Un brindis por Mayáhuel… junio de 2017
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El Brindis

El blog de Ruth Pindado en Tribuna de Ávila

Un brindis por Mayáhuel… junio de 2017

Los sábados a tu lado, juntos, muy juntos. Unimos nuestras copas dejando sonar un leve tintineo mientras el vino baila, suave, casi como si oyera la música que tenemos de fondo “la Batalla”, música de guerra para enfervorizar a los guerreros antes de la lucha. Los tambores llevan el ritmo que crece a cada compás a medida que el paso se acelera. Una flauta de pan ruge desacompasada para dar la entrada a los golpeos firmes y seguros de los pies contra el suelo.

 

Más de dos horas de baile, los cuerpos calientes, sudados, febriles de vino y miedo saltan y giran, se golpean las piernas y chocan los hombros de unos guerreros con otros, animándose, sintiéndose, necesitándose. Y en este estado de emoción y ansia aparece de la tierra Mayáhuel, diosa azteca de la embriaguez, de un azul intenso trae de la mano unas cuerdas sin hilar, una nariguera de jade y una vasija de barro llena de maguey para alimentar a los guerreros. Le acompaña su esposo Patécatl, dios de las hierbas para producir pulque y animar los corazones de los hombres que pronto irán a la batalla y quien, bajo el abrigo de sus cuatrocientos conejos, dioses de la ebriedad, para sacrificio de intoxicados, se erige en líder.

 

Mayáhuel renace en cada contienda como lo hiciera antaño, cuando fue castigada por su abuela por pasar de estrella a árbol y viajar en forma de rama al interior de la tierra. Pero la diosa, ayudada por Quetzacóatl, revivió en forma de planta de maguey, de donde se extrae el pulque para celebrar y dar ofrenda a los demás dioses. Hoy Quetzalcóatl, dios de dioses la acompaña ensimismado por su belleza. También le siguen Ometochlti, espíritu de la embriaguez y dios de los borrachines, uno de sus cuatrocientos hijos con Patécatl.

 

Caminan juntos hacia Tpozteco, cumbre del monte Tlahujltepetl. Allí se adora, se venera, se ora a los dioses para que los guerreros venzan en las contiendas, lleguen airosos a sus casas con sus mujeres y celebren las victorias en familia.

 

Cantos divinos (teocuícatl) y guerreros (yaocuícatl) son susurrados por los sabios.

¡No te amedrentes, corazón mío!
Allá en el campo de batalla
ansío morir a filo de obsidiana.
Oh, los que estáis en la lucha:
yo ansío morir a filo de obsidiana.
Sólo quieren nuestros corazones la muerte gloriosa.

Anónimo.

 

El olor crece a medida que pasa el tiempo, es un olor a vida, a miedo, a hombres enfervorizados por el vino y los sueños. Olor a batalla, a fuego, a ansias, como las que nacen en sus cuerpos que siguen girando al ritmo de los tambores. No hay dolor, ni cansancio, solo unas ganas irracionales de que comience el combate, de traer los corazones del enemigo para alimentar a la tribu y regalar a Mayáhuel vidas enemigas. La noche entra de lleno entre las cumbres de los altos oyameles y los juníperos cubriéndolo todo. Las hogueras se van apagando y los cuerpos, exhaustos, se retuercen entre las hierbas vencidos por un sueño común mientras los Tlahtimines (sabios nahuas) tratan de poner un poco de orden al caos creciente. Hacen los sacrificios de fuego y sangre para que el inmenso mar, donde habitan los monstruos, no se coma a los guerreros y los devuelva sanos y salvos a sus mujeres. Teñirán los lagos, ríos y mares de vino para que, borracho el enemigo, no acierte a lanzar sus dardos contra el pueblo. Después, sus cuerpos muertos y flotando serán ofrecidos a las bestias para alimento y las pieles forrarán el interior de las casas, para que todos vean las victorias obtenidas y el enemigos los tema en las próximas vidas.

 

Percibo lo secreto, lo oculto:
¡Oh vosotros señores!
Así somos, somos mortales,
De cuatro en cuatro nosotros los hombres,
Todos habremos de irnos,
Todos habremos de morir en la tierra…

Nadie en jade,
Nadie en oro se convertirá:
En la tierra quedará guardado
Todos nos iremos
Allá, de igual modo.
Nadie quedará,
Conjuntamente habrá que perecer,
Nosotros iremos así a su casa.

Como una pintura
Nos iremos borrando.
Como una flor,
Nos iremos secando
Aquí sobre la tierra.
Como vestidura de plumaje de ave zacuán,
De la preciosa ave de cuello de hule,
Nos iremos acabando
Nos vamos a su casa.

Se acercó aquí
Hace giros la tristeza
De los que en su interior viven…
Meditadlo, señores,
Águilas y tigres,
Aunque fuerais de jade, 
Aunque allá iréis,
Al lugar de los descarnados…
Tendremos que desaparecer
Nadie habrá de quedar.

Poesía de Nezahualcóyotl

 

Pero, mientras tanto, luchemos....

 

En medio del brindis con Mayáhuel brotan de los pechos de la diosa el alimento eterno que rejuvenecerá a los guerreros..... brindo con ella.

 

 

Comentarios

Juan 03/07/2017 00:13 #1
Hoy si. Te leo y releo. Enamorado de tus palabras.

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