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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

DRAGÓN soleado

El Dragón vigila las grutas oscuras donde germina la vida.

El Dragón, dentro del pensamiento mítico, se vincula a los lugares consagrados a la Fuente de la Vida, a las aguas primaverales que, en su ambivalencia, contrasta en su unión/separación con las aguas subterráneas y nocturnas.

 

 

En su dimensión aérea, el dragón aparece con un Carro Triunfal en la Sala Regia de Gregorio XIII, que se vincula con uno de los libros emblemáticos del papa humanista, la pintura mural de Cesare Arbassia sublimará las visiones.

 

 

Guardián de Venus, rivaliza en los actos de amor, en su contraste, Apolo dispara con la flecha al Dragón, la Luz se enfrenta a la Oscuridad.

 

 

El buen Dragón, soleado, representa el mensaje de eternidad, vela la vida de las fuentes de la fertilidad. El Dragón tira del Carro de Ceres, con su fortaleza, desde la unión del agua con el fuego, se vincula al cuerpo del guerrero, a los soldados de caballería, humanistas acorazados, el dragón se inserta en el ideal completo del caballero armado, modelo que recorre oriente y occidente.

 

 

El Dragón se transforma en Mercurio filósofo e inicia el vuelo en el carro alado.

En el libro de Francesco Colonna, El Sueño de Polifilo, el Dragón, al pie de la pirámide de la Fortuna, defiende la galería dedicada a Afrodita y se une al jardín simbólico para incorporarse a los bosques sagrados de Bomarzo y de Pratolino, espacios emblemáticos del Renacimiento que, desde la clave alegórica del texto de Colonna, muestran al dragón guardián de la Fons Vitae, defiende los lugares puros, con sus alas y escamas se une a las aguas de la luna.

El Dragón, entre el agua y el fuego, fecunda el humus en el que nacerán las plantas de las grutas, generadoras de vida, con las alas trasciende para elevarse al Enigma.

El Carro de Ceres, llevado por Dragones, evoca su lado placentero, enfrentado a la dimensión monstruosa de Poe y de Kircher, entre el furor del agua y del fuego, se siembran las tempestades en el cielo y en las aguas; vinculado a la Esfinge, se espesan las aguas y los cielos, en su transformación, muestran el flujo y el reflejo que agita a las sirenas.

 

 

El Viaje al paraíso con Dante y Goethe, supone, sobre las cimas de las colinas, ver velados dragones, una visión mágica de los dragones negros que, en las visiones ultramundanas, están unidos a paraísos construidos en cristal.

¿Quién da cobijo a los dragones? ¿Qué culturas han convertido a los dragones en iconos?

 

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