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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

Vuelos de FAETÓN

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La cultura de los elementos marca las claves de la tormenta interna.

 

La estructura de los elementos define la búsqueda del conocimiento del ascenso y la Caída.

 

Ante el Carro alegórico del Aire, sobre las aguas de fuego, nos asociamos a lo invisible, a lo intangible.

 

Al ser aéreos, desde las aguas, bebemos del mito, se confirma la visión sublime del ideal neoplatónico, materia y alma entran en dialéctica para llegar a los Recuerdos, para adentrase en la Memoria desde el fuego triunfal de Caída ilustrada por Ficino.

 

La imagen de Faetón, aérea y acuática, reproduce el eclipse del fuego eterno.

 

Quiero ir con el viento de Eros desde los dibujos de Leonardo.

 

La Liberación del rapto celeste se enmarca en la Caída del Carro de Fuego.

 

El universo de Faetón une aire, fuego y agua, un tridente que, desde la visión de la danza, organiza una reveladora composición desde el prisma de una coreografía con desplazamientos, con movimientos de brazos, con articulación de manos emancipadas por el Ballet de Ícaro, ilustrado por Picasso.

 

La facultad de volar se revela como imagen bella y siniestra que, ocasionalmente, en un paisaje bucólico-pastoril, traduce la imagen de la belleza incompleta del Vuelo y la Caída descrita por Filóstrato.

 

¿Nos muestra cada Carro alegórico el camino de clarificación de los deseos íntimos y prohibidos?

 

Luz y oscuridad iluminan los procesos itinerantes para retornar a la dinámica de las esferas.

 

Quiero estar en soledad para encontrar a un aliado, a Dédalo.

 

Las personificaciones sobre ideales, que construyen una identidad, son capaces de unir ideales distanciados para crear la utopía de un sueño revelado en las ruedas surrealistas de Lorca y Dalí.

 

Ante el doble rostro de Faetón, Agua y Aire, se evocan los vuelos oníricos ante el goce y la contemplación del Fuego eterno; sobre el Carro, se crea la danza de las estrellas iluminadas de modo circular y oval, entre atmósferas herederas de Leonardo, el abismo se eleva, nos eleva.

 

Volar para descender.

 

La cera y las alas generan imágenes enlutadas, un phatos inquietante, revitalizador del doble camino arcádico.

 

Liberación ante la superación.

 

El tiempo, el crepúsculo del furor, desde el poder del vuelo, crea los sueños y combates que permiten actualizar la representación mítico-mágica del libro del Viento de Faetón.

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