La Sombra del Ciprés

Blog en Tribuna de Ávila de la Asociación de Novelistas La Sombra del Ciprés

Algo se ha perdido y no lo encuentro

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María Eugenia Hernández Grande

 

Perdóname, lector, si hoy vengo a hablarte un poco de todo y de nada a la vez. La verdad es que no tengo ganas de escribir, pero estoy apuntada para colaborar con este blog y no puedo, como comprenderás, dejar de hacerlo amparándome en esa excusa. No sé muy bien qué me pasa, no sé si es falta de inspiración, de motivación o de ilusión, o una mezcla de esos tres factores (o de ese factor, porque también puede entenderse que todos se refieren a lo mismo) pero no escribo una letra con fluidez desde enero. Lo mismo habías pensado que no me apetecía escribir debido a la situación actual que se nos ha colado en la vida para hacerse protagonista de todo nuestro mundo. Siendo sincera, la situación no ayuda mucho; los habrá que estos días hayan escrito sus mejores obras y hayan sentido el gusanillo de la inspiración reptando por sus adentros, pero me atrevo a decir que a unos cuantos eso no nos ha pasado. No en balde, una de las frases que leí en redes sociales los primeros días de confinamiento, y que más me impactó por la realidad que reflejaba, fue una que decía algo así como “ahora que tengo tiempo para escribir, espero a que vuelva la vida”. Sin embargo, insisto y me temo que, en mi caso, el mal que me afecta ya venía de antes. No hallo ni un solo motivo para escribir, no tengo ganas —sí, lector, lo sé, ya te lo he dicho— y siento de nuevo una similitud con lo que expresé en unos versos que forman parte de mi segundo poemario y que rezan de la siguiente manera: “Algo se ha caído en mis adentros / algo se ha perdido y no lo encuentro”.

 

Pero ¿por qué? No lo sé, supongo que no hay un motivo único, incluso puede que, como en otros muchos ámbitos de la vida, cuando algo viene o va no haya ni siquiera un motivo para ello. Puede que simplemente sea un bache, una etapa de esas infructuosas por las que todos pasan, pensarás tú, lector; pero algo dentro de mí me dice (y a mí a intuitiva no me gana casi nadie) que no se trata únicamente de eso. Hay quien dice que la inspiración no existe, aunque yo no estoy de acuerdo del todo. Y no lo estoy porque yo sí he sentido dentro de mí, en más de una ocasión, ese “no sé qué” que identifico con la inspiración. Ese raudal desbordante que te obliga a dejar cualquier cosa que estés haciendo para ponerte a escribir. Ese impulso febril por plasmar en un trozo de papel, una libreta o las notas del móvil lo que no se te quita de la cabeza. La magia que fluye y te conecta con las letras como si se tratara de un encantamiento salido directamente de la varita mágica en que se convierte un bolígrafo. Y ya hace un tiempo que no experimento nada de eso. Como digo, muchos apuestan porque esto que acabo de decir no existe en realidad y que refugiarse en la inspiración es solamente un pretexto. Puede ser, tampoco voy a negar algo de lo que cada uno tiene su propia opinión y todas ellas son tan válidas como la mía. ¿Quién soy yo para negarlo? Exactamente, lector, no soy nadie. Ni siquiera soy escritora-autora-poeta porque nunca me he sentido como tal; algo que tampoco los demás suelen entender con facilidad. “¿Cómo no vas a ser escritora-autora-poeta si tienes dos libros?” Porque no me siento como tal —¿no estás viendo que baso todo mi trabajo en lo que siento dentro de mí? —, porque no me lo creo —y creerse algo suele ser también bastante importante—, ni sé del todo si me interesa serlo —porque eso significaría que debo transformar una pasión en una obligación y no estoy dispuesta a ello—. Muchas veces me han recriminado que no me tomo la escritura en serio, que no me promociono, que no saco verdadero provecho al don con que la naturaleza me ha honrado. Y siempre contesto que es verdad, que no lo hago. No es menosprecio porque eso sería ridículo, ya que a mí me gusta escribir y disfruto con ello desde la infancia, además sería menospreciarme a mí misma. La cuestión es que no espero nada de las letras ni de mis poemarios más allá de mi propia satisfacción personal. Con tener mis libros en mis manos ya soy inmensamente feliz en ese aspecto. No pido ni anhelo más, ni que mucha gente los lea ni, mucho menos, que alabe mis versos porque para mí escribir es un ejercicio intimista.

 

Hace unas líneas he utilizado la inspiración como sinónimo de ilusión. Y es que no sé si somos conscientes del todo de que la ilusión siempre es el motor de cualquier empresa que nos propongamos en la vida. La ilusión marca la diferencia, tanto cuando aparece como cuando se pierde. Como digo, no escribo con fluidez, excepto un par de letras menores, desde comienzos de año (y eso que, por aquel entonces y desde un tiempo antes, estaba sintiendo dentro de mí un compendio de cosas maravillosas) y aunque estoy dispuesta a no forzarla ni buscarla, eso no deja de ser algo que no me gusta. Esa falta de inspiración venía ya notándola desde meses atrás y cuando algo nos importa —porque a mí mis letras sí me importan pese a lo que pueda parecer— ver que se desvanece en la nada sin poder evitarlo no puede por menos que dolernos. Por ello recuerdo que en el momento en que me di cuenta de que mi inspiración literaria parecía haberme abandonado del todo, o al menos haber hecho las maletas para una larga temporada, escribí en una de mis redes sociales la siguiente sentencia: “La ilusión, cuando se rompe, produce un ruido muy parecido al dolor”. Supongo que aquél fue mi último pensamiento poético para despedirme de mis ganas o de mi ilusión por escribir y eso, evidentemente, me dolió porque sé que sin esa ilusión no soy capaz de hilar dos frases seguidas con las que me sienta satisfecha. Desde ese día pienso que, si la inspiración existe, la he perdido; y si no existe, me he estado engañando durante largo tiempo (lo que me lleva a concluir que, entonces ya sí que sí, de escritora no tengo ni un pelo).

 

Aunque tal vez con las musas y la literatura pase un poco como con las personas y las relaciones sociales, que entran y salen de nuestra vida a su antojo y cuando alguien se quiere ir de nuestro lado lo único que podemos hacer es no impedírselo y dejar la puerta abierta para que cada cual actúe con la libertad que merece. Por ello mismo puede que la inspiración a fin de cuentas sí exista, pues esa puerta que dejamos abierta a la libertad de decisión o regreso, es un carril de ida y vuelta por el que, de vez en cuando, alguien o algo retorna cuando menos uno se lo espera, al igual que lo hace la inspiración. Y, también como en las relaciones interpersonales, si hay una cosa que tengo clara es que cuanto más se busca algo menos posibilidades se tienen de encontrarlo ya que, generalmente, las mejores cosas de la vida nos encuentran a nosotros por sorpresa. Lo bueno (porque, aunque yo tenga fama de pesimista, en realidad siempre intento ver el lado bueno de las cosas) es que sé que la inspiración puede irse tan rápidamente como puede volver. Es la magia de la vida —y la escritura es vida— y el motivo por el que tampoco la busco. Si tiene que volver para que yo escriba más versos de nuevo, volverá. Y si no vuelve será porque, realmente, ya no habrá ningún poema más que esté destinado a que yo lo escriba.

Comentarios

Lorena Rodríguez Herrero 19/05/2020 01:56 #1
Volverá la letra que alimente tu pluma siempre que la ilusión siga iluminando el camino... La llama puede ser débil pero nunca deja de arder.....

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