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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

Luz telúrica del contemplador

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El paisaje se contempla. La contemplación prolonga el recuerdo eterno

La transformación del paisaje se muestra en las mutaciones de las nubes, sus deslizamientos se tornan en iconografía de la Melancolía activa.

 

A la luz telúrica se llega desde el alma femenina, desde las visiones de las damas húmedas en el desierto de los anacoretas. La llama del desierto se visualiza en los rostros de nubes y de flores, para definir el relato simbólico-mitológico y venerar, a su vez, la sagrada oscuridad, la Melancolía. Los rostros velados por flores-nube revelan la convulsión calmada, la activa contemplación, la conmoción serena de la fuerza poética y emocional de la tierra de Soledad.

 

La Oda a la Melancholia, revitalizada en las imágenes del artista Durero, explica el significado de la Melancolía como imagen nostálgica por su amada Italia, por el Humanismo de Ficino. La Melancolía de Durero se retoma en Buñuel, en La Edad de Oro y en Un perro Andaluz. La nube vela el ojo de luna de las damas con mantón de flores.

 

La luz ambigua, el furor femenino y la tristeza húmeda, alimentan el ascenso a la cumbre del monte de soledad: el Tocador. La necesidad de un mirador o ventana para Contemplar el abismo interior, visualizado en el paisaje amplío y primitivo, ancestral y puro, se une a la magia de las cuevas prehistóricas elevadas en escala, escenografía de la naturaleza alimentada por la imaginación de la anacoreta.

 

Saturno conduce a la contemplación de la contemplación y al pensamiento creador ensalzado por Ficino.

 

La ventana sin luz y el sueño creador, estímulos ante el sarcófago de la Aurora y del Crepúsculo, se alimentarán de la primavera floreada del jardín de Bóboli, que reposa sobre las cabezas femeninas.

 

Las Diosas fluviales que presiden las islas de Saturno, islas de metamorfosis -de Dafne y de Ofelia-, se unen en la escena nupcial de Lars von Trier, que en Melancolía, Melancholia(2011), crean una imagen poderosa con la actriz Kirsten Dunst, Ofelia-Orlando que exalta el poder cambiante y generador de las esferas cósmicas.

 

La alegoría y la Noche se unen para iluminar a las Damas melancólicas desde el prisma Neoplatónico de Miguel Ángel.

 

Los movimientos telúricos se claman en los tocados, frente al páramo, la flor se permite llorar y traduce la soledad en sus ojos, se representa la melancolía del enigma.

 

Al divinizar la contemplación romántica, desde la revitalizadora mirada al paisaje con alma, surge una imagen saturniana, como un sendero de luz oscura que une a Eros y su vuelo con la Tierra de Soledad alimentada por un jardín.

 

En la tierra de soledad, la melancolía invade a la dama, alegórica visión que define la inmovilidad de la derrota ante Saturno; se eleva la melancolía a la plenitud al fusionarse con su tocado; sucumbe a la tristeza, pero al reencontrase con el jardín, el temperamento solitario traza un recorrido articulado por el camino simbólico originario, una dialéctica interior iluminada desde la meditación de la imaginación.

 

Al redescubrir las claves de la Melancolía, partiendo de Ficino, bajo la luz interior del reino de Saturno, bajo la nube de Petrarca, se materializan los ideales alegorizados, las experiencias vitales crean un paisaje suspendido, un lugar repleto de nubes florales que, sobre la cabeza, rehabilitan el jardín interior. Se construye así la dialéctica entre el locus amoenus y el locus terríbilis, armonía y creencia que facilitan la comprensión de uno mismo desde la luz telúrica del contemplador de la contemplación.

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