EPÍSTOLA IV, desde el jardín de VERSALLES.
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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

EPÍSTOLA IV, desde el jardín de VERSALLES.

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A Liuba Cid.

 

Querida Liuba:

Te escribo desde el jardín de Versalles, escenario de trasmutación de signos y símbolos de exaltación de la Fiesta Cortesana, un emplazamiento abierto a transgresiones procedentes de tu Tratado de Teatro.

En el eje axial apolíneo cartesiano, reina la idea de un orden megalómano e infinito perpetuado en una meditación elaborada en etapas. La belleza regulada ampara tu ingenio humanista y genera la residencia alegórica de los dioses paganos.

Engendrada entre tinieblas, la princesa de las aguas doradas te rescata de tu mesa escénica, estás dormida en la dramaturgia del reino de Tetis, texto representado por Giacomo Torelli para Luis XIII, espacios cavernosos para seres secretos necesitados de libertad.

De la mano de Luis XIV, enmarcada con el rey Sol en la Fiesta del Amor y Baco, recorres el Gran Canal de las Aguas de Apolo; entre intermitentes olores a flores aromáticas y exóticas, te cubres con el imaginario de Molière para recrear las Loas de Calderón de la Barca; en once islas artificiales de El Escorial, la alegoría se apodera del trascoro del nártex teatral. Una visión innovadora cubierta por el mar nocturno de Teresa de Ávila, santa que te ilumina con humo azul.

La lluvia de estrellas define las trayectorias de tu encuentro con el jardinero Le Nôtre, constructor del gran espacio barroco que está dispuesto para los espectáculos, para trazar los caminos y ejes del espacio de poder emocional, itinerarios de melancólicos que contemplan la ascensión a la Fuente del Conocimiento.

¡Entra en la contemplación del baño de Apolo, emerge en la imagen de un caballo entre parterres!

¡Liuba, diosa Diana, al trote, quedas sumida en las cavernas misteriosas que, convertidas en refugio, unen el mar con tu fértil útero!

Inmersa en la gruta de Tetis, fluyes entre los chorros y las cascadas de agua para conquistar el órgano hidráulico, teatro esencial para escenificar la Loa de Tetis con el Centauro Quirón.

Superado el desierto/destierro interior, en soledad creativa, replegada, te veo en el gabinete de la biblioteca, leías a los clásicos griegos.

¡Bella heroína anacoreta!

Aposento soleado por Eurípides y Sófocles.

¡Se escucha la música de Jean-Baptista Lully! ¡Un mapa sonoro deudor de Florencia!

Desde la ventana, Liuba, observas el baile solemne y trágico entre Luis XIV y Lully, vestidos de Apolo y Jacinto, viajan al placer de los veinticuatro violines que provocan el acercamiento sexual entre los dos héroes.

Liuba, te veo apoyada en un alféizar aterciopelado, te aferras a la cortina para imaginar el drama de la metamorfosis viajera que, en clave bucólico pastoril, me recordó a tu acordeón cubano que ilustra leyendas reservadas en tu cofre (vánitas en ventana).

¡Cuatro alegorías de los ríos, entre los cuatro elementos/temperamentos, ordenan el espacio escénico de Lully y Bensarade!

¡Música y baile para las églogas dedicadas a Versalles, intermezzo de Lully y Quinault que elevas con el caballo troyano de El Greco!

En el paseo marítimo, en el gran Barco, las aguas de Neptuno te llevan junto a Glenn Close; os mantiene activas, un diálogo intenso sobre la Poética de Aristóteles, ambas, ante el tocador del aposento flotante, descifráis las pinturas manieristas de damas ensimismadas.

¡Te vistes de Aurora, Glenn se disfraza de Crepúsculo, dos alegorías poderosas elaboradas desde el estudio iconológico de Cesare Ripa! ¡Aleluya!

¡Suspiro!¡ Suspiras!

¡Infinito horizonte de una dama inmersa en un panorama pintado con plata véneta!

