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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

La TORTUGA del jardín de Bomarzo

La gigantesca tortuga, coronada por la esfera de la Victoria, con su trompeta, con la ninfa Niké, convierte a la tortuga en arquitectura naval, palacio y barca unidos, gaseosos, la tortuga avanza por tierra con elementos procedentes del mar; presagio de un viaje interior, evocadora del Tiempo y del Destino, la tortuga es útero y se dirige al vientre de la Ballena.

 

La trompeta proclama un canto a la Naturaleza en su caos natural, desde el prisma saturniano, Edad de Oro de Saturno; se trata de un canto al rústico manantial de Polia, Julieta, rastreada por Polifilo, de la mano de Ceres, se evapora en las dionisíacas aguas de Bomarzo.

 

 

Se trata de un camino limitado en su duración, amplio en su conquista.

Los ejes cósmicos se unen en Bomarzo, junto a la tortuga está Pegaso, componen una dialéctica que Picasso intensificará en sus obras: tierra y aire.

 

 

La Tierra y el Aire miran al Cielo, a lo Celeste; la alegoría de la Victoria, superpuesta a la tortuga, invoca a la meditación desde la reflexión de las alegorías ultramundanas.

El reino vegetal invade a la tortuga para ser metamorfoseada por las aguas de la vida, aguas subterráneas, un alterativo viaje a la isla de Citerea, un viaje sin regla, sin compás. El musgo lo invade todo.

 

Pirro Ligorio glorifica la dimensión antropológica de Eros, trazando un debate sobre el amor cortés en unión con el reino animal, un juego recuperado en el Surrealismo, en la Ciencia Ficción. Petrarca, Colonna, Ariosto y Tasso alimentan las profundidades de los relatos entrelazados en el jardín de Bomarzo y, entre laberintos desordenados, se van ampliando los planos de conocimiento, velados en su claridad platónica.

 

La tortuga oculta el interior, construyendo los temas ovidianos del Sol y del Agua, al tiempo, desafían el concepto de refugio-morada de Bernardo Buontalentti.

La música de las aguas, se serena en su interior.

Abismo sin retorno, evocador de lo primigenio.

El relato de Hermes(Mercurio) se sirvió de la una tortuga para inventar la lira, para marcar los ecos de lentitud del proverbial animal.

 

Caparazón protector para un animal espiritual.

La tortuga y la vela, marca impresora de Bartolomeo Sermartelli, se eleva en los emblemas para adentrarse en los procesos creativos de un jardín interior; entre el Aire, la Tierra y el Agua, la tortuga voladora, como en la Historia interminable, conquista la celesta y húmeda Fuente de las Tortugas, en Piazza Mattei, en la eterna Roma.

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