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La Sombra del Ciprés

Asociación de Novelistas La Sombra del Ciprés
Blog en Tribuna de Ávila de la Asociación de Novelistas La Sombra del Ciprés

Arte contra la voracidad recaudatoria que impide una jubilación digna

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Gamoneda casi abandona la escritura, Javier Reverte tuvo que vender un piso, a Forges le sancionaron con 150.000 euros, Eduardo Mendoza liquidó una multa equivalente a cuatro años de pensión y un autor asturiano, cuya identidad no ha trascendido, llegó a acusar al Estado del suicidio de su mujer tras recibir una multa del Ministerio de Empleo y de la Seguridad Social de 70.000 euros. Son nombres de escritores pero el problema afecta a todos los intelectuales: científicos, artistas, músicos, actores…

 

Respirábamos los creadores al enterarnos de la victoria de Javier Reverte en los tribunales, pero al poco se nos atragantaba de nuevo el croissant al leer que la Seguridad Social había recurrido la sentencia. Sea porque esa es la costumbre y la obligación de defender los intereses del Estado, o sea por voracidad recaudatoria, la noticia te helaba la sangre.

 

La norma que impide a los autores compatibilizar su pensión con los derechos de autor si estos superan el Salario Mínimo Interprofesional anual, unos 9.000 euros, tiene su origen en los años setenta. Pero fue en 2013 cuando los cambios de criterio en la aplicación de la norma iniciaron la penitencia: incluso con peticiones de devolución de la pensión de años anteriores. Ahora tenemos un Estatuto del Artista bloqueado en la situación política actual, a la espera de que el elefante estatal, que para lo que quiere es muy muy lento, lo apruebe antes de que vuelva a cambiar el criterio.

 

Pero no nos liemos en farragosos decretos y artículos, vayamos al meollo: esto es un ataque contra la creación. Las élites no tienen ninguna preocupación por su pensión, sus incompatibilidades se reducen a cero, los viajes transpirenaicos de ida y vuelta les salen baratos, la oscuridad invade sus tarjetas, y cobran por todo, hasta por incomparecencia. Da igual. Tienen la vida solucionada.

 

¿Qué ocurre con los escritores? La mayor parte de las veces han dedicado su vida a trabajos intelectuales mal pagados por una sociedad que los valora relativamente: no me importa gastarme 20 euros en cualquier cacharro; ahora, invertirlo en un libro, en una obra de teatro, o en pagar por leer buenos artículos en un periódico... como que no. Estos trabajos, además, conllevan una impresionante cantidad de tiempo y de necesidad de concentración que los creadores suelen quitar a la vida familiar por las migajas que deja el sistema para ellos.

 

Tampoco ni al Estado ni a las grandes empresas les importa derrochar enormes sumas de dinero en otros menesteres; ahora, en apoyar la ciencia y la investigación, pues mire usted, preferimos que los científicos y los intelectuales sigan completando inacabables trámites administrativos para solicitar una beca o financiación para un proyecto de investigación que podría, por ejemplo, curar el cáncer. Nada, que mendiguen o que se vayan a otros países, allá donde les quieran y aporten allí un valor incalculable en el que hemos invertido a través de la educación. Por cierto ¡vaya regalo!

 

Más sangrante resulta esta desprotección cuando hablamos de jubilación. Suficientemente duro para un intelectual suele ser apartarse de su escritorio. Más aún cuando prácticamente te obligan, como le ocurrió al premio Cervantes, Antonio Gamoneda. El poeta leonés se planteaba dejarlo: «¿qué vamos a hacer los escritores, los científicos y los creadores? Es un disparate. Yo tendré que dejar de escribir, porque, con lo que gano con mi escritura, no puedo vivir».

 

Javier Reverte, autor de El sueño de África, aseguraba a los medios: «Que prohíban a un español del siglo XXI escribir libros porque les quitan la pensión me parece un delito. Los escritores no somos gente rica, no llegamos a esas cantidades tan insólitas».

 

Varios intelectuales se han unido en la plataforma #SeguirCreando para reivindicar algo que parece lógico: fomentar el gran valor que aportan estas personas en plenitud intelectual en vez de torpedearlo de una forma ruin.

 

Nuestro país, Europa, y todas las naciones de nuestro exhausto planeta precisan intelectuales en plena forma, sin cortapisas, que puedan difundir su trabajo y cobrar por ello. Ante el discurso fácil de la demagogia que gana elecciones, la ceguera ante el cambio climático y las desigualdades sociales crecientes, las necesidades de integración, las injusticias y marginaciones de todo tipo, deben alzarse voces que discurran, que aporten experiencia y que nos hagan avanzar en vez de retroceder, como nos abocamos en muchas ocasiones.

 

No permitir a una persona recibir los frutos de su sudor de decenas de años y compatibilizar la pensión que se ha ganado con su trabajo con lo que se ha obtenido fuera del mismo mediante su esfuerzo, puede ser todo lo que ustedes quieran, pero ante todo, me parece inmoral.

 

Carlos Fernández-Alameda

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