...

¡Volverse, para ver el macizo de tulipanes!

¡Esfinges de Versalles, escoltad a Liuba en su entrada al naranjal!

Liuba y Lope de la Vega circundan la fuente de la Aurora para crear la dramaturgia de Galatea sin Acis.

Atraviesas el espejo de las aguas de Saturno, intervienes la escalera de Apolo para escuchar a Ofelia y aniquilar a Hamlet.

¡Sabor de amapola!

Liuba, te espero en el espeso bosque de cerezos (jardín en flor), estoy en el extremo de la fuente de Venus, me abandono al sueño de Ariadna y veo tus enormes alas. Dédalo está de tu parte, eres su heredera.

Dentro del Sueño de William Shakespeare, desciendo por la rampa de Piranesi, te mando el ovillo de las ensoñaciones de Segismundo.

¡Sed de Sabiduría!

¡Aguas de Liuba, unificad los clásicos con la vanguardia!

¡Sed de conocimiento que se visualiza en los versos de amor por el Teatro, por el Lenguaje musical de las estrofas móviles!

¡Verde que te quiero verde!

Liuba deambula hacia la gruta de Tetis, va vestida de Aquiles, lleva en sus brazos a su madre, recamadas de perlas, entran en la caverna maternal de las heroínas.

Inmersa en el laberinto de Dédalo, Ofelia/Liuba escucha el cuarteto del poeta Bensarade, fábula del remolino floral de Esopo danzado en la sala de Baile de Luis XIV.

Al salir, te identificas con Sabine de la Barra en al anfiteatro, jardín que mira a Bóboli, a Polia.

El velo del agua del teatro de Tetis, permite ver la rocalla cubierta de musgo, el escenario, convertido en isla del amor (Amor de Eros), se glorifica en el registro femenino de Psique; el camino místico de la directora de escena, renace al galope del estudio de Lope de Vega, entre las mutaciones gestadas, el ideario transversal define un museo de espejos para Segismundo.

¡Espejo, espejito!

Entre columnas corintias, sobre el sendero místico de la opulencia de Luis XIV, te adentras en el Teatro del Agua, universo invisible deudor de Villa Adriano, preludio del jardín inglés del XVIII. La música de un instrumento teresiano te pone en alerta.

Espejismo.

La música de las aguas convoca a Galatea y a la Aurora, el concierto se cubría con las cúpulas soleadas del alma sublime de Liuba.

¡El sol se extinguió en la laguna de Tetis, Liuba se cubre con el velo anaranjado para invadir el mar con la concha de los hipocampos!

¡Los caballos de Neptuno, agitados, alteran el tumultuoso mar!

¡Al exhalar el perfume de Liuba, el dragón de la sabiduría rescata a la bella dramaturga!

¡Brotar desde las aguas!

¡Comenzó el laberinto escénico aéreo invocando a la hija de Dédalo!

 

Un beso hilado con agua.

Eduardo B. Mateos.

