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En estos días inciertos

Daniel Blázquez
El blog de Daniel Blázquez en Tribuna de Ávila

La sobreactuación extrema

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La sobreactuación en política digamos que es bastante común. Pero a ciertos niveles puede ser peligrosa y dañina. 
Sobreactuación extrema ha sido la actuación de las derechas extremas y de la extrema derecha española por el famoso tema del dichoso "relator".

El Oscar a la sobreactuación fue sin duda para Pablo Casado. Está visto que otra cosa no, pero insultos diversos si le enseñaron en su famoso "master".
Le dedicó unos cuantos y de diverso tipo al presidente del Gobierno Pedro Sánchez. 
A parte de los insultos lo acusó de alta traición. Algo muy grave.


Cualquiera que llevará unos días sin pisar España ni tener noticias de lo que aquí pasaba al acabar de oír a Pablo Casado lo primero que se preguntaría sería: ¿Pero qué demonios ha pasado? ¿Qué demonios ha hecho Pedro Sánchez? ¿Ha declarado la independencia de Cataluña? ¿Ha regalado Aragón a los catalanes? ¿O qué demonios ha hecho?
Nada más lejos de la realidad. Cualquiera con dos dedos de frente y las orejas abiertas para escuchar sabe perfectamente que Sánchez no dará nada a Cataluña que no esté dentro de la Constitución. Como no se lo dio ningún otro presidente. 


Todos los presidentes han hablado y negociado con los dirigentes catalanes de cada momento. Rajoy en su momento uso de intermediario a Urkullu del PNV y a los obispos catalanes, para que sirvieran de intermediarios entre el Gobierno central y el catalán, y no pasó nada. No sé cedió nada ni se dio nada que no estuviera en la Constitución. Exactamente igual ahora con Sánchez en el poder. No habrá referéndum de autodeterminación ni nada fuera de la ley. 


Por supuesto el PP y Ciudadanos lo saben. Saben que ni Pedro Sánchez ni el PSOE darán nada a los catalanes que no esté dentro de la ley, pero sobreactuan de un modo desquiciado a la caza del voto ingenuo, del voto exaltado. 
Es muy peligroso porque juegan con la mentira, y acusan de cosas muy graves para crispar a la ciudadanía y calentar las calles, los cafés, las tertulias, y las casas.
Pero parece que en esta carrera desmedida por ver quien dice la burrada más gorda no tienen demasiada intención de frenar. 
Una lástima que en vez de dedicarse a hacer política para mejorar la vida de los ciudadanos se dediquen a incendiar los más bajos instintos del personal.

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