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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

LA SOLEDAD de SAN SEBASTIÁN

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SAN SEBASTIÁN forma parte de la iconografía de la Soledad.

Los hombres sensibles han apostado por atarse al árbol del nuevo Adonis.

 

San Sebastián representa la llegada de la Luz. La soledad queda extrapolada y exteriorizada al paisaje, un lugar árido enriquecido por los colores crepusculares.

 

La figura del santo se alimenta del vergel de las naranjas, antagónicas de las flechas.

 

Las imágenes de San Sebastián evidenciaron una clara exaltación de los retiros de soledad como aspiración de renovación y de cambio interior, de metamorfosis: Adonis se torna en Sebastián.

 

Estamos ante un paraíso, un edén de hombres derrotados en sus ideales, se trata del cementerio de San Sebastián.

 

Podemos encontrarnos con hombres que, cargados de diferente culpa, necesitan alejarse de la vida terrena para entrar en una tierra parcialmente terrenal, en otro mundo. El desierto del solitario ocupa un lugar elevado, generalmente; en su altura es un invisible monte desértico, lugar de retiro ascético con posición remota, escenario para invocar al Eros espiritual.

 

La representación del camino de soledad fue esencial, el camino estuvo marcado en cada pintura e irá relacionado con la idea de viaje; se dibuja ondulante y tortuoso, se trata de un lugar árido y profundo, espacio yermo del más allá.

 

La morada de soledad, la cueva o el árbol, como símbolo del inconsciente, tiene una relación con lo originario, se alimenta de oquedades uterinas.

 

Un elemento esencial de la morada y del paisaje de soledad fue la representación del Bosque como lugar sagrado, relacionado con las aguas y los lugares pantanosos o salvajes, es decir, las visiones se realizan desde el viaje interior.

 

El ambiente del personaje, donde la tierra es negra y sopla un viento gélido, nigra erat terra et tenebrosa, aparecen las llanuras, donde los hombres son abatidos por una tempestad.

 

El concepto del desierto, de espacio de soledad, en su forma alegórica, debe mucho a Dante, aunque cada bosque tiene significados simbólicos.

 

Los lugares son espinosos, punzantes, brindan protección contra las malas bestias y los monstruos.

 

El desierto puede llevar en su interior un árbol de la vida.

 

Las alegorías medievales y renacentistas mostrarán las tipologías y las estructuras antropológicas que diferencias las iconografías de lugar. En De arte honesti amandi(1186), de Andreas Capellanus, se describió un jardín estructurado en tres secciones: la interna o de delicias, donde está el árbol, las otras son las de Humedad, de la Aridez. En la tercera sección, la tierra está requemada y el calor es intenso, evocando el trecho desértico. De la misma forma, la estructuración de la visión y el sueño alegórico recurren a la descripción del paraíso, incluyendo referencias del desierto como lugar de desesperanza o lugar de los lugares vinculado al jardín ideal.

 

Uno de los grandes complementos del paisaje de soledad, fue el sendero que se presentará en bifurcaciones simbólicas. Los dos senderos alegóricos, el abrupto y el fácil, permitieron llegar a la descripción del desierto situado entre mansiones alegóricas y torres; un ejemplo revelador está en Pastime of Pleasure, de Stephen Hawes, que situará el desierto entre la Torre de la Geometría y el Palacio de la Bel Pucell; sobre una escarpada roca y con una fuente en el patio, el palacio brilló por sus pinturas sobre la Fama y sobre la historia de Troya.

 

La alegoría y la literatura poético-novelesca descubren jardines y paisajes de soledad, desiertos con paraísos que retomaron, en ocasiones, las leyendas del Grial. La soledad de san Sebastián se nutre de descripciones complejas para idealizar el cuerpo florido.

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