenta enseguida de que su cuerpo está ahí, pero su mente se desplaza rápidamente a ese mundo que el libro te ofrece. Durante ese tiempo el niño siente placidez con la lectura y uno como padre se da cuenta de la fuerza tan enorme que tiene la lectura como terapia.

En situaciones dramáticas, cuando la patología es bastante preocupante, la biblioterapia es muy eficaz ofreciéndote la posibilidad de mostrar a través de los libros situaciones que te invitan a la esperanza. Vivencias pasadas, experiencias de otros pacientes han servido para ayudar a dar ese primer paso necesario para recuperar la autoconfianza y eso no tiene precio.

Por experiencia personal puedo decir que conozco a muchos padres y madres que en situaciones dramáticas, en la oscuridad han encontrado la luz al leer un libro, un compañero que nunca te va a pedir explicaciones, siempre estará dispuesto para mostrarse historias, personajes que te invitarán a seguirles a esos mundos imaginarios, dónde el lector se convierte en protagonista y no en una persona supuestamente derrotada en la vida real.

En definitiva, que yo personalmente siempre llevo en mi mochila un libro, ese “amigo inseparable” que me ayuda a volar a un mundo en el cual yo me siento feliz, encuentro consuelo (si es que lo estoy buscando), alegría, situaciones que produzcan felicidad. Conseguir que los niños vivan esa sensación es un reto que tenemos los padres, los educadores, la sociedad en general.

POR ANTONIO GARCÍA MARTÍN

Comentarios

Natalia Perales 09/04/2018 08:24 #1
Totalmente de acuerdo. Excelente texto

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