Un brindis con Djemchid
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El Brindis

El blog de Ruth Pindado en Tribuna de Ávila

Un brindis con Djemchid

En un día de sol radiante, de esos en los que la belleza hace nacer a la poesía, me siento junto a una copa de vino tinto, un Darou é Shah “El Remedio del Rey”. Es una botella preciosa de un líquido violáceo con aromas a fruta de la pasión, a regaliz, canela y fuego. Se contonea gracioso ante el temblor de mi mano, como acompañándome.

 A ritmo de sloka, Sri Naraiana Tirtha va cantando su ópera Sri Krisná Leela Taranguini, dedicada a los dioses hindúes, y voy siguiendo con mis pies la música pentatónica que me envuelve y me transporta a otro tiempo, a otro lugar, allí dónde héroes y dioses conviven y se aman. Allí donde los vivos y los muertos bailan juntos al son de los tambores y las trompetas. Allí donde mujeres y hombres guerrean y luchan por conquistar sus tierras y sus amores.

 

            En mi cielo al crepúsculo


En mi cielo al crepúsculo eres como una nube
y tu color y forma son como yo los quiero.
Eras mía, eres mía, mujer de labios dulces
y viven en tu vida mis infinitos sueños.

La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,
el agrio vino mío es más dulce en tus labios,
¡oh, segadora de mi canción de atardecer,
cómo te sienten mía mis sueños solitarios!

Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
estanca como el agua tu mirada nocturna.

En la red de mi música estás presa, amor mío,
y mis redes de música son anchas como el cielo.
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.

 

                        Rabindranath Tagore

 

Djemchid, rey de Persia, piensa en su amada y recuerda sus largas noches de placer ya olvidadas. Hermosa donde las haya, de largo pelo negro, ojos rasgados y grandes,  voz cantarina y cuerpo grácil y esbelto fue siempre su pasión, pero ahora, melancólica y triste, vaga por palacio sin mirar a los ojos, sin hablar con nadie.

Djemchid piensa en ella y se emociona, busca en sus recuerdos cada momento compartido, cada caricia dada, cada abrazo, desnudos, buscándose. Mientras tanto ella, en un intento de quitarse la vida, bebió el líquido real pensando que de veneno se trataba y, lejos de padecer náuseas, vómitos y mareos, experimentó una inusual alegría mezclada con una exaltación que no conocía. Los poderes del elixir mágico que cuidadosamente guardan las tinajas secretas de palacio arrebolaron sus carrillos y la insuflaron un valor que no tenía. Se vio correr por los pasillos, cantando en cada rincón canciones de su infancia, sonriendo a los esclavos como si fueran amigos, saludando a los sirvientes y besándolos con grandes aspavientos. Su tono de voz, otrora susurrador se había vuelto fuerte y estridente, las manos se movían con grandes gestos y el cuerpo no paraba de girar y girar bailando a un ritmo que sólo ella podía oír. Así, enfervorizada, contenta y entusiasmada corría por los habitáculos palaciegos cuando el rey se cruzó con ella. No la conoció. Preguntó al servicio quién era esa rara mujer que feliz perturbaba la tranquilidad de las tardes de verano, y nadie supo responder. Mandó llamarla y ella, presurosa, contenta, desinhibida se acercó al rey, besó sus manos y se abrazó a él.

 

El vino obró el milagro, alejó la pena y devolvió a sus cuerpos el ardor perdido.

 

Tu risa es una canción, cuyas palabras se ahogan
en el gritar de las melodías; un rapto del olor de unas flores
no vistas; es como la luz de la luna que rompiera a través
de la ventana de tus labios, cuando la luna está escondiéndose
en tu corazón. No quiero más razones; olvido el motivo.
Solo sé que tu risa es el tumulto de la vida en rebelión.

 

La música sigue sonando, ahora para custodiar a los amantes, arropando su baile con el tintineo de una tanpura de cinco cuerdas que va apagando la ópera de Naraiana Tirtha acompañada de la belleza de una flauta bansuri.

Relleno mi copa con la syrah golosa que antes descorchara y enjuago mi boca con el vino fresco, largo, de intensos matices afrutados. Cierro los ojos, ensoñando, recordándote.

Comentarios

Floren 30/01/2018 21:54 #17
Te sales, Pindadilla. Te sigo y leo cada entrada con un entusiasmo ilimitado, por tu belleza, tu sensibilidad y tu profundo conocimiento.
Montse 18/01/2018 23:33 #16
Te adoro, a tus escritos, a tu sonrisa, a las entrevistas divertidas, a tus twitters. Nos vemos.
Visionario 15/01/2018 23:53 #15
Demasiado. Tienes un negro que te escribe?
Bodeguero 15/01/2018 23:29 #14
Se nota la poca idea de vino que tienes, además del copia y pega de alguna amiga que te recomienda por interés comercial el promocionar los vinos. Dedícate a otra cosa porque lo tuyo no es el escribir.
Leo 14/01/2018 13:18 #13
Acabo de leer tu entrevista en el diario y sólo puedo decirte que bravo, que sigas trabajando y sonriendo, y sacando lo mejor de cada uno. Pasar a tu lado ya desprende buen rollo y simpatía.
Guillermo A. 13/01/2018 18:21 #12
Genial, me gusta tu forma de escribir, seguiré leyéndote.
Pedro Luis Gutiérrez 13/01/2018 18:20 #11
Eres bárbara, sublime, maravillosa. Además, escribes muy bien.
Juan 11/01/2018 19:32 #10
impactante, bonito, trabajado, bien escrito. Tengo tanto que aprender de tus cálidas palabras, de tu buen hacer, de tu sensibilidad al escribir. Siempre es una maravilla leerte.
Jorge 10/01/2018 21:09 #9
Muy chulo, me gusta.
N.n.n. 07/01/2018 23:16 #8
Grande y buena.

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