AIRE DIONISÍACO, WIM VANDEKEYBUS
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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

AIRE DIONISÍACO, WIM VANDEKEYBUS

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Bailar es volar, al volar se versifica la liberación.

 

Bailar con tu media naranja es un viaja alado por el jardín de las Hespérides.

 

¡Bailar contigo ha sido un sueño voluptuoso, una experiencia coreografiada por la imaginación del folklore erudito de la tierra madre!

 

Una interpretación pasional del movimiento, unas ideas amorosas elaboradas por los hilos aéreos de las musas.

 

Unas huellas profundas que aparecen en los troncos de los árboles, en los bailarines de Wim Vandekeybus.

 

 

El corógrafa belga, en In Spite of Wishing and Wanting(1999), unifica la irracionalidad animal con el paganismo ancestral. Los diez hombres bailan entre ellos, fogosos y vulnerables, en plenitud dialéctica, disuelven sus sentimientos en una atracción abismática sublimada por la partitura de David Byrne.

 

Cuerpos desnudos báquicos, seres que vuelan y se susurran.

 

Danza de chamanes ilustrada por el hechizo del humanismo pagano.

 

¡Los hombres aúllan, dan patadas, se agreden como centauros, se besan en el naranjal satírico!

 

Los bailarines gritan al cielo soñado del desamor desde la fuente azahar.

 

Desde la caducidad del orgasmo animal, los secretos violentos emanan ante la luz invisible.

 

Abruptos y peñascos que se evaporan para dar forma a la sustancia de los sueños. Llega lentamente la sabia volátil de la almohada elaborada desde los sueños de Calderón de la Barca.

 

Éxtasis del amor entre hombres, sueños pecaminosos definidos para arqueros con armas, con faldas o faldones.

 

Sogno.

 

Sueño y deseo para una danza épica que activa la dimensión heroica de los torneos privados de los sátiros. Bajo el hechizo de la pasión, los movimientos de los diez bailarines impresionan por su diversidad, por las variaciones del canon estético. Sus movimientos, violentos y contenidos, expresan el laberinto de las pasiones del reino animal espiritualizado desde la desintegración de lo apolíneo, una liberación subjetiva activada por el contraste entre el idealismo neoplatónico y la rusticidad pastoril, un universo revelado en la Edad de Piedra pintada por Piero de Cosimo.

 

Ante las pasiones aéreas del centauro Wandekeybus, la lira de Orfeo provoca los internos movimientos de las plumas esmaltadas por Mercurio, un paisaje de lujuria ordenado por las ensoñaciones nocturnas que se condimentan con un gran elogio a la locura de amor que, desde el ideario de Erasmo, subliman las mentes perdidas en el jardín de las delicias.

 

Viento de aire, luz de agua sucia. Se destierra a Céfiro.

 

 

Los bailarines se activan desde el laurel de Dafne, sus ascensos, que provocan en los bailarines la rebelión, sufre la transformación del alma versado en un ballet ecuestre; convertidos en ejército de Mercurio, añaden la rectitud de los movimientos báquicos.

 

¡Ah, dolor de amor alado!

 

¡Amando nos libramos del ser amado!

 

¡Silencio!

 

¡Ascendió la rosa rosa de Orfeo!

 

 

Tragicidad perpetuada en el negro surgido desde el tenebrismo unificador.

 

… 

 

WIM VANDEKEYBUS aporta la antítesis del Renacimiento en el Norte de Europa, sus creaciones remiten a la cultura flamenca; desde la Bélgica, los ecos de la pintura de Flandes, se imprimen en la fuerza expresiva de los artistas del Barroco; la trágica inquietud de Rubens, la serenidad clásica de las alegorías de Brueghel, encaminan el heroísmo de la coreografía homérica.

 

 

LA MEDIA NARANJA en la HOMOFILÍA.

 

Media naranja, en ida y vuelta, entre bailes suspendidos, desarrollan las bellas palabras de los cuentos de Julio Cortázar.

 

Desear, rechazar, querer.

 

Al desear, se desplaza la media naranja entre movimientos dionisíacos que consolidan el trance.

 

Dormir, sufrir.

 

Gritar, recordar.

 

Naranja y azahar, baño de frenéticas ménades, alimento de sátiros perpetuados por los movimientos primigenios que emanan de Laocoonte.

 

Desesperación.

 

 

Phatos dionisíaco de Wim Vandekeybus, que traza la fuerza de los extremos en movimientos explorados en los manuscritos de Aby Warburg. Los instintos salvajes retornan a la Antigüedad, a las danzas de las bacantes con trayectorias simbólicas de sátiros y cíclopes, monstruos aturdidos por la fuerza de Polizano, por la aglomeración de El Bosco.

 

Desplazamiento de las palabras de Ovidio y de Cortázar al vuelo soñado de Calderón de la Barca.

 

Dialéctica de los instintos que ponen en práctica los estudios iconográficos de Fritz Saxl y Edgar Wind, misterios paganos que definen el Pathos en el ritual ancestral.

 

Movimientos enlutados en la décima soledad. Una soledad suprema es siempre aérea.

Comentarios

FIOREN 16/05/2021 12:11 #1
Baile, vuelo, amor, amor pero báquico, el de las bacantes, catártico, el mismo del éxtasis de la ménade helenística. No es posible entender otro que no produzca esa sacudida emocional ni es posible explicarlo de manera tan magistral como lo hace mi alter ego. En las últimas reflexiones que estamos pudiendo contemplar por este cauce, sobre el musgo, el land art, los análisis warburianos, ya está llegando al virtuosismo extremo del análisis pictocrítico, no sólo porque esté afinando al máximo su capacidad intelectual en plenitud, sino porque lo está haciendo desde la entrada originaria de la caverna desde la que todos los sueños vuelan y habita su sentimiento más profundo y... desde donde siempre espero, cual Dafne...

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