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La Sombra del Ciprés

Asociación de Novelistas La Sombra del Ciprés
Blog en Tribuna de Ávila de la Asociación de Novelistas La Sombra del Ciprés

Alejarse de puntillas

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Con frecuencia nos preguntamos por qué leemos poco, qué podríamos hacer para que los niños y jóvenes leyesen más, cómo conseguir que los adultos tengan una carrera lectora que dure toda una vida.

 

Hace unas semanas ocurrió algo a mi alrededor que me hizo pensar en ello. Resulta que estuve en un curso de formación de maestros en Soria. El curso duraba dos días y, algunas personas que íbamos de fuera, nos alojamos en un hotel céntrico muy acogedor, que tuvo a bien obsequiarnos con un pequeño librito de fotos y relatos en torno al río Duero a su paso por la ciudad y sus alrededores. El día que terminó el curso y nos estábamos despidiendo tomando un café, dejé con descuido mis cosas encima de una mesa, y una compañera, viendo que llevaba el librito-regalo conmigo, me preguntó que para qué me lo llevaba, a lo que mi respuesta fue obvia, para leerlo. Curiosa, preguntó al resto de compañeros y, de 12 personas que allí estábamos formándonos, maestros y maestras todos ellos, solamente dos personas habíamos apreciado el valor del detalle y lo habíamos incluido en nuestro equipaje. He de decir que el diseño era muy cuidado y, además, cuando por fin leí los relatos acompañados de las fotos, incluso inspirados en ellas, más cerca me sentí de Soria, más conocí la ciudad y más ganas me quedaron de volver a pasear por sus rincones. Tal fue el efecto llamada del libro, que cumplía a la perfección el objetivo para el que supongo que se había creado. Sin embargo, todavía me conmociona pensar en el hecho de que para la mayoría de los compañeros hubiera resultado indiferente y no les hubiera atraído en absoluto la propuesta del hotel, lo que me hace preguntarme sobre el valor actual de un libro, si ni siquiera regalado lo queremos. Tanta ilusión y esfuerzo puestos en el proyecto de su elaboración para terminar olvidado por su efímero dueño.

 

Hoy en día, la magia de las aventuras escritas que se van desvelando poco a poco según avanzas en la lectura, apenas puede competir con la voracidad de las tabletas, los móviles o los videojuegos. La inmediatez del aquí y ahora, el apenas pensar, la necesidad de evadirse, pasar de un tema a otro sin darse ni cuenta, todo ello con muy poco esfuerzo por nuestra parte, falto de crítica y análisis, ésos son los verdaderos competidores de un buen libro.

 

Sin hablar, por supuesto, del silencio. Parece que nos da miedo ese clima tranquilo que se precisa para una lectura gustosa, no vaya a ser que nos encontremos con nosotros mismos y tengamos que pasar la tarde juntos. Vivimos en un mundo de ruido que nos aturde sin la menor contemplación y cada vez resulta más difícil pasar un rato concentrado en una lectura sin mirar cada minuto los mensajes de WhatsApp o sin poner la televisión de fondo para sentirnos acompañados.

 

Y la escucha. Cuánta falta hace callar para poder escuchar. “Tenemos dos oídos y una boca, para escuchar el doble de lo que hablamos”, decía una maestra del colegio donde estudié de niña. Pues eso, callar, apagar aquello que viene de fuera y escucharnos a nosotros mismos, viajar con una buena lectura a través de nuestra imaginación, creando mundos propios únicos e irrepetibles. Qué buena manera de aprender a ponerse en el lugar del otro, calzarse sus zapatos y afrontar la vida que le ha tocado en suerte.

 

Confío en que los autores escriban pensando en sí mismos más que en sus lectores. Que escriban por su necesidad de contar, de poner en palabras aquello que son capaces de imaginar, de dar luz a historias silenciadas que fueron reales, describir la realidad desde perspectivas jocosas, irónicas, satíricas, absurdas. Necesitamos escritores fuertes y valientes que sigan ofreciendo sus propuestas, a pesar de no tener detrás a grandes editoriales o incluso tener que recurrir a la autoedición, que se atrevan a correr el riesgo de quedarse solos en la presentación de su obra, pero convencidos de que en algún lugar encontrarán a aquel lector que les está esperando y que dará un sentido pleno a todo el esfuerzo, tiempo y dinero invertidos en el camino. Quizá unos pocos lectores habrán de ser suficientes, visto que no son tantos y que otros muchos prefieren alejarse de puntillas y sin hacer ruido.

 

POR INMACULADA CUESTA SÁNCHEZ

Comentarios

Borja 20/11/2018 19:51 #4
Genial Inma. Hay que pensar en ello.
Daniel 19/11/2018 19:12 #3
Me ha gustado. Interesantes reflexiones.
José Antonio García de la Concepción 19/11/2018 18:23 #2
Panorama desolador. Espero que se invierta.
Moisés 19/11/2018 10:13 #1
Me ha encantado, Inmaculada. Veo que voy por el buen camino: escribo para mí y me arriesgo a que no venga nadie a las presentaciones de mis libros.

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