E blazquez 80x111 original

EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

Islas esculpidas por ELENA GONZÁLEZ

Los rostros del tiempo se proyectan en las islas esculpidas de Elena González Sánchez

En la obra de Elena, la antítesis luz-tinieblas, se define en la invisibilidad de las texturas y en las oquedades mágicas que, en sempiternas verticales, deambulan en sus ascensos de la mano de lo fantasmagórico; dentro de la figuración mágica, las armónicas imágenes de Elena González impulsan con ímpetu un nuevo reino de Soledad.

 

 

Una de las certidumbres en las obras de la escultura es el aislamiento, es la imagen de las islas invisibles de sus esculturas que se explican en la mitología de las islas poetizadas por la Naturaleza; desde la iconografía femenina, la capacidad de viajar entre círculos, sobre las ruinas de los ideales de belleza de la cultura celtibérica, las obras anuncian la Metamorfosis en tres actos, en tres islas.

 

La Isla de Aracne lleva a la obra Regeneración, un conjunto de esculturas deambulan y viajan en un mágico paisaje que lleva a la Ciencia Ficción; se trata de un retorno a la cosmogonía de los árboles aéreos sin vegetación, transformados en tejidos de hierro-cobre-bronce; en un juego de móviles, las esferas se nutren de las aguas y de las fuentes reales e imaginarias del paisaje de la diosa Atenea, las burbujas viajeras, como en El Bosco, entrelazan la claridad con la Noche mística para revelar los frutos metalizados de Proserpina. Entre la suavidad y la aspereza, en suspensión, la formas y las superficies unen los mitos de Aracne y Leda, protagonistas de la Metrópolis visionaria y utópica de la creación de Elena; un sueño eterno de ramas y ojos articulan el dinamismo de las coreografías que, en ascenso (escalera-remolino-laberinto-Babel), crea poéticas esferas generadoras de vida humana y vegetal; entre giros y espirales, el espectador, en ascenso y descenso, acepta la luz del Ultramundo.

La isla de Ariadna nos adentra en la obra Bailarina/Lágrima (2001), una lágrima al viento abraza el baile de Teseo y de Ariadna dentro del laberinto que construye el Viento(Céfiro-Cupido-Venus), evocando la lágrima eterna de Eros(Psique), las formas orgánicas giran para crear variantes marcadas por el dibujo modernista y vanguardista (Futurismo y Expresionismo); entre lo tangible e intangible, lo abstracto y figurativo, se define la poética del refugio, un tema-eje en la obra de Elena. Viene a la mente la elegancia de las líneas de Giambologna en Mercurio.

 

La Isla de Dafne llevan a la obra Luna (1997), de madera policromada, recuerda el lenguaje de Miró y de Lorca; entre el cielo y el árbol, el aire y el fuego, se consolida uno de los pilares en la trayectoria de Elena; la terrible soledad se muestra desde la íntima libertad, desde el eje vertical, la armonía y la delgadez, la bella estilización, marca la mirada desde abajo al cielo, contemplación de la contemplación de su familia y de Ávila para construir el cielo en la tierra; desde unas figuras alargadas con intensidad e identidad, llegamos ante el altar de la Verdad, de los Enigmas de una artista en plenitud.

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: