Un brindis por 'El Olimpo'… marzo de 2018
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El Brindis

El blog de Ruth Pindado en Tribuna de Ávila

Un brindis por 'El Olimpo'… marzo de 2018

Empieza la bacanal en El Olimpo en honor a la diosa Puta. Suenan con fuerza la obertura y el primer acto de “El ocaso de los Dioses” y, hasta Wagner, en forma de nibelungo, merodea entre ménades, vestales, ninfas, hadas y demás seres de los mundos divinos, dirigiendo con inigualable maestría a su grupo de músicos. ¡Comienza la fiesta!

En lo alto del Mitikas, monte sagrado, reunidos como si de un consejo de guerra se tratase, los doce dioses cogen fuerzas para darse, amigos todos, a los placeres terrenales. Por un día no habrá pugnas, guerras, batallas ni odios. Por un día la música, el vino, la comida y el sexo hermanarán al mundo y agotarán los cuerpos.

 

Ánforas repletas de vino blanco y tinto,  de Moscatel, Chardonnay dulces, afrutados, sensuales se mezclan con la Syrah y Tempranillo más ácidos, más equilibrados, más potentes y cubren cada apartado del monte para dar rienda suelta a los sentidos. Servido por bellos eunucos, kurgarrus, assinnus, ishtaritus y gallis, todos a las órdenes de las temidas Amazonas que aún no han probado el elixir prohibido de los dioses, se prestan a los juegos de ellas y ellos.

 

Bandejas de carnes, frutas y dulces se van repartiendo por los rincones mientas suenan las liras, los aulos, las cítaras cada vez más fuertes, excitando los sentidos de los presentes y adentrándolos en el éxtasis carnal.

 

Y lo prohibido es ahora bendecido por el tiempo. Hermanos, amigos, amantes e hijos dan rienda suelta a sus placeres, sin recelos, sin miedos, sin límites.

 

 A lo lejos  tú, mi Amon, mi Apolo, mi Balder. Te contoneas desnudo, mostrando tus atributos, tu belleza. Tu pelo blanco teñido por las nieves del tiempo se entrelaza con las ensortijadas manos de las ninfas, y te acercas a cada fémina haciéndome crecer en rabia, miedo, celos y angustia. Sonrisa de dientes blancos que tornas grana por los besos a las ánforas. Dedos largos y cuidados que acarician los pechos de las diosas y las ménades provocándote temblores de placer. Tu espalda dibuja una curva perfecta acariciada por cien manos de vestales que van sublimándote a la locura. Tus ojos no se han apartado de los míos, esa mirada gris sujeta mis pupilas enloqueciéndome, haciendo a mi piel erizarse y endurecer a mis pechos. Mis manos quieren agarrar las tuyas, las alargo tratando de que mis dedos te rocen la piel. Pero no puedo. Te alejas y me siento forzada por Au Co, por Lugh, por Mayàhuel. Soy presa fácil expuesta al placer de otros mientras me aferro a ti, solo de pensamiento.

 

                Entre el discorde estruendo de la orgía…

                               Entre el discorde estruendo de la orgía

                               Acarició mi oído,

                               Como nota de música lejana,

                               El eco de un suspiro.

                               El eco de un suspiro que conozco,

                               Formado de un aliento que he bebido,

                               Perfume de una flor que oculta crece

                                En un claustro sombrío.

                               Mi adorada de un día, cariñosa,

                               -¿En qué piensas?, me dijo.

                               - En nada…- En nada ¿y lloras?- Es que tengo

                               Alegre la tristeza  y triste el vino.

 

                                                               Gustavo Adolfo Bécquer  (1836-1870)

 

Las cítaras me ensordecen mientras gimo de un placer no buscado, pero tenido. Y me baño en vino para arrancar de mí tu ausencia y tu desprecio, y a cada trago te pierdo un poco más y gano más deseo. Enloquecida voy siendo saciada por los dioses de este Olimpo.

 

Las ánforas van perdiendo en holgura a medida que los cuerpos ceden a las tentaciones.  Y no oigo el oboe que anuncia la muerte de Sigfrido perdida entre los aullidos de amantes casi vencidos. Las horas arrancan la belleza de los cuerpos, pero también la lucidez de las almas y ya ni te busco, cedida ante el deseo de otro cuerpo.

 

Vuelve a tomarme Zhar-Ptitsa, cuasi caído, me escurro entre los brazos de Djemchid que agarra a zarpazos a Afrodita y, en un momento de lucidez vuelvo en tu búsqueda, rendido, te encuentro, entre la maleza.

 

¿Qué hizo el vino de ti, de tu frescura?, ¿qué poderosa mujer te arrancó la fuerza?, ¿qué cruel amor se llevo tu brío y te dejó así, marchito, pequeño y frío? Ni tu espalda es ya mi perdición, ni tus manos podrán asirme nunca, tu cabello está lacio, sucio y frágil y tu sexo, ¡ay, tu sexo! Seco, vacío, mustio.

 

Wagner sucumbe al placer con un desgarrador final sin esperanza. Uno a uno los dioses pierden su inmortalidad por su inocencia y los restos del vino, mezclados con el amor marchito, quedan esparcidos por el tiempo y las ganas. Resacas de los momentos vividos.

 

Brindo por ellos.

Comentarios

Ciudadano 28/03/2018 17:47 #19
Delicioso, rubia.
Nino 21/03/2018 08:43 #18
Adorable
El Tachuelas 20/03/2018 10:14 #17
Hace falta valor para meterse en el Olimpo y no ser tachada de libertina. Brindo con una copa de buen whisky escocés, buen vino o una cerveza de litro por las mujeres sin pelos en la lengua y pluma fácil.
Visionario 19/03/2018 19:09 #16
Te veo en el top ten de la literatura. Sigue dándonos bonitos relatos.
Mar 19/03/2018 01:28 #15
Love you ❤️❤️❤️
Mireia 14/03/2018 21:30 #14
Jo, Ruty, me mola. quiero un vinito contigo, y hablar, y que me cuentes tus sueños, tus dioses, tus locuras.
M.M.J 12/03/2018 16:03 #13
Qué bonito leerte y escucharte. me ha encantado,sigue así.
leo 11/03/2018 18:32 #12
Precioso.
Abulense 11/03/2018 01:00 #11
Bonito relato.
Desconfiado 07/03/2018 23:40 #10
Tú en el Olimpo? Tú en una bacanal? Para cuándo?

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