Comentarios

FIOREN 29/08/2021 12:21 #6
Castello es el origen. Villa d´Este es la explosión báquica. Bomarzo es lo SALVAJE y Versalles es la sublimación. La progresión de estas églogas epistolares es fuerte. Espero con curiosidad la siguiente.
Begoña moares 28/08/2021 23:26 #5
Por favooor!!!!! Que paseo tan impresionante, cuanta dulzura y reconocimiento a la belleza, al reconocimiento de una persona excepcional sin duda. Al saber hacer, a la profesionalidad que, me consta, es impecable. Pero sobre todo, gran oda a la ternura del cariño y amistad . Felicidades Liuba, estoy segura de que así exactamente es como eres. Todo mi respeto y admiración, gran mujer. Querido Eduardo, ves como si eres un ser de luz?
Liuba Cid 28/08/2021 21:19 #4
Recojo esta epístola como un regalo del maestro a través del espejo cuántico del tiempo y la sabiduría. Cuántos personajes hemos soñado, cuántas representaciones en un Madrid sembrado de tramoyas y juegos de agua entre "lodos de perejil y hierbabuena", que diría Góngora, cuánta magia entre los surcos del perro semihundido de Goya. Me asomo desde ese jardín que dibujas en tu epístola y veo a Tespis con su carro alado sobrevolando las cúpulas de Metrópolis, a veces no es un carro, sino un mascarón de proa diseccionado en "la mirada del ojo en vértigo" de Hitchcock, o una criatura fugada del jardín de las delicias que juega al ajedrez en el moño de Kim Novak (no solo en mármol dura la belleza). A mi memoria vienen tus elogios de la urbe idealizada, la ciudad perfecta, o casi, porque el eje axial difiere de su parte racional cuando el ojo mira por el trampantojo y es capaz de vengarse y volver a morir. Suena Lakmé: el Duo de las flores de Delibes (Doucement glissons: de son flot charmant suivons le courant fuyant dans l'onde frémissante), el tono del balcón de Julieta lo has pensado en Azul de Prusia para el acto I, esa noche encendiste para tus discípulos candilejas de narcisos dejándonos tu Lira suspendida. A Apolo llamas, y yo tropiezo con tal de ver cada cosa que me ofreces. Pocos sabios amantes, como tú, saben esparcir la sabia que eterniza, traza de caballero andante, mitológico centauro, dulcísismo amigo, castellano ultramundano de ingenio y naturaleza. Quien te conoce no te alcanza.
ERRIKARTA RODRÍGUEZ 28/08/2021 14:16 #3
Excepcional paseo en barca por un jardín edénico de nenúfares y lotos vestido de poesía y dramaturgia, bella carta de amor a la amistad de dos buenos amigos. Bosque y jardín, teatro y ballet, bella puesta en escena llena de plasticidad y elegancia, reflejo verdadero del carisma y la personalidad de un ser tan especial como es Liuba. Hija de Olofi, de Yemaya engendrada para dar belleza y honestidad al mundo, ser puro y libre que con su sola presencia consigue apagar los fuegos que asolan al mundo, maestra de la palabra y del buen hacer………. No nos dejes nunca.
Alejandro Sánchez Caballero 28/08/2021 13:09 #2
Tremendamente alucinado. Hay en la conexión de todas las ideas un virtuosismo elegante opulento que engrandece el mismísimo horror vacui que tanto amaba el rey Sol. Amo Versalles, pero ahora los espejos se ven de otra forma tras leer este texto. Este Versailles habla y genera un gran conducto de almas y escena, es la vida misma. Reconozco no haber entendido todas las referencias, pero aprecio no hacerlo, aprecio sentir que aún me encuentro al otro lado del gran canal del jardín construyendo aún mi barca que Apolo guiará para llegar al preciso lugar donde ocurre el teatro. No me cabe duda de que Liuba es impresionante, y q seguro q se siente afortunada de que le escriban algo así… que maravilla!!!! Quien no quiere ser protagonista de algo tan excelente?! Gracia Eduardo. Gracias Liuba.
Alejandro Sánchez Caballero 28/08/2021 13:09 #1
Tremendamente alucinado. Hay en la conexión de todas las ideas un virtuosismo elegante opulento que engrandece el mismísimo horror vacui que tanto amaba el rey Sol. Amo Versalles, pero ahora los espejos se ven de otra forma tras leer este texto. Este Versailles habla y genera un gran conducto de almas y escena, es la vida misma. Reconozco no haber entendido todas las referencias, pero aprecio no hacerlo, aprecio sentir que aún me encuentro al otro lado del gran canal del jardín construyendo aún mi barca que Apolo guiará para llegar al preciso lugar donde ocurre el teatro. No me cabe duda de que Liuba es impresionante, y q seguro q se siente afortunada de que le escriban algo así… que maravilla!!!! Quien no quiere ser protagonista de algo tan excelente?! Gracia Eduardo. Gracias Liuba.

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