La letra con sangre: entra. Taller de escritura creativa
Acércate. Pasa y sumérgete en tus propias historias. Escucha las mías, las nuestras y cuéntanos. Sabemos que cuando las mariposillas del estómago no son de enamoramiento son de otro amor, más inquieto, menos definido, pero igual de profundo, intenso y loco. Son las letras, la fuerza de la palabra, el grito incansable del querer contar, de sacar ese monstruo interior compuesto de frases, historias, cuentos y personajes que todas las noches están al acecho de tus desvelos para pulular por las sombras de la habitación, a veces son el propio desvelo. Desaparecen, o casi, por las mañanas. Cuando la ciudad amanece se esconden nuevamente hasta el ocaso, que se preparan para su nueva faena... así, noche tras noche, mes a mes, incesantes, creciendo, cada vez más ruidosos, cada vez más fuertes, absorbiéndolo todo. Hasta que explotas y, como hoy, decides acabar con ellas.
Coge una libreta nueva, bonita, que te haga sentir el inicio de algo bello, un boli de punta fina, suave y ágil, una pluma del ala izquierda de un ganso en su primera muda, una estilográfica como las que usaba Martí, o aquella que, en un cajón del escritorio guardas desde tu Primera Comunión (en su defecto ordenador o Tablet) y comienza la aventura.
Porque hay oficios que se aprenden con paciencia y otros que se llevan dentro como una herida vieja. Escribir pertenece a ambos mundos. Se necesita oficio, sí __EMDASH__la herramienta bien afilada, el oído atento, la mirada que no se deja engañar__EMDASH__, pero también se requiere una cierta fiebre interior, un impulso casi insensato por contar lo que uno ve, lo que imagina o lo que teme.
Este taller no es un refugio para almas sensibles ni un club de poetas melancólicos. Aquí se viene a trabajar, a mancharse las manos con tinta y dudas, a desarmar frases como si fueran mecanismos de relojería. Sangre, sudor y lágrimas que diría Churchill. Porque escribir -bien escribir- es aprender a mirar el mundo sin filtros, a encontrar la belleza en una calle sucia, en una mentira elegante o en una derrota bien contada. A amar y odiar sin medida.
A lo largo de este viaje, hablaremos de cómo atrapar al lector desde la primera línea, cómo darle vida a un personaje con una sola frase, cómo hacer que una historia respire por sí misma. Descubriremos que la literatura no es un conjunto de normas sagradas, sino un campo de batalla donde solo sobreviven los que tienen algo que decir y el coraje de decirlo con estilo. Ese eres tú, amigo lector.
Si estás aquí, probablemente sospechas que dentro de ti habita un narrador que sufre por no serlo, alguien que observa, imagina, reconstruye y quiere sacar a su monstruo interior. Éste es tu punto de partida, el comienzo, tu día D. No prometemos genio ni inspiración divina, pero sí el placer de aprender a mirar las palabras como quien desenfunda una espada: con respeto, con audacia y, sobre todo, con la certeza de que cada historia bien contada es una pequeña victoria sobre el olvido.
Bienvenidos al taller. Afilen sus lápices, su ironía y su curiosidad. La aventura empieza con una palabra. Grábalo en sangre, porque no va de terror, de gore, de muerte, esto va de mantenernos vivos, de seguir haciendo latir al corazón, de procurarnos un alimento para el alma, cada letra será la sangre que nos impulse a la siguiente.
Una vez al mes nos adentraremos en estos cuentos, jugaremos a desmontar para construir, a mirar cada frase como si fuera un mar entero de nuevas historias, cada cosa puede ser el inicio, la trama o el fin, y lo haremos con tanta ilusión que creamos que este es el objeto de nuestra existencia, que no entendamos como pudimos vivir antes de comenzar este taller, sin ser las hilanderas de nuestras historias.
Un texto, un personaje y una cita serán nuestro leitmotiv a partir del que daremos rienda suelta a la imaginación y tendremos que realizar unas pequeñas actividades que nos ayudarán a que el lienzo en blanco que hoy se abre ante nosotros se llene de historias.
Hoy solo queremos que tomes la decisión, que elijas el ruido sosegado de las palabras o el silencio doloroso de la indiferencia. Si continuas, estate atento porque poco a poco, casi sin darte cuenta, saldrá la historia, tú historia.
Arrancamos.

