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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

Las montañas de Eduardo Martínez de Pisón

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Eduardo Martínez de Pisón (Valladolid, 1937), catedrático emérito de la UAM, ha publicado un texto de miradas cruzadas y transversales sobre el paisaje y la geografía humana, sobre la unión/comunión entre la montaña y la pintura desde las relaciones entre todas las artes, desde los silencios de las cimas a las notas de Wagner.

 

El libro LA MONTAÑA Y EL ARTE. MIRADAS DESDE LA PINTURA, LA MÚSICA Y LA LITERATURA, editado por Fórcola, narra los reales viajes mágicos que, por cimas y senderos, construyen un libro-museo sublime; uniendo creación y ciencia, de la mano de Petrarca y de Leonardo, Martínez avanza y asciende, con espíritu humanista y con sensibilidad romántica, por un mapa real repleto de datos eruditos, compuestos desde la sinfonía de un montañero ejemplar que sabe descubrir la belleza desde autenticidad.

 

 

El hilo conductor de viaje se diversifica, para mostrar la imagen de la montaña como microcosmos, el Parnaso y el Olimpo alimentan la reflexión sobre la estética de lo sublime, para alentarnos de los espejos internos de las montañas-moradas, una geografía íntima y reservada relacionada con los círculos de Dante, con los cielos de Virgilio y con los senderos de los Místicos.

 

La atracción por la Montaña de Petrarca y de Leonardo, abismales en sus relatos-cantos, marcan la parábola del Renacimiento vivida por Eduardo, humanista que pasea su soledad por las pinturas y los escritos sobre/ante la madre Naturaleza, contemplada desde la teoría y desde la práctica, el libro se inserta en la Literatura Artística, como las cartas de Noverre y como los Tratados de Perspectiva.

 

 

Las lecturas de los clásicos le permiten definir un mapa completo y desbordante, que le lleva ante la Sierra de Gredos y, ante la multiplicidad de poesías y panegíricos, marcando un nuevo laberinto en la tierra abulense, desde las alegorías de los místicos a las atalayas de la soledad que, entre silencios románticos, el lector se emociona recordando/aplicando el Himno de Coleridge, desde el misterio del alma al interior de la montaña-morada invadida de incienso florido.

 

Al beber tanta soledad, el ascenso al Teide de la mano de Bretón, nos adentra en la cima interna de la soledad infinita, libre e imaginativa.

 

 

Comentarios

Jose Luis Linaza 16/12/2017 09:38 #1
Bonita presentación de un extraordinario y bellísimo libro que llega a las cumbres geográficas desde no menos inmensas cumbres poéticas. Gracias Eduardos!

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