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La Sombra del Ciprés

Asociación de Novelistas La Sombra del Ciprés
Blog en Tribuna de Ávila de la Asociación de Novelistas La Sombra del Ciprés

97 FORMAS DE DECIR TE QUIERO

“Para Carolina, la 98 forma de decir te quiero. Jordi Sierra i Fabra”, pone en mi libro de “97 Formas de Decir Te Quiero”. No lo tengo delante, pero no he tenido que consultarlo. Lo sé, lo memoricé cuando, con 15 años, uno de los autores más importantes de literatura infantil y juvenil me firmó uno de mis libros favoritos en el la Feria del Libro de Madrid. Sierra i Fabra fue uno de mis maestros, uno de los que me llevaron por la senda de la lectura, convirtiéndome en quien soy hoy. Pero no fue el único. Son muchos los que he cogido entre mis manos, seguido con mis ojos, procesado en mi cerebro y atrapado en mi corazón. Cada uno me ha hablado, he sentido su amor al pasar sus páginas, los he amado por lo que me han dado. Cada uno de una manera, porque cada uno me ha dicho algo distinto. Ellos son mis 97 formas de decir te quiero (en la infancia y adolescencia).

 

Quino. Igual apareció muy pronto en mi vida. Empecé demasiado joven a leerle, y algunas cosas las tenía que preguntar. Pero el caso es que esa joven argentina, tan humanitaria y fan de los Beatles marcó mi carácter desde bien pequeña y, aún hoy, cuando el mundo se complica recurro a sus páginas, algunas heredadas de mi padre, otras regaladas en mi primera comunión.

 

 

Chirstine Nostlinger. Devoraba sus historias de Susi, Paul y compañía. Fueron los primeros libros con los que entendí lo que era la adicción lectora. Aún recuerdo cómo leí “Querida Susi, Querido Paul”. Una mañana en el cole, en un libro de texto, había un fragmento. Me gustó tanto que por la tarde fue a la biblioteca y saqué el libro. Cuando llegue a casa, me senté en la cama y, sin cambiarme de ropa siquiera, lo leí del tirón. A la larga, lo compré y releí hasta la saciedad, incluso el año pasado, tras la muerte de su autora.

               

Roald Dahl. A este señor lo considero mi padre literario. “Matilda” fue el primer libro “gordo” que leí. Ahora me parece normal, y nada en comparación con los “Geronimo Stilton” que leen los niños hoy en día, pero con 9 años me pareció un mundo. Y el recuerdo es tan exacto por que con mi letra bailona lo escribí en la portada. Después de “Matilda” vinieron otros de sus libros y algunos incluso no los leí hasta que fui adulta. Pero, afortunadamente, él sigue en mi vida. Como maestra, es un recurso indispensable para que los niños lean. El 13 de septiembre, día de su cumpleaños, en Reino Unido se celebra el día de Roald Dahl, y en mi clase también. Leemos, jugamos y soñamos de su mano. Con él no soy objetiva y 98 formas se me quedan cortas para decir lo que le quiero. Porque me enseño que, cómo finaliza su último libro, y yo he reproducido en la puerta de mi clase, aquellos que no creen en la magia, nunca la encontrarán.

 

Elvira Lindo. ¿Quién no ha leído “Manolito Gafotas”? Con ella sentí por primera vez el subidón de saber que uno de tus autores favoritos va a sacar nuevo libro. La expectativa, el placer de tener el nuevo libro soñado en tus manos tras una cuenta atrás interminable. Aprendí a esperar con ella, soñando qué le pasaría al chico con gafas de Carabanchel Alto, su hermano el Imbécil y su incombustible abuelo. A Elvira Lindo la sigo leyendo, en sus novelas para adultos y sus artículos en el periódico y le tengo un cariño especial por motivos que van más allá de sus libros. Pero cuando la leo ahora pienso que si he llegado hasta ahí, ella tiene parte de culpa.

 

Jostein Gaarder. En realidad solo he leído un libro suyo, pero ha sido tan importante que no puede faltar. Empecé a leer “El Mundo de Sofía” con 10 años y tardé un montón en acabarlo. Lo leía los fines de semana por la mañana para enterarme bien, y creo que desde ahí me viene la costumbre de leer ensayo. También le debo mi amor a la filosofía. Años después, siendo ya adulta volví a leer el libro y me di cuenta de cómo su explicación sobre Sócrates me influyó. Por él, pasé a la filosofía y a leer los textos directamente de la fuente.

 

María Gripe. Todo empezó con un libro de “Barco de Vapor” que nos mandaron leer en el cole y seguí con ella hasta la colección “Gran Angular”. Sus “Trilogía de las Sombras” me tuvo tan en vilo que aún hoy siguen colocados en mi estantería. Fue mi introducción a la novela negra, al misterio. No dejaba sus libros porque necesitaba saber qué ocurría en el mundo de Carolyn y de Berta y cuáles eran las sombras.

 

Jordi Sierra i Fabra. Sus historias han marcado a generaciones y lo siguen haciendo. Como con Gripe, algunas de sus obras me generaron esa adición al misterio que hace que no sueltes el libro y necesites saber qué pasa. Y no solo eso, además, ha fundado su propio premio literario para adolescentes, para motivarles a escribir. En mi época, sin embargo, aún no existía y me conformaba con leerle.

               

J.K. Rowling. De ella podría escribir largo y tendido, pues no la admiro solo por sus obras, también encuentro inspiradora su historia. Mujer en lo hondo de un pozo que decide dedicarse en cuerpo y alma a lo que mas ama, y haciendo esto se redime y llega a lo más alto. Cuento de hadas del siglo XX en el que se demuestra hasta dónde se puede llegar con esfuerzo y sin rendirse. ¿Y qué decir de Harry Potter? Para mí es como un hogar al que huyo en los malos momentos y al que recurro cuando no sé que leer (o un libro me ha marcado tanto que necesito un margen antes de coger otro nuevo). J. K. Rowling, en términos lingüísticos, no es una escritora en la que detenerse a ver cómo ha construido la oración o elegido las palabras, pues su estilo es sencillo, pero sus historias, sus detalles, su magia, superan con creces cualquier floritura literaria. Ha conseguido, además, crear una generación de lectores entregados que a través de sus historias se han convertido en grandes lectores.

 

Estos son mis “te quiero” de niñez y adolescencia. Sé que muchos de ellos seguirán en la lista de las futuras generaciones, pero también sé que muchos otros pasaran a formar parte de esta lista, porque, afortunadamente, la literatura infantil y juvenil vive un momento dorado en el que los más grandes conviven con los noveles.

 

La literatura infantil es una rama generalmente olvidada. Si bien es cierto que el negocio que mueve es considerable, llega un momento en el que olvidamos los libros que nos hicieron leer. Una parte de lo que somos, como lectores pero a veces también como personas, se lo debemos a ellos. Son las primeras experiencias las que marcan el camino, las que determinan si nos convertiremos en personas que leen o no, pues si no damos con los libros adecuados, podemos perdernos por el camino, como sugieren los informes sobre la lectura. Pero, si volvemos la vista atrás, seguramente encontraremos grandes historias. Hagámoslas pervivir.

               

CAROLINA ARES RUIZ

 

 

Comentarios

psicologos en torrejon de ardoz 09/05/2019 09:39 #1
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