Un brindis por Zhar-Ptitsa, febrero de 2018
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El Brindis

El blog de Ruth Pindado en Tribuna de Ávila

Un brindis por Zhar-Ptitsa, febrero de 2018

El si bemol parece alargarse más de lo normal bajo el suave tañer de los violonchelos a la espera de que violines, violas y otros instrumentos de la orquesta de Igor Stravinski emprendan el vuelo y hagan danzar a Tamara Karsávina.

Sublime. Poderosa. Enérgica se contorsiona como un pájaro de fuego majestuoso, brillante e intenso que pulula por el escenario haciendo refulgir sus mil colores ante el asombro, el miedo y el placer de los espectadores.  

 

Entran ansiosos los oboes, gimen, gruñen y gritan alzando las alas para partir. Sonrío y abro un Manor Divnomorskoe Riesling 2013 largo, fresco, equilibrado, de un color cristalino y con tanta fuerza y personalidad que me llena hasta el alma. Comienza entonces, entre violines y clarinetes, la huída, la persecución, el miedo, el ansia y yo, saboreándote, me dejo llevar ilusionada hacia la oscuridad dónde siempre me abandonas y que yo, con fe, tomo y retomo hasta el desconcierto.

 

EN EL SALÓN

Los faroles apenas tenían las sombras
esa noche “aún no sé si en verdad sucedió”,
pero no olvidaré aquellas lívidas nubes
que incendiaban las llamas finales del sol.

 

Me senté en la sala colmada de gente.
Lejos, los violines hablaban de amor.
Te envié una rosa de fuego en un vaso
de vino de Aí, rubio como el sol.

 

Me miraste. Encontré tu mirada altanera.
Insolente y confuso hacia ti me incliné.
Te volviste al oído de tu caballero
y dijiste mordaz: ... “y él me adora también”.

 

Resonaron las cuerdas de pronto en la sala;
los arcos vibraron apasionadamente...
pero fuiste mía, lo vi en tu desdén joven
y en el temblor pequeño de tu mano breve.

 

Te alzaste fugaz como un ave asustada;
pasaste a mi lado, leve como un sueño;
flotó tu perfume, entornaste los ojos
y llenas de alarma tus sedas crujieron.

 

Vi que tus miradas desde los espejos
decían: “recíbelas, que tuyas son...”
Temblaba el collar al bailar la gitana
que estaba cantándole al alba de amor.

Alexander Blok  (1880-1921)

 

Salgo en tu búsqueda por los frondosos bosques, siguiendo el rastro que deja tu llameante plumaje de color amarillo, oro, rojo y ámbar; guiada por la estela de tu olor y tu cántico sanador. Una vez más voy detrás de ti, enloquecida, atormentada, exultante. Cómo guiada por los hermanos Grimm, desoigo al zorro y penetro en tu jaula de oro, y busco tus brazos de oro, y sueño con sentarme a orillas de tu pozo con el agua que me de la vida. Pero, igual que los hijos del rey, quedo condenada a la maldición continua de tu ausencia, de tu ignoro, de tu olvido, como en el cuento me arrastras una y otra vez al fango; ellos sin manos, sin pies, sin vida; y yo… yo, sin alma.

 

Canto y gimo hasta quedar exhausta.

 

El vino, el ansia y el baile me vuelven a enredar en ti. Sumergida en el aroma del recuerdo confío en el pájaro una vez más, será la última, y vuelvo a salir en tu búsqueda. Esta vez será la última me repito insistentemente para creérmelo. Y retomo, cabizbaja, la energía y el valor para salir a ti y, otra vez ilusionada arranco. Violines, Oboes y un clarinete me guían ávidos en tu búsqueda. Avanza el tempo, sube el ritmo y con ello mis ganas crecen nuevamente y deja de haber miedo, y rabia, y dolor. Se vuelve a parar el tiempo en el recuerdo y nace, de la nada, la confianza.

 

Vuelvo a ser yo, arrinconada por tus princesas Yelena, Vasilisa y Marya Morevna, asomo ahora mi valor y emprendo el vuelo, sigo, como otras veces, la estela de tu aroma, de tu cuerpo, de tu voz y me dejo llevar hasta alcanzarte, hasta sentarme a horcajadas sobre tus caderas y retenerte en mis brazos eternamente.

 

Tamara Karsávina cae rendida  a los brazos de Alexis Bulgakov tras dos horas de esplendor en la Ópera de París. Mi copa de Manor manoseada varias veces me recuerda los aromas de las grandes estepas rusas, del frescor salvaje de la libertad, y del brillo de los ojos tras el paso del recuerdo por el alma. La habitación ha quedado en  silencio con el final agitado de la música de Igor.

 

Queda, pegado al olvido, el aroma amargo de lo que nunca será.

 

Brindo por ello

Comentarios

El Tachuelas 20/03/2018 10:16 #16
lengua suelta y pluma fácil. una copa contigo y bailamos al ritmo de la música.
Satur 28/02/2018 16:20 #15
!Quiero el siguiente ya!
Mamen 22/02/2018 17:18 #14
Qué cosa esta del vino, los dioses y la música.
Luciano 22/02/2018 11:13 #13
A la gente maravillosa hay que daros alas para que voléis alto. Eres magnífica, Ruth, en letras, en sonrisa, en compañía. Me gusta como escribes; como hablas y, últimamente hasta como piensas. No dejas de sorprenderme. Por cierto, en la radio estuviste divertidísima, de 10.
Nómada 15/02/2018 10:49 #12
cae en mis manos un texto tuyo y me transportas a otra realidad. Adorable.
Carlos 14/02/2018 09:19 #11
Moooooooolas
. 13/02/2018 23:10 #10
A veces sueño contigo, hablas mientras tomamos un vino. Luego bailamos. Soy feliz.
Débora 11/02/2018 19:56 #9
te adoro. Sin más.
Andrés 11/02/2018 19:54 #8
te acabo de ver en mi pueblo, en Navalosa, y he pensado en lo simpática y maja que eres y justo me pongo a leer tribuan y estás y me encanta como escribes. un aplauso para que sigas así.
Esther 07/02/2018 22:38 #7
Hija k bonito, me gusta tu forma de escribir y tu gusto x la música, el vino y la mitología. Un 10

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