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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

IL MOTI, desde Lomazzo a Pina

Los movimientos internos se extrapolan al lenguaje de la danza en el conflicto del cuerpo con el Alma.

Giovanni Paolo Lomazzo (1538-1600), que destacó como teórico con tratados ilustres en 1584 y 1591, presenta, en Scritti sulle Arte, un cuerpo teórico esencial para las artes escénicas.

 

Lomazzo apostó por la defensa del color y por los efectos psicológicos generadores de placer. Desde Venecia, se crean las sucesiones de variaciones que buscan la integración del espectador con la escena pintada, basando la innovación en pintar un paisaje óptico enfrentado al paisaje táctil, que, además de ser deleitable, abandona el tema a segundo término - a los personajes y los bailarines - para exaltar la escenografía, una revelación en la danza. La obra de arte produce deleite, el espacio escénico será capaz de registrar una sucesión de emociones perdurables en el espectador.

 

El pintor o el escenógrafo será un conocedor de las ciencias en su tonalidad. Para determinar un fondo y una coreografía se deberá conocer tanto la música como la arquitectura, continuando la verdadera regla, es decir, la práctica de la teoría. Como si se tratara de un empírico, Lomazzo insiste en la importancia de la observación de la naturaleza y de los edificios, tanto antiguos como modernos, una fórmula marcada por Lomazzo que se revelará en las artes escénicas de la tradición alemana.

 

Lomazzo apuesta por la teoría animista y por la movilidad, para unir espacio y danza, creando una base teórica para los escenógrafos. Partiendo de los cuatro elementos, esenciales para el proceso creativo, Lomazzo establece vínculos analógicos fusionando macrocosmos y microcosmos, los movimientos de planetas definen la coreografía. Para Lomazzo el cuerpo es similar al cielo, que contiene una sustancia comunicada con el hombre, de esta forma, el alma nos revela un estado de los resplandores celestes que aparecen en el cuerpo, parecidos a los del cielo. Por tanto, para Lomazzo el hombre es perfecto en lo formal al poseer un alma dentro de la materia pacífica y obediente. Dentro de los elementos que componen la naturaleza también suceden estas relaciones. Esto lo explican los movimientos internos y externos.

 

La forma de hacer I Moti, según Lomazzo, consiste en definir las cosas creadas divididas en dos, ya que algunas fueron gestadas y otras fueron generadas por sí mismas, sin ayuda exterior; por tanto, también se mueven sin motores externos, es decir, son las que tienen vida y no necesitan de nada para moverse. Las ramas, según Aristóteles, no tienen en sí mismas una fuerza escondida que las mueva, por contraste con los cuerpos vivientes, como el hombre se mueve por el alma. Las plantas tienen su propio Movimiento Natural, demostrado en el crecimiento de su evolución vegetativa, aunque gozan de otro movimiento, también natural, que es el Movimiento Sensitivo.

 

Frente a estos tipos, está el Movimiento Violento, entendido de dos formas. Un movimiento es el causado por las piedras y plantas; el otro, es cuando por sí misma se enciende la cólera transformándose en feliz movimiento, aunque este movimiento violento puede dar lugar al Movimiento Placentero producido por el amor. Pero el hombre, como ser racional, goza de un Movimiento Razonable, el cual sirve para suavizar el movimiento natural de las plantas, el sensual de los animales y el Movimiento Accidental. El artista tiene la posibilidad de domarlos por la luz de la razón. Lomazzo lo entiende como superación del hombre, convertido en educador-rey de los salvajes animales; la proyección más evidente de estas cuestiones estará en la unidad planteada en cada puesta en escena, los bailarines y la escenografía lo conformarán; la coreografía y el espacio escénico de Pina darán forma a los distintos movimientos.

El movimiento, esencial en el Ballet, debe representarse, según el sabio juicio y la conveniencia del artista, expresando los movimientos ligeros o lentos, dependientes del movimiento resultante de la fuerza y dirección de los vientos, inspiradores del lenguaje de los actores del Ballet. De esta manera, las ramas más finas y ligeras tendrán que ser representadas juntas en el acto, cediendo e inclinándose por la parte opuesta a aquellas desde donde viene el viento; por contraste, están los troncos firmes con sus diferentes desplazamientos. Lomazzo añade Movimientos Vibratorios, que son Moti Tremanti, movimientos internos que pueden ser útiles para realizar un paragón con la danza. Los movimientos de los árboles, del mar y de las rocas son ampliados en las reflexiones de Lomazzo para dar paso a las composiciones de los paisajes con sus tipologías en las creaciones de Pina.

 

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